La desaparición de este sociólogo pionero, poco después de la muerte de Eduardo Umaña Luna, completa para el país la orfandad en que lo dejan dos de sus mejores pensadores, críticos de la sociedad colombiana.Recojo algunos pensamientos de Orlando, dispersos en sus numerosos escritos:
- “La afiliación política del colombiano se forma como una herencia familiar, se nace liberal o se nace conservador.
- “Al campesino se le compele a identificarse con la religión de los padres para alcanzar una sensación mínima de seguridad; en las refriegas de liberales y conservadores apareció aquel elemento de guerra santa que hacía de conflictos cruentos y despiadados. Los dos bandos acudían a guerrear fritando unos ‘¡Viva la libertad!’ y los otros ‘Viva la religión’”.
- “Para la sociedad colombiana, el problema de la ‘violencia’ es un hecho protuberante. Es algo que no puede ignorarse porque irrumpió con machetes y genocidios”.
- “La historia enseña que es posible hacer revoluciones radicales sin crueldad, sin el inútil sacrificio humano.
- “¿Qué queremos decir con violencia? Es el uso intencional de la fuerza con el fin de cambiar una situación dada. Para ello se emplean elementos coercitivos producidos exprofesamente por el hombre, que van desde el garrote hasta el hipnotismo”. “Casi todo ahora se resuelve por la fuerza, rara vez por la razón, la discusión o la moral”.
Orlando fue sociólogo, investigador y escritor. Coautor del polémico libro La violencia en Colombia; de la Historia doble de la Costa (2 tomos), que rescata la figura de Juan José Nieto, caudillo del estado soberano de Bolívar y figura máxima de la masonería en aquella época (1804-1840): Resistencia en el San Jorge, Mompox y Loba dentro de su Historia doble de la Costa; La subversión en Colombia, con múltiples reediciones, y su último libro, El socialismo raizal o socialismo a la colombiana, sin copia mecánica de experiencias foráneas.
El 6 de julio de 1970, en Atlántico, tres científicos colombianos encabezados por Fals Borda fundaron el Centro para el Estudio de la Realidad Nacional. La investigación estuvo a cargo de la Fundación Rosca en la Costa Atlántica.
Conocí a Orlando en 1962 en la facultad de Sociología de la Universidad Nacional, fundada por él y el sacerdote Camilo Torres, cuando con éste dábamos los primeros pasos hacia la creación del Frente Unido, empeño en el que Orlando no pudo acompañarnos, pues viajó fuera del país. Compuso obras musicales, fue pianista y ocasionalmente director de orquesta.
Volví a encontrarme con él y su esposa, la también socióloga María Teresa Salazar, en la revista Alternativa y luego en Alternativa del Pueblo, esfuerzo periodístico de corta duración.
Tuvo particular deferencia con mi esposa, María Tila Uribe, cuyo libro Los años escondidos presentó en reunión especial. Lo vi por última vez en su condición de Presidente Honorario del Polo Democrático Alternativo. Para el país, la muerte de Orlando Fals Borda es lamentable. Sus amigos perdemos un compañero irremplazable.
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