Jueves, 31 Enero 2013 17:04

Una misión al orden del día

Escrito por

Manuel Hernández en una crónica juguetona y severa al mismo tiempo, recuerda algunos hechos que condujeron a la creación de la llamada Misión de Sabios por el expresidente César Gaviria. En su relato recuerda la confesión de Gaviría respecto a la esterilidad de su gobierno en el tema de la educación: "... se hicieron algunas cosas pero en educación en cambio no se avanzó nada."

 

Ese juicio autocrítico no lo expresaba solamente el expresidente. El ministro de Hacienda de la época Rudolf Hommes declaró en el Tiempo (febrero 16 de 1994) lo siguiente: "Verdaderamente le hubiera metido más plata a la educación, si nos hubiéramos dado cuenta a tiempo de su importancia y prioridad."

 

Bueno es recordar que el gobierno si tuvo una política educativa: se llamó apertura educativa. Esa política tuvo un rechazo rotundo de los maestros y de su organización sindical Fecode. El número 23 de la revista Educación y Cultura recoge las razones que llevaron a enfrentar la propuesta del gobierno y a proponer que en correspondencia con los nuevos postulados de la constitución de 1991 se elaborará una ley estatutaria de la educación.

 

El proceso político cultural que se inició culminó con la promulgación por el presidente Gaviria de la Ley General de Educación, el 8 de febrero de 1994. En el informe de la misión: "Al Filo de la Oportunidad" se caracteriza esta ley en los siguientes términos:"Esta ley abre caminos prometedores para una verdadera reforma de la educación formal y está actualmente en proceso de reglamentación. La autonomía de las instituciones, el proyecto educativo institucional, el gobierno escolar con participación de la comunidad y la constitución de juntas de educación, desde las municipales y departamentales hasta la nacional prometen una mejor relación entre la educación y la sociedad civil, y permiten anticipar una dinámica de renovación educativa."

 

Si como nos lo recuerda Manuel Hernández los trabajos de la comisión terminaron en los anaqueles de la oficina del vicepresidente de entonces, estas expectativas de renovación se fueron paulatinamente debilitando en la maraña de los acontecimientos que convirtieron los asuntos del narcotráfico y la guerra en lo fundamental. Este nuevo acuerdo implícito sobre lo fundamental, ha devenido el demiurgo que calibra el conjunto de la experiencia social.

 

En ese andamiaje la educación, a pesar de todo, no ha sucumbido. Experiencias como la de la secretaria de educación en el distrito capital durante la gestión del profesor Abel Rodríguez son significativas. Así mismo, el actual movimiento universitario por una nueva ley para la universidad.

 

Los trabajos de la Misión siguen vigentes así como las reflexiones del profesor Carlos Eduardo Vasco, coordinador de la misión, dirigidas al presidente Gaviria el día de su instalación formal: "Porque era altamente improbable y parecía a todas luces imposible, que en el año final de su gobierno se empañara usted en un proyecto visionario de trazar caminos de utopía, caminos que usted mismo no podría ya alcanzar a transitar. Sin embargo, tal vez desafortunadamente para la racionalidad, pero ojala afortunadamente para la creatividad, Colombia es una país maravillosamente sorprendente en el que la lógica no tiene ninguna prioridad."

 

Estamos pues de nuevo al filo de la oportunidad y tal vez pueda ser posible lo que propuso García Márquez en la proclama que escribió: "Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro.

Recuerdos de un protagonista discreto que decidió contar una de sus mejores aventuras: acompañar a diez sabios en una peligrosa misión. Se trataba de encontrar una visión desde la educación para un país que siempre la ha despreciado.

 

El origen

 

A finales de 1993 se dieron los primeros pasos para crear la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo. No era seguro cómo se iba a desarrollar. Había sido una iniciativa algo repentina del presidente Gaviria.

 

En un avión, a pocos meses de terminar su gobierno, le había dicho a su asesor de ese momento, el lamentado Jaime Garzón: "se hicieron algunas cosas, pero en educación en cambio no se avanzó nada. Hagamos una misión y convoquemos unos expertos del más alto nivel". Esto lo repitió a los comisionados en una reunión palaciega meses después.

 

Todo indica que la idea comenzó a perfeccionarse en un momento coyuntural, cuando una fundación financiera privada otorgó un premio sustancioso a Rodolfo Llinás, por lo cual el científico estaría visitando el país y su compromiso con Colombia brillaría en primer plano.

 

El segundo paso fue encargar a Carlos Eduardo Vasco para que coordinara una convocatoria de alto nivel, teniendo ya asegurada la participación de Llinás. Se trataba de invitar a García Márquez y a siete sabios más. A esas alturas, la palabra sabio se impuso por su valor de marca.

 

Y así lo que iba a ser una Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, fue bautizada por los medios como "la misión de los sabios". Su primera reunión se celebró el 2 de diciembre de 1993: el día siguiente de la muerte a bala, sobre un tejado, de Pablo Escobar.

 

Puesta en marcha

 

Era una fría y desangelada mañana cuando se juntaron para desayunar los sabios en el restaurante del Museo de Artes y Tradiciones Populares, en la sede del llamado Convento de San Agustín, a pocos pasos de la Casa de Nariño.

 

Vasco mostró sus dotes de organizador y de anfitrión. Mi presencia se debió a que el secretario general de la Presidencia, Miguel Silva, buscó a un profesor cultivador de la memoria para que asistiera y tomara nota como parte del apoyo logístico a la Misión. Se hubiera podido escribir un buen relato de ese primer día y de cada una de las reuniones posteriores, pero ya se verá por qué no fue posible.

 

A los pocos días se dieron los pasos más importantes en Medellín. Colombia vivía una fuerte zozobra por la muerte de Escobar y era factible que se presentara un coletazo contra el gobierno. Por tal razón no nos acompañaron a esa ciudad ni Gabo ni Llinás. Se temía por la exposición y renombre de ellos dos. La sensibilidad de la comisionada Ángela Restrepo se exacerbó por la ausencia de los más visibles de los sabios. Hubo que explicarle la situación, que aceptó a regañadientes.

 

Fuimos alojados en un hotel recién incautado a la mafia, sin huéspedes y donde se podía trabajar en paz. Estaba ubicado a uno de los costados de la meseta de Llanogrande, en las inmediaciones de Rionegro, donde estaban construyendo sus casas los paisas ilustres de todos los pelambres y procedencias. Como se supo después.

 

La razón de la reunión era presentar y aprobar por parte de la comisión los contratos que se harían, otorgando desde ese momento un orden lógico a la edición de los resultados. La Misión produciría un volumen síntesis, con el resumen del material de trabajo de cada uno de los comisionados y otros seis volúmenes, con el material de los expertos contratados.

 

Se discutieron los nombres e idoneidad de estos últimos, pero no había mucho que discutir. Vasco ya había hecho la parte sustanciosa del trabajo y esa primera noche quedaron definidos el papel, los nombres y las identidades de quienes habrían de elaborar los sesenta y tantos informes.

 

Pues estos estudios darían cuerpo a lo que Vasco ya tenía claro: el producto final de la Misión se compondría de una proclama escrita por Gabo y los aportes de los sabios. Quienes cargarían el peso de producir el contenido central de la misión serían los expertos contratados. No sería óbice para que cada uno de los sabios preparara un volumen sobre el área de su especialidad y de sus intereses científicos.

 

El paso por Medellín fue inolvidable. Ángela Restrepo tenía una ceremonia preparada para la noche del 8 de diciembre: un coro de niños con gorritos rojos cantaron Noche de paz y todos los asistentes se tomaron de las manos.

 

Recuerdo la mano del heredero del Colegio Fontán de Envigado, gruesa y musculada, que me asió con interés y emoción estimulados por la paradoja de pedir que descendiera la paz de la mano de los sabios a una ciudad que acababa de escribir el primer punto aparte en la estúpida guerra de las drogas.

 

Al regresar a Bogotá, a eso del diez de diciembre — hoy cuando escribo estos recuerdos se cumplen exactamente diecinueve años de ese día — se convino que el trabajo se haría tal como he descrito aquí y que habría reuniones periódicas, conforme a la disponibilidad de los sabios, para estudiar los problemas en el avance de los proyectos y para hacer un proyecto colectivo de los informes de cada uno.

 

Cada sabio expondría el área de su interés y, entre todos, se daría la aprobación al material de cada uno. Un consenso científico, divulgativo y formador. Una experiencia inolvidable, entusiasta, llena de diplomacia, de prudencia y de buenas maneras y, al fondo de todo lo anterior, un telón de preocupación por esa Colombia a la que resultaba difícil recetarle un remedio.

 

Y más difícil aún en áreas como la educación y la ciencia, donde se ponía en cuestión el desarrollo como categoría. Por lo menos, los sabios lo sabían, pero no querían ser inferiores a la apuesta. Todo era en efecto, muy estimulante.

 

¿Visión o utopía?

 

Veamos qué temas fueron tratados por los sabios. Hago esta evocación de memoria, pero no tengo el menor inconveniente que los interesados confirmen la información precisa vía internet:

 

  1. La endogenización de la ciencia, es decir, la incorporación de la actividad científica a una sociedad como la colombiana, a cargo de Eduardo Posada;
  2. La lógica de las organizaciones, a cargo de Rodrigo Gutiérrez;
  3. Las relaciones entre ciencia y tecnología en biología, a cargo de Ángela Restrepo;
  4. Un corte del estado de la cultura y su relación con la educación, a cargo de García Márquez;
  5. Un corte histórico complementario, a cargo de Marco Palacios;
  6. Una analítica del desarrollo, conforme a los parámetros del concepto en la sociología norteamericana, a cargo de Luis Fernando Chaparro;
  7. La administración de los recursos educativos, a cargo de Eduardo Aldana;
  8. Un sistema integral de conocimiento para el aprendizaje a través de una idea unificadora — la cosmología — a cargo de Rodolfo Llinás;
  9. Otro enfoque de la administración de la educación, la ciencia y el conocimiento, más como proceso que como sistema, por Carlos Eduardo Vasco;
  10. Un proceso científico concreto en epidemiología, a cargo de Elkin Patarroyo.

 

Y ya está: parecía un imposible, pero se estaba llevando a cabo. Cualquier lector puede distinguir entre aquellos que eran administradores del negocio y aquellos que en verdad soñaban con una utopía para la educación.

 

Las reuniones fueron todas interesantes y tremendas, muchos sábados y domingos; un temblor de tierra que puso a los sabios debajo de una mesa en el centro de negocios de la calle cien; un almuerzo ofrecido por la familia Robayo, como precursores de la iniciativa al concederle un premio a Llinás; discusiones internas para proponer proyectos de educación artística — completamente alternativa al sistema conocido — propuesta por Gabo, con la complicidad de Vasco; "la noche que nos volvimos locos" y otra cantidad de cosas sobre las que se apretó la tecla de borrar.

 

El informe final de García Márquez, llamado La Proclama , pero titulado por el escritor Colombia, Al Filo de La Oportunidad, estuvo listo a tiempo y fue leído por Gabo, una noche de julio de 1994 a escasas dos semanas del fin del periodo presidencial de Gaviria.

 

La misión había mostrado su visión y había cumplido. Vasco, mi persona y Susanita Ortiz, una comunicadora de la Universidad Javeriana, tardamos un poco menos de tres meses en enviar a imprenta los siete volúmenes que hoy se pueden consultar en PDF.

 

Orgullo y prejuicio

 

Había que dar a conocer los volúmenes al nuevo gobierno de Samper y De la Calle. Con Vasco, pedimos una cita y con mucho humor comentábamos que parecíamos unos soñadores escapados de un cataclismo anterior y que seguramente la senda que transitaría el nuevo gobierno tendría sus momentos y circunstancias; pero la importancia del material nos hacía sentir optimismo en la recepción del resultado de la Misión por parte del gobierno entrante.

 

Es oportuno hacer saber a los lectores de éste relato que los comisionados hicieron un pacto de caballeros en el sentido de que lo que había pasado en la Misión, salvo aquello que había sido aprobado por todos para su publicación, debería quedar en estado de confidencialidad y que ellos preferirían no volver a reunirse para los fines misionales, nunca jamás.

 

Era como una ordalía sobre el esfuerzo realizado y sobre la calidad de la tarea y del resultado: era una Visión concretada en una Misión. Hasta ahí todo bien. Y mal, pues este acto de memoria hecho a solicitud de muchos amigos, rompe en cierto sentido la confidencialidad, pero se hace con el afán de provocar una mínima memorabilia sobre la importancia de esas reuniones y sobre el contenido de los siete volúmenes.

 

Despertar una curiosidad sobre algo sucedido hace casi dos décadas, con cierto tinte visionario y cuando los avatares de la educación y su crisis en el mundo entero son hoy de suma trascendencia.

 

Así llegamos Vasco y yo a la oficina de la Vicepresidencia. ¿Sería noviembre del 94? Tal vez. Relatar la entrevista con el vicepresidente es sumario: llegamos, no nos recibió más que como mensajeros, tomó los libros y los colocó en un estante, nos dio las gracias y esbozó vagamente un compromiso con una nueva oficina o departamento dedicado a los estudios de competitividad. Fin. Hasta el día de hoy, como se dice en esos casos.

 

La Misión no se había tardado un año y sus resultados eran hermosos y comprometedores. Todo el material está para consulta, como ya dije y La Proclama, el texto de García Márquez ha sido repetidamente publicado. Entre otros por la Editorial Magisterio.

 

Esperemos que Humberto de la Calle no salga otra vez con un Consejo de Competitividad.

* Escritor y profesor universitario.

Miércoles, 30 Enero 2013 09:09

Sarayacu versus el Estado ecuatoriano

Escrito por

¡Shamuy(1) Mama Antisana!

¡Shamuy Mama Cotopaxi!

¡Shamuy Taita Capac Urcu!

¡Yacu Napo... Shamuy!

¡Yacu Pastaza Shamuy!

¡Vengan..., y protejan a Sarayacu de nuestros enemigos...!

 

Así canta el anciano shamán Sabino Gualinga cada viernes en su rito de ayaguasca(2), pidiendo a los espíritus de las montañas y de los ríos que protejan a Sarayacu, así han cantado los yachags de la comunidad desde hace siglos, desde la época en la que según cuenta su historia oral, los poderosos shamanes antiguos hicieron bajar por el cauce del Bobonaza ríos de maíz. En kechua Sarayacu quiere decir Río de Maíz y éste mito fundacional, seguramente recuerda su llegada a la selva amazónica desde la altiplanicie andina(3), escapando de la esclavitud a la que sometieron a los pueblos de todo el continente los conquistadores españoles y recuerda también su indeclinable vocación por ser libres.

 

Desgraciadamente, pese a haber escapado al fondo de la selva, ni ellos, ni casi ninguno de los pueblos originarios han logrado librarse de la persecución de los antiguos y de los nuevos conquistadores, que deseaban y desean apoderarse de los ricos recursos naturales que guardan sus territorios, y han persistido en su intensión de convertir a su población en esclavos, en mano de obra barata de sus empresas extractivas o en cualquier caso en consumidores compulsivos de sus rentables negocios comerciales.

 

Pero increíblemente también, pese a que han transcurrido más de quinientos años desde la conquista Ibérica; los pueblos originarios resisten como lo comprueba la reciente victoria de la comunidad indígena amazónica de Sarayacu frente al Estado Ecuatoriano, que quería imponerle la explotación petrolera en su territorio. Un triunfo de enorme significación para los pueblos originarios de todo el continente, que ha provocado una intensa alarma entre las transnacionales y sus gobiernos serviles.

 

¿Porqué lo hicieron...?¿Por qué son gente enemiga del progreso que quiere seguir anclada en la absurda tradición antigua, como los acusan sus detractores...?¿Por qué racistamente solo piensan en ellos y no en el país...? Busquemos las razones de su postura desde su propia óptica.

 

El CONFLICTO DE DOS COSMOVISIONES

 

Los hijos de la Kawsak Sacha, de la Selva Viviente

 

Sarayacu hasta hace poco casi desconocida fuera del Ecuador, es una comunidad de 1.200 personas que se encuentra en la ceja baja de los andes orientales, al borde de la gran meseta amazónica, en donde conserva con un cuidado ejemplar alrededor de 130.000 ha de bosque apenas alterado por las chacras rotativas, que con la recolección, la caza y la pesca, sustentan la economía tradicional de su población.

 

La filosofía que rige su vida y cimenta la defensa de la selva es simple y profunda, y nació, como muchas del continente hace mas de cinco mil años, a orillas del océano Pacífico, en la costa central y sur del actual Ecuador, con las sabias astrónomas de la cultura Valdivia(4). Para los comuneros de Sarayacu, en un pensamiento que comparten con muchos pueblos originarios con sus obvias variantes particulares, la esencia de todo es la energía vital del cosmos, la energía de la kausak sacha, de la selva viviente, la energía de la vida de la que todos somos parte y que se expresa en cada tiempo de manera diferente. Si hoy somos seres humanos, cuando termine éste ciclo, éste pachacutik pasaremos a ser pájaros, jaguares, plantas o estrellas. Es por eso que en sus tabúes las enseñanzas son que hay que respetar a las diferentes formas de vida, pues todas son iguales. El Yachag Sabino Gualinga por ejemplo tiene la certeza de que cuando termine su pachacutik humano, el como todo shamán poderoso se convertirá en jaguar e ira al Supay Urcu, a la montaña de los espíritus, no lejos de la comunidad a cuidar a otros animales.

 

Gracias a ésta cosmovisión los pueblos del bosque vivieron miles de años de lo que da la selva sin dañarla, pero todo cambió con la llegada de los europeos y del capitalismo quinientos años atrás.

 

Los Reyes de la creación

 

La Conquista Ibérica, uno de los genocidios más grandes de todos los tiempos, que en los primeros cincuenta años ocasionó la muerte de más de sesenta millones de personas, trajo también una brutal cosmovisión que acarrearía consecuencias en los siglos siguientes aún más nefastas. De acuerdo a ella el hombre, y cuando se habla de ¨el hombre¨, debe leerse el hombre blanco europeo y cristiano-evangélico, era el Rey de la Creación, y todos los demás seres vivos supuestamente habían sido creados por Dios para su servicio. Esto significaba que la mujer blanca, los hombres de otras razas inferiores (aún se dudaba si incluir o no a los indígenas americanos, pues no se llegaba a la conclusión de si eran humanos o animales) (5), los negros y las negras, los animales y las plantas; estaban en el planeta para que el Rey de la Creación se sirviera de ellas.

 

Por eso cuando el Papa Alejandro VI repartió el Nuevo Mundo entre los reinos cristianos de España y Portugal, en las Bulas de 1493 y el Tratado de Tordecillas, para dar validez jurídica y moral al saqueo y al genocidio que de inmediato iban a cometer, los Conquistadores tan solo debían leer el ¨Requerimiento¨(6) en la lengua de Castilla o en la de Dios el Latín, a los habitantes de las Indias Occidentales que hablaban cientos de lenguas distintas, en donde se les instaba a someterse, e informaba que por disposición del representante de Dios en la Tierra, ellos, sus hijos, sus bienes y territorios pasaban a ser propiedad de los reyes de la península Ibérica y de sus secuaces.

 

Tras la lectura del ¨Requerimiento¨ los pueblos y ciudades eran saqueadas, las tierras agrícolas ocupadas y sus habitantes, después del fracasado intento hecho por el mismo Cristoforo Colombo, de enviar a España al segundo lote de esclavos indígenas; reducidos a diferentes formas encubiertas de esclavitud, como La Doctrina, Los Repartimientos, La Mita, El Obraje, La Encomienda, el Concertaje, el Huasipungaje; formas que se prolongarían hasta la época republicana. Por eso no es extraño encontrar hasta los años 1950, anuncios en la prensa ecuatoriana que decían, ¨se vende hacienda de 200 hectáreas con un lote de 50 indios y 70 piezas de ganado¨, pues la Independencia de España y Portugal, y la Revolución Liberal de fines del siglo IXX y comienzos del XX, apenas cambió la situación de opresión de los pueblos originarios.

 

La economía de la mayoría de los estados nacionales de América Latina, particularmente la de aquellos con una numerosa población indígenaen gran medida se construyó gracias al trabajo gratuito o casi gratuito de sus poblaciones originarias. Y contradictoriamente, el mestizaje, su identidad cultural, se la tejió basada en el desprecio a lo indígena. El papel del Chapetón(7), del peninsular español había sido sustituido por el del mestizo terrateniente latinoamericano, que con pujos de aristócrata, de descendiente del primer conquistador, se había transformado también en el Rey de la Creación y trataba a los pueblos originarios como sus antecesores, como criaturas, apenas superiores a los animales, creadas por Dios para su servicio.

 

El Viejo y el Nuevo Imperio

 

Con la Independencia, la relación Imperio # Colonia tampoco se alteró demasiado. Nominalmente éramos ya países independientes, pero en la realidad España había sido sustituida por otros imperios tan o más crueles y ambiciosos que ella. Sarayacu cuenta con internet desde hace muchos años y recuerdo vivamente como los jóvenes comuneros que asistían a un taller, se asombraron al enterarse de que los Estados Unidos usaban el mismo argumento que el antiguo Imperio Español y decían que ¨Dios les había asignado el destino manifiesto de dirigir el mundo¨ (8). Fue mayor su asombro al descubrir lo que afirmaba el dirigente norteamericano Stokely Carmichael: ¨este es el único país en el mundo que ha adoptado una política nacional de exterminación de la población indígena. Peor aún hemos hecho pasar esta trágica experiencia por una noble cruzada¨ y de que en lugar de ladefensa de los valores democráticos, lo que ha existido ha sido una larga lista de invasiones de mariners, de instauración y apoyo a sanguinarias dictaduras, de guerras petroleras, de planes como el Cóndor con decenas de miles de torturados y desaparecidos y genocidios como el del caucho.

 

Y la verdad es que mucho antes de que el Presidente Wilson lo hiciera, el argumento del ¨Destino Manifiesto¨ había servido para justificar el genocidio de los pueblos indios norteamericanos, el despojo a Méjico de enormes territorios, la ilegal anexión de Puerto Rico y Haway y el argumento sirve para justificar hasta hoy, las intervenciones militares en todo el orbe, incluyendo la última guerra en Irak, cuando Jorge W Bush en un falsamente arrebatado tono místico confesó que fue Dios quien le inspiró en la orden de atacar Irak y de secuestrar, torturar y hacer desaparecer personas en cárceles secretas de la CIA.

 

El genocidio del caucho

 

Pero volvamos a los que por aquellos inescrutables misterios de la injusticia divina, tenemos supuestamente la triste tarea de servir a los Reyes de la Creación, a aquellos que poseen ese ¨manifiesto destino¨ divino de que les sirvamos. Para los pueblos de la selva la experiencia del coloniaje español había sido un poco diferente, ya que gracias a su aislamiento y a su idiosincrasia cultural, después de los años desenfrenados de búsqueda de oro y de canela, pudieron vivir más libres e independientes; pero cuando la industria del automóvil y la bicicleta de Europa y los Estados Unidos requirió de caucho, esa misma perversa cosmovisión traída en el siglo XV ocasionó otra hecatombe de enormes dimensiones que asoló a los pueblos de los bosques tropicales, de manera más mortífera que las pestes.

 

El pueblo vecino a los kechuas de Sarayacu, los Sáparas fue una de las naciones indias que sufrió el llamado boom del caucho. Hasta el año 1.900 era uno de los grupos más numerosos de la parte norte de la amazonia, se calcula que eran como 30.000 personas, y eran muy conocidos por sus famosos médicos yerbateros expertos en el uso del wantug (9) sagrado y por sus constructores de canoas. Cuando los patrones caucheros ingleses, norteamericanos, colombianos, peruanos y ecuatorianos necesitaban trabajadores para extraer latex, rodeaban sus aldeas, secuestraban a los hombres y mujeres más jóvenes y fuertes, y los llevaban a vender a los mercados de esclavos que existían en Putumayo, Iquitos y muchos otros lugares. Sus aldeas debilitadas, llenas de ancianos y niños, pronto sucumbieron al hambre y a las enfermedades de los blancos.

 

El año pasado algunos ancianas y ancianos sáparas de Ecuador y Perú, viajaron hasta Brasil, para un emotivo encuentro con parientes que hace setenta años habían sido secuestrados en el Ecuador y llevados como esclavos por los caucheros. Una hecatombe humana de enormes proporciones conmocionó a la amazonia en esos años, no se ha podido cuantificar las decenas de miles de muertos, pero si que desaparecieron pueblos enteros. Hoy día sobreviven apenas dos mil sáparas divididos por la nueva frontera que el Perú impuso al Ecuador tras la invasión del año 1941.

 

La era petrolera, las guerras de las companías y los pueblos originarios

 

Pero los intereses y entuertos de las compañías de los ¨Reyes de la Creación¨ y su ¨destino manifiesto¨, no solo han afectado a sus pueblos, si no a países enteros como Ecuador, Paraguay o Bolivia. Si bien el Ecuador extraía pequeñas cantidades de petróleo de buena calidad desde floraciones costaneras en lugares en donde los pueblos precolombinos calafateaban sus embarcaciones, la moderna fase de exploración data de los años 30 del siglo pasado, cuando empresas norteamericanas como la Western y sobre todo cuando la compañía anglo holandesa Shell iniciaron la búsqueda de petróleo en la Amazonía ecuatoriana, mientras su rival a quien se había enfrentado ya en la Guerra del Chaco(10), la estadounidense Stándar Oil de New Yersey lo hacía en el lado peruano de la frontera. Eran los años previos a la Segunda Guerra Mundial y los futuros contendientes competían por obtener recursos estratégicos para el conflicto.

 

Ecuador tiene diferencias limítrofes con su vecino del sur desde la época de la Independencia de España, cuando Perú invadió a la Gran Colombia de la que Ecuador era parte, país que pocos años antes había enviado sus ejércitos para liberarlo del yugo Español. Tras la guerra, el Ecuador sufrió su primera pérdida territorial, la frontera quedo delimitada por los ríos Marañón y el Amazonas(11) que había sido descubierto por los españoles desde Quito. Sin embargo a lo largo delossiglos IXX y XX (1828,1860,1941,1981,1995) el Ecuador un país mucho mas débil y pequeño que Perú, fue perdiendo paulatinamente su territorio amazónico constantemente invadido por colonos y fuerzas militares vecinas, sobre todo en la época del caucho.

 

La infiltración sistemática de los caucheros, fue el prolegómeno de uno de los capítulos más traumáticos de la historia contemporánea del Ecuador, pues aprovechándose de esa invasión y alentando los eternos afanes expansionistas de la oligarquía limeña que sueña aún con reconstruir el Tahuantinsuyo, según estudiosos como Jaime Galarza Z (12) la petrolera norteamericana auspició la invasión al Ecuador. Tropas peruanas se adentraron profundamente no solo en la región amazónica, si no también en la región costanera bombardeando y ocupando una de las zonas más ricas y estratégicamente más importantes del País, mientras bloqueaba la primera ciudad ecuatoriana el Puerto de Guayaquil.

 

La Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo y en la Conferencia Interamericana de Río de Janeiro, el objetivo principal de los Estados Unidos era cerrar la unidad americana para luchar contra el eje. La argumentación ecuatoriana con buena parte de su territorio invadido, apenas si fue escuchada y el país se vio obligado a firmar el Protocolo de Río de Janeiro por la imposición de la fuerza. De esta manera la Stándar Oil de New Jersey cobró venganza de su derrota frente a la Sheell en la Guerra del Chaco y el Ecuador perdió más de la mitad de su territorio

 

Como siempre los principales perjudicados fueron los pueblos originarios, grupos como los Achuar, los Shuar/Aguarunas/Aguajun que eran la misma etnia o los Sáparas quedaron irremisiblemente divididos. Un reguero de dolor y sangre tiñó a los pueblos separados por la nueva frontera, en una historia ignorada por irrelevante, por ser historia de indios, por los periódicosde los mestizos de ambos países.

 

Antes de 1941los Achuar compartían desde siempre el mismo territorio, cuestión que cambió la guerra y en el 2.006 la coordinadora binacional de Achuaras de Ecuador y Perú COBNAEP,organizó una reunión en San Lorenzo del Marañón. En el viaje, navegando a lo largo del Pastaza fueron asomando dramáticos testimonios de aquellos años, relatados por los pocos que aún sobreviven, la mayoría se llevó esos tristes secretos a la tumba. Historias de familias, una de ellas de Sarayacu que fueron a comprar sal en el Alto Huallaga en un viaje que demoraba varios mesesy que de regreso fueron impedidas de pasar por el ejército peruano y desde entonces soñaron con volver a su tierra, pero ahora están muy viejos para hacerlo. Historias de gente despanzurrada o mutilada por las minas que se sembraron en la zona. Historias de padres e hijos, de hermanos que quedaron divididos y no pudieron volver a encontrarse, el propio presidente de la COBNAEP en aquel entonces, Alejandro Mayapruna Taish, contaba con lágrimas en los ojos como su madre se rencontró con sus hermanos, que de niños habían jugado juntos, que se habían extrañado durante más de más de medio siglo y que se volvieron a ver cuando ya eran viejos. Y todo a causa de los ¨Reyes Blancos y Mestizos de la Creación¨, de países que habían invadido sus tierras ancestrales, que los habían ignorado y que jamás representaron sus intereses. (13)

 

La era petrolera, los primeros encuentros con los salvajes

 

El segundo capítulo de la historia petrolera es igualmente patético y rocambolesco. Las petroleras norteamericanas habían encontrado crudo en territorio Waorani, una pequeña étnia inter fluvial proveniente de la vertiente étno cultural Macro Arahuak(14), que vivía dividido en pequeños nanicabos, o grupos familiares de ascendencia femenina, con una economía en esos años basada en la recolección, la caza y la pesca y no en la agricultura. Se trataba sin duda de uno de los pueblos con tecnología y cultura más ancestrales. Por su espíritu indomable los caucheros los cazaban como animales salvajes y como era imposible ¨domesticarles¨, cuando heridos caían prisioneros, les dejaban colgados de los pies, para que mueran desangrados y sirvan de escarmiento al resto del grupo(15).

 

La primera experiencia de los Wao del nanicabo de los Baihuairis con los petroleros que construían una pista aérea fue en los años treinta y fue brutal. Se trataba de la compañía norteamericana Western, cuyos trabajadores secuestraron una mujer de su grupo llamada Dawa, que luego escapo, pero volvió con otras mujeres atraída por el brillo de los huambos, de los collares de las mujeres mestizas. Cuando llegaron al campamento para conocer los collares, fueron ametralladas sin piedad.

 

En 1956 las petroleras norteamericanas volvieron a intentar acceder al petróleo del territorio Wuaorani, pero esta vez en lugar de las armas se iban a servir de las iglesias evangélicas ligadas al Instituto Lingüístico de Verano. Como los espejitos antaño, los evangélicos ahora entregaban machetes y ollas por paracaídas, y pese a las advertencias de que se fueran, que hicieron los miembros del mismo grupo Baihuairi, los misioneros aterrizaron y fueron lanceados. La noticia desde entonces ha dado la vuelta al mundo muchas veces, contando incluso con la ayuda de Hollywood en la película llamada ¨El Fin del Espíritu¨, y siempre la historia hace gala de su impúdica moral colonialista, a los defensores Waorani se los trata como feroces salvajes asesinos y a los invasores como santos mártires de la fe capitalista.

 

Las tierras baldías que repartió la reforma agraria ecuatoriana

 

En los estados nacionales latinoamericanos los indígenas hasta hace poco eran ciudadanos cuya opinión no existía y cuyo destino no importaba. Como en el resto del continente, en Ecuador la inmensa mayoría la tierra quedó en manos de unas pocas familias de terratenientes que aprovechaban la fuerza de trabajo casi gratuita de las poblaciones originarias, sujetas a los hacendados por diferentes formas de precarismo feudal. En la década de los cincuenta e inicios del sesenta del siglo pasado, la presión por la tierra, especialmente en el área interandina era muy fuerte, la organización de indígenas y campesinos promovidas por los partidos Comunista y Socialista sólida y muy combativa, y el miedo de que el ejemplo de la Revolución Cubana se propagara al país enorme; todo eso hizo que las clases dominantes de mala gana se vieran obligadas a iniciar una tímida reforma agraria, durante el gobierno de la Junta Militar del año 1964.

 

La famosa Reforma Agraria apenas afectó la propiedad de los terratenientes interandinos, aunque si prohibió ciertas formas de precarismo, menos aún la de los poderosos agroexportadores de la región costanera. La Iglesia Católica sensibilizada con el espíritu del Concilio Vaticano II fue la única que repartió tierras entre sus precaristas. Entonces para escapar de la presión indígena y campesina, la Dictadura optó por afectar los territorios ancestrales de los pueblos originarios de la selva.

 

Como en la época colonial el ¨Rey mestizo de la Creación¨ iba a repartir tierras que no le pertenecían. La colonización de supuestas tierras baldías fue la solución para no afectar a los terratenientes. Por supuesto no se trataba de tierras sin dueño, ni tierras sin valor como sugiere el calificativo de baldías. Eran tierra, sobre todo aquellas que son una prolongación del bosque del Chocó, extraordinariamente valiosas por su endemismo y biodiversidad biológica y además lógicamente tenían dueño. Sus propietarios eran pueblos del bosque tropical costanero y amazónico.

 

Como en el caso del famoso ¨Requerimiento¨ de la época de la Conquista Ibérica, sin consultar a sus ancestrales propietarios, sin preguntarles siquiera, la publicación de una Ley en el Registro Oficial bastó para legalizar el robo y el envío de colonos pobres. Para colmo de la ignorancia de los autores, pues su rapacidad es conocida, la Ley obligaba que para otorgar el título de propiedad(16), los colonos talaran la mitad de la parcela asignada para dedicarla a la agricultura, en un área no apta para la misma.

 

La era petrolera, la apocalipsis

 

En el tercer capitulo de la historia petrolera el trato dado a los pueblos originarios linda por lo increíble con la ciencia ficción y se dio en los años 70 del siglo pasado, cuando lascompañías estadounidenses Texaco Gulf obtuvieron la concesión y el Ecuador se convirtió en exportador de crudo. Hay un testigo privilegiado que vivió la experiencia con los Cofanes, uno de los pueblos aborígenes del nor oriente ecuatoriano, se llama Randy Borman.

 

Randy en esa época era un muchacho y era el hijo de los pastores evangélicos norteamericanos que trabajaban en la zona. El recuerda que un día mientras jugaba con los niños cofánes escucharon ruidos de helicópteros que se acercaban, corrieron a la plaza de la aldea y ante su incredulidad, los aparatos descendieron en el centro mismo del poblado y sin más trámite iniciaron la descarga de una infinidad de equipos y materiales para establecer un campamento. Lo propio estaba sucediendo en otras aldeas cofanes y en el territorio de los pueblos indígenas vecinos Sionas y Secoyas, en donde también enormes tractores empezaron a arrasar chacras y terrenos comunitarios para hacer caminos.

 

Los indígenas suponían que venían temporalmente, pero no..., venían para quedarse. La vida cambió de improviso para todos, sin consultar, sin pedir permiso a nadie, los trabajadores norteamericanos de la Texaco y los ecuatorianos de CEPE (Corporación Petrolera Ecuatoriana) levantaron campamentos e iniciaron la perforación de pozos sobre las casas y las chacras, por los nuevos caminos entre tanto avanzaban oleadas de campesinos pobres, que sin más iban ocupando las tierras de los pueblos originarios en calidad de colono agrícolas.

 

Aurelia Kenamá era una muchacha indígena en aquella época, hoy es la esposa de Randy Borman, quien sigue viviendo entre los Cofánes. Ella recuerda que la principal preocupación de su madre y de todas las madres cofanes, sionas y secoyas, era esconder a sus hijas para protegerlas de la lujuria de los petroleros. Era la costumbre de las chicas, que cuando se acercaban carros o se oían los rotores de los helicópteros de las compañías, debían correr al monte para esconderse. Ella recuerda de numerosos casos de muchachas y hasta niñas que fueron perseguidas con helicóptero y luego sujetas a violaciones muchas veces colectivas.

 

Ser hombre tampoco era una garantía de librarse del escarnio. El traje tradicional de los pueblos indígenas allí, es una especie de túnica que llega hasta las rodillas y la broma usual del ¨macho¨ petrolero era levantarles la túnica y compararles con las mujeres.

 

Todo cambió en aquellos años recuerdan Randy Borman y Aurelia Kenamá, tras las petroleras y los colonos vinieron los comerciantes, las cantinas, los prostíbulos, la delincuencia que antes no existía. Las aldeas invadidas de los pueblos originarios se fueron transformando en poblados y ciudades; y los cofánes, los Sionas y los Secoyas optaron mas bien por huir a las zonas más recónditas de sus territorios para tratar de vivir en paz y en su forma tradicional (17).

 

Treinta y seis años más tarde, cuando la Texaco se retiraba de la zona después de haber obtenido el 89% de las inmensas ganancias de la exportación petrolera y el país apenas el 11%, el nor oriente ecuatoriano se había convertido en una de las zonas más contaminadas del planeta. La ambición y la criminal irresponsabilidad de la Compañía, unidas al servilismo de las clases dominantes ecuatorianas, políticamente representadas por el ultraderechista Partido Social Cristiano; habían permitido que para ahorrarse costos la petrolera norteamericana botara conscientemente a los ríos y a la superficie la increíble cantidad de 18 mil millones de barriles de agua fuente o aguas residuales altamente contaminantes y el derrame de 17 millones de barriles de crudo.

 

Ahora hay enormes superficies de tierra e incontables arroyuelos y humedales inutilizados para la agricultura, que siguen sin embargo produciendo alimentos tóxicos pues es la única fuente de subsistencia de muchos colonos pobres. Entre la población el número de abortos, el de nacimiento de niños con malformaciones, de afecciones uterinas y estomacales es enorme y aunque parezca cuento, cuando en otras zonas del mundo se habla de epidemias de gripe, sarampión o viruela, en el nor oriente ecuatoriano se puede hablar de una auténtica epidemia de cáncer. Tras la guerra química contrariaa todas las Convenciones Humanitarias Internacionales desatada en la frontera entre Ecuador y Colombia por el Ejército de los Estados Unidos y el Ejercito Nacional de Colombia durante los gobiernos de Alvaro Uribe, cuando se fumigaba a la población como si fueran insectos: el índice de cáncer causado por la contaminación petrolera y la guerra se disparó hasta llegar a afectar a una persona más cada mes, en comunidades de apenas veinte familias(18).

 

La arrogancia de los ¨Reyes de la creación¨

 

La mayor parte de los daños causados en el nor oriente ecuatoriano son irreversibles, es irremediable la perdida del territorio Cofán y el proceso de aculturación del que son víctimas las nuevas generaciones de cofanes, sionas y secoyas; es irremediable al menos por varios decenios, según los expertos la contaminación a la tierra a los arroyos y humedales; es irremediable el dolor y la muerte de cientos de personas afectadas por cáncer. Pero quedan aún miles de víctimas de la acción criminal de la Texaco Chevron que se organizaron para reclamar a la empresa norteamericana el pago de al menos una compensación y el inicio de la justa remediación de los desastres ambientales que han devastado la zona.

 

Durante años el inmenso poder de la empresa llevo el juicio de Ecuador a los Estados Unidos y de allí nuevamente acá, pero las pruebas son tan evidentes que ha perdido las instancias judiciales en ambos países. Hoy solo resta la última instancia que la decidirá la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, pero desde ya la conocida arrogancia de la Texaco Chevron ha advertido que no acatará los resultados del fallo y quiere pasar la responsabilidad al Estado Ecuatoriano. Tampoco el Ejercito Norteamericano y su obsequioso servidor el arrogante Señor Alvaro Uribe han hecho nada para mitigar el dolor de sus víctimas.

 

Con semejantes experiencias es posible imaginar siquiera que los pueblos originarios quieran tener en sus territorios empresas extractivistas...?

 

Los pueblos originarios se reorganizan para luchar por sus derechos

 

Los pueblos originarios empezaron a articular una nueva respuesta organizativa desde los años 80, respuesta que ahora incluía a los pueblos amazónicos, hasta entonces desligados de las tradicionales organizaciones indígenas y campesinas andinas y costaneras,y allí la comunidad de Sarayacu y sus intelectuales destacaron en el liderazgo para la creación de la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza OPIP y luego para la realización de la primera marcha indígena amazónica sobre la Capital que tenía como principal objetivo la legalización al menos de parte de los territorios ancestrales de los pueblos originarios y lo consiguieron.

 

El siguiente paso fue la constitución de la Confederación Nacional de Organizaciones Indígenas del Ecuador, la CONAIE, hoy sin duda la organización más poderosa y combativa de los pueblos originarios ecuatorianos. Finalmente los antiguos dueños de éste territorio, después de muchos lustros estaba nuevamente en pie de lucha y los amazónicos después de siglos estaban visibilizados por la racista sociedad nacional, que antes simplemente los había ignorado.

 

Eran algunos de los años más difíciles para el Ecuador, para el movimiento popular y el movimiento indígena que día a día iba adquiriendo mayor protagonismo, pues la extrema derecha política social cristiana, comandada por su violento patriarca Febres Cordero, encabezaba una cruzada neoliberal y se había apoderado de la economía, la banca, la justicia y del País enteroy se desgastaba sin querer dejar el poder, ahora en manos del Presidente Sixto Durán, miembro de su mismo partido.

 

Paralelamente en Perú Alberto Fujimory, tras haberse autoproclamado dictador, buscaba una nueva y reñida relección contra el ex Secretario General de Naciones Unidas Javier Pérez, en medio de graves escándalos de corrupción, mientras comandaba junto a los norteamericanos una cruenta y en ese momento aún no definida lucha contra Sendero Luminoso y el MRTA. Como había sucedido antes en las guerras entre ambos países, el ex dictador quiso aprovechar de la asimetría de los contendientes, del enorme poder bélico y de la apabullante mayoría de recursos y población peruana, frente a la debilidad e indefección del Ecuador, para provocar un conflicto en el Cenepa que le revirtiera votos para su relección.

 

Pero en ésta ocasión se equivocó y aunque el tristemente célebre asesor presidencial Vladimiro Montesinos montó una enorme campaña mediática en la que transformaba en triunfos los reveses militares, el Ecuador pudo mantener todas sus posiciones con la ayuda de los pueblos originarios del bosque amazónico, como en un artículo lo confirmó el propio mediador norteamericanoComandante Glen R. Weider y en otros, algunos medios de comunicación peruanos(19). La nueva derrota ecuatoriana vino después, ya que los Estados Unidos (20)no podían permitir que el resultado adverso del conflicto afectara a su protegido el Dictador Fujimory y a la sangrienta campaña militar contra la insurgencia senderista. Así en las negociaciones de paz el Ecuador fue obligado a retirarse aún más de sus lejanísimos límites originales en el río Amazonas, negociaciones que tendrían severas consecuencias en la Historia, la política interna y la organización de los pueblos originarios.

 

Pero como ha sido usual, el hecho más dramático del conflicto, desde el punto de vista indígena, fue que los mestizos de ambos países se acordaron de su población originaria siempre ignorada y lautilizaron para la guerra, haciendo que se enfrentaran miembros de una misma etnia que hasta compartía el mismo territorio hasta el año 1941, para defender a estados nacionales que nunca les representaron. En ésta ocasión debieron batirse a nombre de sus amos mestizos, Shuaras ecuatorianos contra Aguarunas y Aguajun peruanos.

 

El Tratado de Paz fue firmado por el nuevo gobierno Demócrata Cristiano de Jamil Mahuad, quien luego concedió además una base militar a los norteamericanos(21), dolarizó la economía, aumentó el costo de los servicios y en la grave crisis bancaria generada por la inmoral especulación de los bancos, desposeyó de sus ahorros a los ecuatorianos y los puso en manos de los banqueros corruptos. Todos estos hechos unidos a una de las crisis más graves de la economía popular, hicieron que los movimientos sociales, los estudiantes y sobre todo la ya poderosa Confederación de Organizaciones Indígenas del Ecuador CONAIE, salieran a las calles a pedir la destitución de Mahuad. El enero del 2000 el Parlamento de los Pueblos llamó a la desobediencia civil y una nueva marcha indígena se tomó Quito con ayuda del hasta entonces desconocido Coronel Lucio Gutiérrez acompañado de estudiantes de la Escuela Politécnica del Ejército y ex combatientes de la última guerra con Perú; el Congreso se vio forzado a destituir a Mahuad y cambiarlo por el Vicepresidente Gustavo Nobóa.

 

Gutiérrez otra amarga decepción

 

El Coronel Lucio Gutierrez causó enorme expectativa en aquellos años. Aparecía como un militar nacionalista, crítico del neo liberalismo, preocupado por los problemas de los oprimidos, amigo de los pueblos originarios y admirador del Presidente venezolano Hugo Chávez. Parecía ser uno de los jefes militares y policiales queescapaban al sinoque desde el norte se ha trazado para los uniformados del hemisferio, elde ser eficacesguardianes de los intereses hegemónicos de la potencia dominante, de ser auténticas fuerzas de ocupación en sus propios países.

 

Aunque en el Ecuador militares y policías no se han visto masivamente involucrados, excepto en la época de Febres Cordero, en los crímenes aberrantes de lessa humanidad de uniformados como los de Guatemala con 200.000 víctimas, de Colombia con 500.000, Perú con 70.000 o Argentina con 30.000, primero porque las luchas sociales no llegaron a niveles de gran radicalidad y también porque las continuas desmembraciones territoriales centraban la atención militar en la defensa de las fronteras;los falsos paradigmas ideológicos de laterminada Guerra Fría seguían siendo una indiscutible verdad en los cuarteles, aunque por otro lado se habían destruido también mitos como los de la solidaridad hemisférica después del apoyo norteamericano a la colonización inglesa de las Islas Malvinas, y en el País tras sufrir la poco imparcial posición mediadora de los Estados Unidos en las guerras de invasión del Perú. Lo cierto es que luego de unos pocos meses en prisión el Coronel Gutierrez se transformó en el candidato del cambio yganó las nuevas elecciones con apoyo del Movimiento Indígena, de los Movimientos Sociales y de la Izquierda marxista.

 

Más para sorpresa de quienes le apoyaron muy pronto develó su auténtico rostro, en un ambiente de abierto nepotismo y corrupción,no tardó en aliarse a la extrema derecha social cristiana para hacerles participar en el festín de las privatizaciones de acuerdo a las formulas del FMI, aceptó el llamado Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, abrió los territorios de comunidades indígenas como la de Sarayacu a la ambición de las transnacionales, intentó controlar la Corte Suprema de Justicia aliándose con el defenestrado ex presidente populista Abdalá Bucaram(22)y en su primer viaje a Washington en una posición antagónicamente opuesta a la que había sostenido en campaña, se declaró el mejor amigo y aliado de George W Bush y peor aún comprometió al Ecuador en la geo estrategia norteamericana para la región en el Plan Colombia y el Patriota.

 

Sarayacu 2.002

 

Y en éste complejo contexto político social fue cuando sin ningún aviso, en éste caso sin siquiera haber dado lectura al famoso ¨Requerimiento¨ como los Ibéricos hacían en la época de la Conquista, sorpresivamente, en una mañana que ningún miembro de la comunidad de Sarayacu olvidará, se escucharon intensos ruidos de helicópteros que se aproximaban y cuando los comuneros llegaron a averiguar, se encontraron con miembros de las fuerzas especiales en traje de combate y armas de guerra, que protegían a técnicos de la empresa petrolera CGC(Compañía General de Combustibles), que venían a tomar posesión de la concesión petrolera que el gobierno del Coronel Lucio Gutiérrez les había generosamente concedido. Claro que al Coronel se le había olvidado algo elemental, al menos preguntar, consultar a sus legítimos dueños, que ademáspara colmo eran justamente parte de una organización que le había ayudado a encaramarse en el poder.

 

La respuesta de Sarayacu no se hizo esperar y fue unánime, tras una asamblea se decidió expulsar a la CGC. Los niños quedaron al cuidado de los ancianos y el resto de la comunidad se desplazó masivamente al lugar de la invasión, las mujeres que siempre han tenido un destacadísimo papel rodearon y desarmaron a los militares, y uniformados y petroleros debieron abandonar el territorio. A partir de entonces los hombres formaron patrullas para vigilar la extensa tierra comunal e ir desactivando los explosivos dejados por la compañía para la prospección sísmica.

 

Los meses siguientes fueron de enorme tensión, cundían las amenazas de una nueva invasión violenta y las falsas acusaciones de robo de pentolita, de terrorismo e intentos de organizar la resistencia armada; pero Sarayacu se mantuvo firme e inició una extensa campaña de denuncia nacional e internacional. Para entonces también la estrella del Coronel Gutierrez se había eclipsado totalmente, la gente protestaba masivamente en las calles, sus antiguos aliados indígenas le acusaban de traición (23) y hasta su ex jefe en el ejército el General Paco Moncayo, que comando las fuerzas ecuatorianas en la Guerra del Cenepa,en la que el Coronel no peleo, le tildó de ¨dictador, sinvergüenza y cínico¨.

 

Pronto la situación de Gutiérrez se volvió insostenible, sus compañeros de armas debieron elegir entre escuchar el justo descontento popular que había llegado hasta el hartazgo, pues el grito en las calles y comunidades era: ¨ ¡......Fuera Todos.....¡¨; o provocar una masacre para sostener al Coronel, y comprometerse en una incierta aventura militar en Colombia, a favor de una potencia imperialde dudosa actuación en los conflictos territoriales y de un gobierno, el de Uribe comprometido con el crimen organizado y los carteles(24), que además había narcoparamilitarizado ese país. Una aventura que extendería la lucha insurgente a territorio ecuatoriano y que posiblemente les llevaría también a agredir a un país hermano como Venezuela. La decisión era obvia, con el Palacio de Gobierno cercado por manifestantes, Gutiérrez debió escapar en un helicóptero facilitado por sus ex compañeros y luego asilarse en la embajada de Brazil.

 

El Gobierno de Rafael Correa

 

Fue entonces cuando apareció en la palestra política el actual Presidente Rafael Correa, que surgió también como producto de un acuerdo entre el Movimiento Indígena, los Movimientos Sociales y los Partidos de Izquierda, y su actual mandato es el resultado del hartazgo generalizado de la población ante las décadas de actuación vandálica y corrupta de la derecha y el populismo. Aunque no se puede hablar de Revolución, pues no han habido cambios estructurales, que por otro lado sería impensable que los EEUU lo permitiera, indudablemente hay logros muy importantes en torno a la economía que se blindó ante la crisis mundial alejándose de las mortíferas recetas del FMI y tiene un crecimiento sostenido, a la disminución de la pobreza, al desempleo que se ha reducido a tazas históricas, a la vialidad, al apoyo a los minusválidos y sobre todo a la política internacional en donde el Ecuador ha recuperado su norte que siempre debió haber sido mirar al sur, así como su soberanía y dignidad perdidas.

 

Pero el Gobierno de la Revolución Ciudadana, que ha tenido muy serios problemas en su relación con los pueblos originarios, mantiene aún una deuda no saldada con los campesinos y los movimientos indígenas que le apoyaron tras la promesa de hacer una reforma agraria, una ley de aguas democrática, de garantizar la soberanía alimentaria y establecer una moratoria petrolera.Ofrecimientos que aún no se han cumplido.

 

Peor aún abrió una nueva ronda de licitaciones petroleras que involucra a valiosísimas zonas vírgenes del centro y sur oriente amazónico, se intenta instaurar la minería a gran escala dejando de buscar la alternativa de ser eternos exportadores de materia prima y hasta se habla de abolir la prohibición de importación de semillas y productos transgénicos.

 

Sarayacu y el Fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

 

Después de quinientos años de atropellos, Sarayacu quería asegurarse que la amenaza de los ¨Reyes Blancos o Mestizos de la Creación¨ y su peligroso ¨Destino Manifiesto¨ no vuelva a cernirse nuevamente sobre su territorio y desde el 2.002 ha mantenido una activa campaña de denuncia y de búsqueda de solidaridad internacional, así como un contencioso en contra del Estado ecuatoriano, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que le obligue a la consulta previa.

 

Y en un hecho histórico que tal vez refleja que el ¨Rey Blanco de la Creación¨ finalmente empieza a aceptar la condición humana de los pueblos originarios y también que la Pachamama, que la Madre Tierra tiene que ser respetada;la discutida Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió un fallo a favor de Sarayacu, exigiendo al Estado ecuatoriano consultar de manera limpia, transparente, democrática, con veeduría internacional a los pueblos y comunidades, antes de firmar cualquier concesión y condenándolo además al pago de una compensación por los daños causados a ésta comunidad.

 

En Ecuador decir ¨¡...Indio...!¨ a alguien es todavía un insulto, las calles y plazas de las ciudades con gran desvergüenza están llenas de los nombres de los más destacados genocidas de la época de la Conquista, los asesinos de los pueblos originarios son los héroes de la sociedad blanco mestiza, hasta una Provincia lleva el nombre del brutal conquistador Orellana, y no el de los héroes de la resistencia amazónica como Jumandy o Beto y cuando los ¨pelucones¨ se disfrazan de españoles para ir a ver la sádica tortura de un animal en las ferias taurinas, rasgando la zzzzzzz, hablan aún de la Madre Patria refiriéndose a España; ¡... vaya progenitoracon semejante pasado de filicidio y latrocinio que reconocen...!.Irónicamente en cambio, la concepción que el antiguo y el nuevo Imperio tienen hoy sobre los habitantes de Latinoamérica apenas a variado, para los unos somos los sudadores apestosos del sur que vamos hacer los trabajos que los españoles no hacen: ¨los sudacas¨; mientras que para los norteamericanos que en un 52% se declararon anti latinos en las últimas encuestas de su campaña presidencial, somos ¨los perros¨, como lo dijo Steven King, Vicepresidente del Sub Comité de Inmigración de la Cámara de Representantes compañero del candidato Republicano Mitt Romney. En éste grotesco contexto de altanería imperial, es obvio suponer que un gobierno como el de Rafael Correa, que se precia de progresista, respetará el fallo.

 

Pero el tema va mucho más allá de Sarayacu, el Ecuador es un país muy pequeño con una enorme población indígena marginalizada y una naturaleza privilegiada con uno de los índices más altos de deforestación y degradación del entorno natural, que difícilmente podría soportar otra era estractivista, en favor de las trasnacionales. Y más allá del Ecuadorlos desafueros cometidos contra la naturaleza nos tienen a dos grados centígrados de un cambio climático que significaría un desastre universal y la crisis del sistema capitalista mundial esta cuestionando su viabilidad y sostenibilidad en todos los ordenes, en especial en términos económicos, ecológicos y humanos. Ojalá entonces los ¨Reyes de la Creación¨ y su mentiroso ¨Destino Divino¨, no sigan pensando que pueden seguir explotando a la naturaleza y a los seres humanos, como hasta ahora lo han hecho.

 

Por todo esto el Fallo en favor de Sarayacu en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, seguro que será además un positivo antecedente jurídico, para los centenares de pueblos originarios del continente que de manera silenciosa o enérgica, muchas veces en condiciones extraordinariamente peligrosas como los de la guerra civil colombiana, o en países acostumbrados a las masacres impunes de los pueblos nativos que protestan como Guatemala, Perú, Honduras o Brazil; buscan conservar su territorio y piden el elemental derecho de mantener su savia forma tradicional de vida.

 

Alejandro Santillán M.*

*Profesor universitario, Cineasta, ha escrito libros y ejercido de periodista. Durante décadas trabajador independiente de canales alemanes de TV. Ha recibido premios nacionales e internacionales por su trabajo audiovisual y periodístico.

(1) Shamuy en kechua: ven.

(2) Ayaguasca, en kechua significa cuerda o soga de los muertos. Se trata de la Banisteriopsis capi, una plantaalucinógena considerada sagrada por muchos pueblos amazónicos, que es usada en ritos shamánicos y con fines medicinales.

(3)Algunos pueblos de la altiplanicie andina se refugiaron en las selvas tropicales amazónicas y costaneras en aquellos años, por su ascendiente kechua, Sarayacu parece ser uno de ellos.

(4) La cultura Valdivia de la costa central y su del Ecuador, con la de Puerto Hormiga en Colombia fue una de las primeras grandes culturas de agricultoras del continente, el arqueólogo ecuatoriano Jorge Marcos ha sido su principal estudioso. Los restos arqueológicos descubren una sociedad matriarcal con avanzadísimos conocimientos, ellas seguramente para elaborar calendarios para sus tempranos cultivos, teniendo la ventaja de encontrarse bajo la línea ecuatorial, hicieron los primeros estudios astronómicos que se conocen hasta hoy en el continente. Sus mapas estelares en terracotadescubren con asombro que sabían del sistema solar y del sistema galáctico, y aún más que probablemente de acuerdo a uno de sus estudiosos y coleccionistasmás destacados Alejandro Hertz, habían medido que cada 500 años nos desviamos en 1 grado del centro de la galaxia, fenómeno, ciclo del tiempo estelar que luego astrónomos posteriores Mayas, Chimus, Tihuanacos etc. lo llamarían Katun, Bactum o Pachacutik y pasaría también a ser un principio filosófico y un hito histórico.

(5) El fraile Dominicano Bartolomé de Las Casas jugó un papel clave en la defensa dela naturaleza humana de los habitantes del Nuevo Mundo y en la denuncia de las atrocidades cometidas por los conquistadores españoles.

(6) Los teólogos de la época pensando que la Conquista podía poner en peligro el alma de los monarcas de Castilla, redactaron el ¨Requerimiento¨, proclama que se leía a gran distancia a los habitantes del Nuevo Mundo en castellano o en latín, antes de una batalla o un saqueo, en el que se les instaba a someterse o ser culpables de todo lo que acontecería a continuación.

(7) Término con el que se conocía a los peninsulares ibéricos durante la Colonia, en contraposición a los ¨Criollos¨, o hijos americanos de los peninsulares.

(8)El origen del término y su concepto puede remontarse al pastor puritano John Cotton (1.585 1652) o antes, y no al Presidente Wilson. Igual desde entonces ha servido a los Estados Unidos para justificar genocidios y conquistas territoriales. Lebensraum dijo lo mismo para justificar la expansión y el genocidio nazi.

(9) Wantug, especie de floripondio, que en la selva amazónica es considerada una planta sagrada y se utiliza en ritos shamánicos y sesiones de curación.

(10)Fue el Presidente argentino Arturo Frondisi, quien denunció que detrás de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, estaban los intereses de la petrolera norteamericana Stándar Oil de New Jersey y de la anglo holandesa compañía Shell.

(11) Límite fijado en el Marañón Amazonas por el Protocolo Pedemonte Mosquera entre La Gran Colombia y Perú, 11de agosto de 1830.

(12) Intelectual, político y escritor ecuatoriano, ex Ministro del Ambiente, actual Presidente de la Casa de la Cultura. Autor de libros como: El Festín del Petróleo, los Campesinos de Loja y Zamora, Nuestra Guerra.

(13) Reunión efectuada en agosto del 2.006 en San Lorenzo del Marañón, organizada por la Coordinadora Binacional de Achuaras de Ecuador y Perú COBNAEP. Queda una memoria documental de algunos de esos testimonios en la película documental Achuartin Iruntramo (Siegmund Thies, Alejandro Santillán, Tim Kuhn)

(14) Familia de lenguas de América del Sur, habladas por pueblos originarios de más de una docena de países,que incluye a la Arahuak o Maipurena.

(15) Testimonio relatado por los propios Woarani a Jack Jaramillo, profesor mestizo de sus escuelas que habla perfectamente el Waotetero.

(16) Disposición del ex Instituto Nacional de Reforma Agraria y Colonización del Ecuador.

(17) Testimonios recogidos para el programa radial hecho para los pueblos amazónicos de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brazil: ¨Voces de la Amazonía¨ (español-portugués), por el autor de éste artículo que era su Director. Fundación Pachamama.

(18) Investigación realizada por el médico español Adolfo Maldonado para la Ong ecuatoriana Acción Ecológica.

(19) Revista Caretas, columna controversia, autor Fernando Rospigliosi. ¨La farsa de la victoria es insostenible¨ y Artículo del Comandante estadounidense Glen R. Weider.

(20)¨Cenepa, Antecedentes, el Conflicto y la Paz¨ Paco Moncayo Gallegos, Coorporación Editora Nacional 2.011, pag. 267. El General Moncayo fue el comandante del frente ecuatoriano en la Guerra del Cenepa

(21) El Ecuador es un país pequeño, que constantemente ha sido agredido y mutilado en su territorio, y a su población no le gustó que Jamil Mahuad permitiera que los EEUU usaran su territorio, comoun portaviones para agredir a otros pueblos, tal como sucedió con Honduras, usado para asesinar sandinistas.

(22) El populista Abdalá Bucaram fue Investido comgo Presidente del Ecuador el 10 de agosto de 1996 y destituido por corrupción e incapacidad para ejercer el 17 de febrero de 1997.

(23) La acusación de los movimientos que le apoyaron de ser el ¨hombre de la Embajada¨, por las grabaciones hoy conocidas gracias a Julian Assange y Wekeleke, parecen confirman que el Coronel y su hermano Gilmar, informaban a funcionarios norteamericanos e incluso les hacían propuestas antidemocráticas.

(24) En Ecuador como en el resto del mundo es ampliamente conocida la relación de Alvaro Uribe (Don Varito) y la de su padre con los carteles, asi como la manera como paramilitarizó sangrientamente su país. Entre otros libros sobre el tema, el libro ¨Amo a Pablo y Odio a Escobar¨, de la periodista Vallejo, hasta hoy se vende en los puestos de revistas de las calles ecuatorianas.

 

Razón tiene Gonzalo Arcila: es importante incentivar el diálogo, tanto más cuanto que se trata del conocimiento, que es, como sabemos, la vida misma. Ello, desde luego, no va en desmedro de la posibilidad –y en ocasiones del hecho– de que puede haber –y ojalá los haya– desacuerdos y disensos. Lejos de todos nosotros las mayorías y los unanimismos, propios de las iglesias y las ideologías de todos los tonos. Concuerdo en la importancia del diálogo como forma de vida, que ha sido siempre, en todas las geografías y culturas, la señal misma del desarrollo y el carácter civilizado de la existencia. Sólo que ahora, por el contenido mismo de su texto, Gonzalo abre el diálogo (por lo pronto, decimos los optimistas) a tres...

 

Es hermoso el título de la propuesta del profesor Arcila: "La experiencia de la infinitud". La razón tiene que ver con el concepto mismo de infinitud. Ya tendré la ocasión de volver sobre el nombre mismo.

 

Quisiera destacar cuatro temas en el texto de G. Arcila para justificar este diálogo. El primero tiene que ver con lo que denomina "el diálogo conceptual como forma de vida y la tarea de transformación de la realidad planetaria". Un segundo motivo es el diálogo con Pablo Dávalos acerca de las reticencias de éste último para asumir "las teorías de la complejidad en las ciencias sociales y humanas". Específicamente, se trata de la "episteme de la physis" como estrategia política que hay que develar. Gonzalo cree que esta episteme "abre un tema para la investigación, de amplias implicaciones, en la historia del pensamiento de Marx y Engels respecto a los intercambios entre naturaleza y sociedad capitalista". Justamente, aquí aparece el tercer tema: se trata, para decirlo con sus palabras, de "la realidad del tiempo infinito y creador y de la experiencia humana que da cuenta de esa realidad. En esa emergente experiencia, el destino de la naturaleza y la humanidad no es la muerte, tampoco el abandono en un valle de lágrimas, ni la culpa por un pecado que nos privó sin esperanza del paraíso". Finalmente, el cuarto motivo es el interés de Gonzalo por la universidad y por tanto por la gestión del conocimiento. De hecho éste constituye el verdadero motivo de la nota suya, pues dirige u orienta todos sus otros comentarios, aclaraciones e interpelaciones tanto a Pablo D. como a mí hacia este tema.

 

***

 

Existe, a todas luces, un serio problema. Una vez que, por obra de la internacionalización, globalización o mundialización (en realidad, tres maneras distintas de denominar un mismo proceso), los problemas se han vuelto efectivamente planetarios, el más difícil de los problemas tiene que ver con la acción. Entender y explicar los procesos y dinámicas, los retos y los peligros, los agentes y las consecuencias de la globalización es ya hoy en día prácticamente un lugar común. La dificultad enorme surge del lado de la acción –praxis. En efecto, la vieja aserción de los años 1980 –"pensar globalmente y actuar localmente"– es hoy en día no solamente una proposición conservadora, sino, además y por ello mismo, una idea inocua, poco eficiente.

 

El tema, más bien es, ¿cómo actuar globalmente en contextos de mundialización? El término, bien intencionado acuñado por N. García Canclini (y otros) de lo glocal es afortunado, pero limitado frente al interrogante. La acción es siempre local, no cabe la menor duda. Pero ya hoy en día no puede ser única o exclusivamente local. Dadas las dinámicas, estructuras y procesos globalizantes, los procesos de transformación –en el orden que se quiera, en el plano que se proponga, en fin, con la intención que se sugiera– debe ser, correspondientemente global. Pero, precisamente por ello, la antropología y la etnografía, por ejemplo resultan fundamentales: existen numerosas prácticas locales que son desconocidas a escalas meso y macro.

 

El capitalismo se caracteriza por ser un sistema social y cultural –en el sentido más amplio y al mismo tiempo incluyente de la palabra– que se caracteriza por la improvisación, el cortoplacismo y la inmediatez. No en vano, las dos o tres ciencias que fungen como dínamos del capitalismo poco y nada saben de densidad temporal: el derecho, la economía y la administración (y dentro de la segunda, las finanzas). Razón tiene Wallerstein: se trata de ciencias del presente, ciencias (o disciplinas, da igual) que poco y nada saben del pasado o del futuro como longue durée (una expresión que se debe en realidad a Braudel).

 

Una acotación: En el derecho, la economía o la administración temas como: historia del derecho, historia de la economía o historia de la administración son perfectamente episódicas, pues un administrador, un economista o un abogado (o jurista, según el caso) deben ante todo saber de eficiencia y eficacia.

 

Contrario a estas, la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio o física del devenir tiene en el tiempo un organizador intrínseco. El tiempo es, al cabo, un factor creador y no destructor; factor de aprendizaje antes que de olvido; en fin, el tiempo posibilita y abre, antes que uniformiza, equilibra y aplana todo –como decía, Platón al final de la República (Politeia), en la aguas de lethe, que es el olvido.

 

La termodinámica del no-equilibrio es la primera ciencia en la historia de la humanidad que plantea, de manera abierta y directa que el tiempo desempeña un papel creador. Durante toda la historia de la civilización occidental, particularmente debido a las tres religiones monoteístas fundacionales de la misma, el tiempo era asumido como una maldición, un factor destructivo, un mal necesario. Las cosas importantes, valederas, suceden a pesar del tiempo y, en realidad, después del tiempo.

 

Para reafirmar esta argumentación: La física newtoniana, ahora calificada de clásica, fue en su momento una ciencia revolucionaria. De hecho, en la historia de la ciencia, el estudio del cielo –planetas, sol, estrellas, etcétera– fue un tema que, nutriéndose originariamente desde el Renacimiento, define el rasgo mismo de la Modernidad. Pues bien, la astronomía fue una ciencia de continuos cambios y mejoramientos: empíricos (observacionales y de medición), filosóficos y científicos. Esta historia produjo la muerte de la numerología y el nacimiento del álgebra; la separación de la astrología y la astronomía; en fin, la escisión entre la teología y la ciencia propiamente dicha. En esta historia contribuyen figuras tan fundamentales desde John de Sacrobosco a Giordano Bruno, de Nicolás de Cusa a Galileo, en fin, de Kepler y Copérnico a Newton. La astronomía representaba un campo cuya inestabilidad era altamente atractiva para las mejores mentes de la época. Al cabo del tiempo, ella daría lugar a la necesidad de que naciera el cálculo –gracias, simultáneamente, a Leibniz y a Newton. Esa historia produjo herejes como G. Bruno y juicios inquisitoriales como a Galileo Galilei. Se trata, en fin, de una historia que no tuvo lugar de manera pacífica y desapercibida, sino que, literalmente, cambió la forma de ver el universo y la realidad predominante durante diez siglos de Edad Media, por lo menos.

 

La dificultad –la enorme dificultad– radicó en que el movimiento que fue por primera vez descubierto y explicado tuvo lugar a la manera de explicaciones mecánicas, que para la época eran innovadoras, pero que, como sucede en el caso de Newton terminan, al cabo, por convertirse en saber oficial.

 

La ciencia moderna nace como ciencia "desde abajo" en contraste con la teología que era la ciencia de la Edad Media y que trabajaba "desde arriba". En consecuencia, la ciencia moderna descree de la autoridad y la tradición, se funda en la observación y la descripción, crea nuevos métodos, técnicas y herramientas, acuña nuevos conceptos y lenguajes, se organiza ella misma en prestigiosas instituciones (la Royal Academy, la Académie Française des Sciences, la Preussische Akademie der Wissenschaften – cada una con sus respectivos capítulo, estatutos, canales y formalismos). "Desde arriba" hace referencia a la escolástica, la ontología racional, la psicología racional y la cosmología racional, el peso de la teología y con ella, de ese capítulo medular que es la dogmática, el peso de la autoridad, en fin el acatamiento y el temor, todo lo cual se expresaba en fórmulas como el nihil obstat y el imprimatur. La ciencia Moderna fue, a todas luces, una revolución.

 

Pues bien, la Modernidad nace pensando el mundo y el espacio del ser humano. Por ello su interés por la física. Pero con ella, el cuidado, la observación, la descripción de la naturaleza. La naturaleza como fuente de verdad y como criterio del juicio, en marcado contraste con el peso de la Iglesia, y con ella del Vaticano, el Papa, y Rey de que se tratara en cada caso.

 

Como quiera que sea, en los nuevos tiempos la naturaleza no es un enemigo a vencer y esclavizar. Por el contrario, es nuestra amiga –muchas dirán incluso, nuestra madre (la Pachamama, acaso)–, y cualquier disputa o pelea con ella, con absoluta seguridad la perderá el ser humano. Éste, en términos abstractos; y en términos concretos cualquier sistema económico y de valores, religioso y político, social y de principios que sitúe a la naturaleza simplemente como medio para los fines, intereses, beneficios y utilidad de dicho sistema.

 

Desde los orígenes de la Modernidad hasta nuestros días, asistimos, literalmente, a un creciente movimiento de naturalización de la epistemología, y con ella, de naturalización de la ciencia y la filosofía. Una de las últimas expresiones de esta tendencia son las ciencias de la complejidad.

 

Estamos, manifiestamente, apenas en los inicios del nuevo modo de organizar el diálogo humanidad-naturaleza. Podemos aprender, como de hecho se está comenzando a hacer, de otras culturas y civilizaciones llamados eufemísticamente como no-occidentales, o bien como no-tradicionales, o incluso como alternativas. La relación entre el ser humano y la naturaleza es en realidad el aprendizaje de dos ritmos y densidades temporales radicalmente distintos. Uno, el de los tiempos humanos, bastante limitados; otro, el tiempo de la naturaleza, que, por ejemplo, como bien lo enseña la geología, comienza a contar a partir del millón de años, pues tiempos y escalas inferiores son bastantes limitados. Pues bien, el encuentro o el diálogo entre ambos tipos de temporalidad corresponde en realidad al aprendizaje, por parte de los seres humanos, de que la lógica de la naturaleza es exactamente como el de la vida: se trata de un (doble) juego que se juega a largo plazo.

 

La complejidad –esto es, las ciencias de la complejidad– nacen a partir de fenómenos intrínsecamente inestables e imprevisibles. De un lado, como respuesta a Oscar II, rey de Suecia, quien quería saber si el universo era estable a largo plazo. La respuesta, como es sabido, la aporta H. Poincaré con una demostración de imposibilidad. Y de otra parte, con el estudio de la meteorología por parte de E. Lorenz, nace el estudio de los sistemas caóticos: ciencia del caos. Al mismo tiempo, el estudio de fenómenos y comportamientos alejados del equilibrio (reacciones Belousov-Zhabotinski), y las células de Bénard permitirán a la postre el nacimiento de la termodinámica del no-equilibrio. El resto es historia –cuyo recuento, sin embargo, no cabe en el espacio de este blog. La complejidad está caracterizada como la pasión por fenómenos, comportamientos y sistemas esencialmente inestables, fluctuantes, impredecibles, irreversibles y súbitos. Nunca en la historia de la humanidad se había tomado tan en serio el tema del devenir. La historia (oficial! Cfr. La historia oficial, Director Luis Puenzo, 1985) de Occidente es la historia de(l) ser .

 

***

 

Ahora bien, el tema se orienta, más pronto que tarde, a la organización del nuevo conocimiento. Dicho literalmente, se trata de la gestión de la revolución, al mismo tiempo que se trabaja en ella –una circunstancia apasionante, y que como tal nunca se había manifestado en la historia anteriormente.

 

En este panorama, se trata de la crisis de la universidad en su sentido tradicional. La innovación, de hecho, en el mundo de hoy, no se lleva a cabo fundamentalmente al interior de la universidad, sino, por el contrario, mayoritariamente por fuera de ella. No en vano el llamado a la alianza Universidad-empresa, de un lado, y de otra parte, a la función social de la universidad: Universidad-sociedad. Mediando, siempre, el papel del Estado. Ya sea como reglador o bien, idealmente, como garantista –lo cual conduce la mirada en otras direcciones.

 

Las ciencias de la complejidad son ciencia de punta. A pesar de ser aún pequeño el espacio para su desarrollo, es pujante y creciente su desarrollo y vitalidad. Basta con echar una mirada a la cantidad –¡y calidad!- de eventos revistas, colecciones editoriales, y demás en el país y en el mundo.

 

De manera atávica, las revoluciones han comenzado en intersticios y comisuras; en pliegues y márgenes. Sólo, paulatinamente, se van ganando valles y montañas. Pues bien, lo mismo sucede en el plano de la investigación tanto como de la educación. Se trata, si cabe, de una estrategia evolutiva.

 

Antes que elaborar una reflexión de tipo universal, cabe mirar la situación en nuestros países. Los administradores de las universidades no son, de manera tradicional académicos o científicos. Son políticos o economistas, administradores o abogados, ingenieros o financistas, mayoritariamente. Y sin embargo, ese no es el verdadero problema. La verdadera dificultad estriba en el hecho de una fuerte asimetría entre las instancias administrativas de la universidad y las académicas y científicas. Esta asimetría ha sido generalmente en favor de las primeras, y en desmedro de las segundas. Un ejemplo puntual de contraste: ¡en los países anglosajones y europeos los administradores (o administrativos) jamás les dicen a lo académicos y científicos lo que deben enseñar o investigar!

 

Deben fortalecerse, manifiestamente los puentes entre la educación básica y la media, y entre ambas y la universitaria. Pero, como con razón sostiene M. Cereijido, América Latina no produce ciencia ni tecnología, sino, en el mejor de los casos, científicos e ingenieros. Y más generalmente, nuestras universidades usualmente producen cohortes. (Los programas de pregrado y de postgrado, así como los doctorados habitualmente se presentan a sí mismos, como produciendo la cohorte número x).

 

El problema ciertamente es de presupuesto y apoyo a la universidad pública tanto como de crecimiento y sensibilización social de parte de la universidad privada. Pero mientras las élites políticas se comporten indolentes ante el conocimiento, la situación difícilmente puede mejorar de manera significativa.

 

En el caso colombiano, por ejemplo, ningún presidente ha tenido ni siquiera título de Maestría –un notable ejemplo es, en Ecuador, Rafael Correa. Varios presidentes aparecen con "cursos de postgrado", simplemente. A excepción de los últimos ministros, particularmente de Hacienda, ningún ministro ha tenido título de Doctorado (Ph.D.). La excepción se explica por el hecho de que varios provienen de una prestigiosa universidad privada que ha hecho un fortín de ese ministerio y del Departamento Nacional de Planeación; por tanto, se trata de académicos fuertemente vinculados al sector privado, y a través suyo, al sector público. No existe tampoco ningún embajador que haya tenido una formación del más alto nivel académico. La razón proviene desde el siglo XVII cuando se hablaba de la mita y la encomienda: un país inmensamente rico por naturaleza, tenía la "indiamenta" y la "negramenta" (sic) para trabajar por y para las élites nacionales. Quizás el último miembro de las élites tradicionales que tuvo un acercamiento sincero por la ciencia, la investigación y el conocimiento, fue Federico Lleras Acosta, padre de la vacuna contra la viruela en Colombia.

 

Gonzalo Arcila hace el llamado –o la reflexión– de una nueva universidad acorde con los desarrollos de las ciencias de la complejidad. Compartimos ese sueño: pero miramos hacia delante, en el tiempo.

 

***

[1] Formulado originariamente por Heráclito, el devenir nunca fue un motivo serio de estudio en la civilización occidental. Ni siquiera el marxismo se tomará nunca en serio el trabajo del joven Marx sobre el Demócrito y Epicuro –los dos nombres que suceden en esta línea de pensamiento a Heráclito-.

 

 

Miércoles, 24 Octubre 2012 09:27

Orígenes del dinero: el sistema de endeudamiento

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La teoría económica convencional tiene una idea absurda sobre los orígenes del dinero. En el fondo es un disparate, pero tiene muchas implicaciones en materia de regulación bancaria, reservas y política monetaria. Lo más grave es que la gran mayoría de los economistas creen en la explicación convencional de la ortodoxia sobre los orígenes del dinero.

La narrativa de la teoría dominante corre desde Adam Smith hasta nuestros días. La historia es sencilla: en el principio los seres humanos, por su propensión natural al intercambio, estuvieron involucrados en operaciones de trueque. Poco a poco se percataron que los costos de cada transacción eran muy elevados: el trueque requiere una doble coincidencia de necesidades y, cuando esta condición no se cumple, la transacción no se puede llevar a cabo. Por lo tanto, el trueque es una operación complicada y para facilitar los intercambios se introdujo el dinero. Al pasar el tiempo, el dinero evolucionó hasta llegar a las monedas acuñadas, el dinero fiduciario, las tarjetas de crédito y los cajeros automáticos.

Para la teoría económica el dinero siempre ha sido una "tecnología de transacciones". En una magnífica pero equivocada metáfora, John Stuart Mill afirmó (en sus Principios de economía política) que "el dinero es una máquina que permite realizar, de manera más cómoda, aquello que puede realizarse sin ella". Esto significa que el instrumento monetario es accesorio y no es esencial para realizar los intercambios: éstos pueden realizarse sin ella, aunque con mayores dificultades. En consecuencia, en su programa de investigación la teoría económica decidió que para analizar la esencia del proceso de mercado había que hacer a un lado el dinero.

Desde el punto de vista de la teoría económica, lo que siguió es un verdadero desastre: la introducción del dinero en la teoría económica no ha sido una tarea fácil. La mejor demostración de que el pensamiento económico neoclásico se perdió en un callejón sin salida al escoger este enfoque es que la teoría más sofisticada sobre el mercado, la teoría de equilibrio general, no tolera la presencia de la moneda. Este problema (planteado en 1965 por Frank Hahn) se debe a que el dinero fiduciario no tiene utilidad propia y para que funcione como medio de pago es necesario postular que siempre tendrá un precio positivo, lo que simplemente esconde el problema debajo de la alfombra.

Vale la pena señalar que la teoría de equilibrio general, con todos sus muy importantes defectos, ha sido el principal instrumento para defender los postulados del neoliberalismo. A la luz de lo que acabamos de señalar, eso es un escándalo: el principal instrumento para justificar la desregulación financiera es un modelo que describe (y muy mal) una ¡economía de trueque!

En 1971 se demostró algo sorprendente: en un modelo de trueque en el que las transacciones se llevan a cabo de manera descentralizada, los intercambios no necesariamente se llevan a cabo. La razón es la misma que hemos ya anunciado arriba, a saber que la doble coincidencia de necesidades no siempre se verifica y eso lleva a un bloqueo en los intercambios.

La narrativa dominante sobre el origen del dinero quedó hecha pedazos. Si el trueque generalizado y descentralizado no es posible, entonces no se puede afirmar que primero fue el trueque y después vino la moneda. Lo más importante es que quedó demostrado que el dinero no es una tecnología para agilizar transacciones, sino que es la condición de posibilidad de los intercambios. El análisis lógico demuestra que nunca hubo un mercado sin dinero. El análisis antropológico e histórico revela una historia mucho más interesante e inquietante.

En las obras de Michael Polanyi, de John Maynard Keynes y de L. Randall Wray encontramos otro tipo de análisis en el que el trueque no conduce al dinero. Polanyi explica con gran lucidez y elegancia cómo los intercambios "sin dinero" constituían operaciones en un mercado que no dominaba a la sociedad. Para Keynes el dinero como unidad de cuenta nace y se desarrolla de manera conjunta con el endeudamiento, no con los intercambios. Para Randall Wray las deudas privadas fueron acompañadas de instrumentos de crédito elementales que fueron cristalizando una unidad de cuenta social.

De este modo, la estandarización de la unidad de cuenta es una fase crucial en el surgimiento del dinero. El origen del dinero está en el surgimiento de un sistema de deudas privadas que son reconocidas en una unidad de cuenta que gradualmente adquiere reconocimiento social como una útil referencia para el pago puntual y preciso de las deudas. En consecuencia, el mercado es un espacio en el que los participantes buscan dotarse de medios de pago medidos en la unidad de cuenta de referencia para pagar deudas. Aquí encontramos el embrión de la acumulación capitalista: el mercado no es un espacio para el trueque sino para la obtención de los medios de pago de deudas. Se abre la puerta a una teoría monetaria de la producción.

Un nuevo régimen de producción debe basarse en la norma constitucional que establece la Economía Social y Solidaria, y que postula que el centro de toda actividad económica es el ser humano. Pero no desde una visión antropocéntrica, pues el ser humano no solo debe ser solidario con los demás, sino que debe vivir en armonía con la Naturaleza, de la que forma parte. Ese es el punto de partida del Buen Vivir.

 Igualmente, como dispone la Constitución de Montecristi, hay que asegurar una relación armónica entre Estado, mercado y sociedad. Al mercado hay que civilizarlo, para lo cual el país ya cuenta con una ley para el control de las operaciones oligopólicas y monopólicas; ley que, sin embargo, carece de poder para afectar las estructuras monopólicas y oligopólicas existentes, que frenan el desenvolvimiento dinámico de la economía. Por ello es importante romper con aquellas estructuras que hegemonizan el aparato productivo.

 Si bien es cierto que al mercado hay que controlarle para que este no se sitúe por encima de los intereses de la ciudadanía y las personas, no creemos que sea función del Estado entrometerse en la vida cotidiana de la ciudadanía. El Estado no puede ser una suerte de inspector de las costumbres ciudadanas que prohíbe las conductas sociales (como sucede con la prohibición de vender cerveza los domingos o peor aún que un burócrata estatal pueda decidir cuál debe ser la vocación profesional de la juventud que quiere estudiar en una universidad).

 Necesitamos una sociedad fuertemente organizada, que ciudadanice al Estado y civilice el mercado. De igual manera, consideramos que la acción productiva en el país no debe destruir la Naturaleza, pilar sobre el cual se sustenta nuestra economía y el futuro de las generaciones venideras. En tal sentido, también es indispensable fortalecer el control del Estado sobre los recursos naturales no renovables. Sin embargo, estamos convencidos de la inviabilidad económica, social y ambiental de la megaexplotación minera.

 El grueso del cambio político, institucional y socioeconómico se generará desde las pequeñas y medianas empresas, así como desde aquellas organizaciones cooperativas y comunitarias, sobre la base del uso intensivo de fuerza laboral y tecnologías intermedias, insumos local-regionales, concentrando la producción para cubrir prioritariamente las necesidades del mercado interno y garantizar la soberanía alimentaria nacional.

 Las prácticas monopólicas y oligopólicas concentran riqueza en pocas empresas grandes, que no son las mayores generadoras de empleo y, muchas veces, en lugar de fomentar la producción, promueven las importaciones. En el Ecuador las pequeñas y medianas empresas (PYMES) generan la mayor cantidad de empleo: 75%, y participan de un 56% de las ventas nacionales. Las pequeñas empresas, a pesar de ser el 95% del universo de empresas existentes en el país y las generadoras del 44% de empleo nacional, apenas venden el 16% de los productos que se comercializan en el mercado, lo cual refleja asimetrías que han de ser urgentemente corregidas en nuestra economía.

 Los grandes empresarios tratan de acumular aplastando a otros; por ejemplo, buscan maximizar las utilidades por cada unidad de producto que se coloca en el mercado, cuando bien podrían aumentar sus utilidades incrementando la masa de productos que colocan en el mercado. Lo que se aplica especialmente al gran capital extranjero, que no sólo desnacionaliza la economía, sino que -al menor indicio de crisis- emigran al exterior, desestabilizando la economía doméstica.

 La tarea es fabricar la mayor cantidad posible de productos localmente, para generar mayor valor agregado y evitar la monodependencia del producto estrella del momento (cacao, banano, petróleo). La opción es crear un aparato productivo vigoroso basado en las pequeñas y medianas empresas del campo y la ciudad, las cuales, además de generar puestos de trabajo, son las que -con frecuencia- menos problemas ambientales generan. El eje de este universo de emprendimientos estaría complementado por las unidades productivas comunitarias, asociativas y cooperativas, así como las unidades económicas populares, con los que se debe construir otra economía, una economía solidaria como manda la Constitución de Montecristi. Es decir una economía inclusiva, sustentable y generadora de puestos de empleo dignos. Proponemos, en suma, incentivar a los que nunca han sido incentivados. Hay que pasar de una economía oligopólica a una economía reciproca y solidaria.

 Este sector económico popular y solidario está compuesto por el conjunto de formas de organización económica-social en las que sus integrantes, colectiva o individualmente, desarrollan procesos de producción, intercambio, comercialización, financiamiento y consumo de bienes y servicios. Estas formas de organización económica solidaria incluyen cooperativas de producción, de consumo, de vivienda y de servicios, así como a las asociaciones y organizaciones productivas comunitarias. A estas se suman las organizaciones del sector financiero popular y solidario, que tienen a las cooperativas de ahorro y crédito como uno de sus principales pilares, así como a las cajas solidarias y de ahorro y los bancos comunales.

 Estas organizaciones realizan sus actividades basadas en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad y ubican al ser humano como sujeto y fin de toda actividad económica por sobre el lucro, la competencia y la acumulación de capital. De esta manera se romperá con toda forma de paternalismo, asistencialismo o clientelismo, por un lado, y por otro, con toda forma de concentración y acaparamiento; prácticas que han dominado la historia del país: migajas para el pueblo y la gran torta para las minorías. Aquí lo que cuenta, a demás, tal como dispone el mandato constitucional, es que el ser humano debe vivir en armonía con la Naturaleza, buscando, individual y comunitariamente, la construcción el Buen Vivir o Sumak Kawsay.

 El Estado tendrá que invertir y generar las condiciones que dinamicen a los pequeños y medianos productores, porque son grupos con una enorme productividad del capital. Un pequeño productor con una pequeña inversión le saca mucho más rédito al dólar invertido que el dólar invertido que los grandes grupos de capital y las transnacionales que operan en el país. El problema de ese productor es que no tiene capacidad de acumular. Gana muy poco y vive en condiciones de inmediatez económica, subordinado al gran capital. Muchas veces tampoco tiene una adecuada preparación profesional y formación técnica,  dado que el Estado no se ha preocupado en materia de preparación para la adecuada gestión de este sector productivo. Para lograr este propósito se requiere de la cooperación interempresarial de estas empresas de propiedad social, en lo que se denominan “Distritos Industriales”, como lo que existe de alguna manera ya en Atuntaqui. Hay que profundizar y ampliar esta experiencia, haciendo que las diversas empresas compartan costos fijos (maquinaria, edificios, equipo, tecnologías, etc.) y aprovechen así economías de escala, lo que les aseguraría una mayor productividad. (Supervisando, por cierto, que se produzca sin afectar al medio ambiente.)

 Por ello se vuelve impostergable una repotenciación del aparato productivo del país, superando su sometimiento colonial extractivista, que en la actualidad se consolida de la mano del gobierno de Rafael Correa. Tenemos que superar la herencia colonial extractivista . Esta decisión exige el ejercicio soberano sobre la economía, la desprimarización de su estructura, el fomento y la inversión para la innovación científico-tecnológica, la inclusión social, la capacitación laboral y la generación de empleo abundante y bien remunerado. Este último punto es crucial para evitar el subempleo, la desigual distribución del ingreso, el desangre demográfico que representa la migración, entre otras patologías inherentes al actual modelo primario-exportador de acumulación.

 La transformación del bono de desarrollo humano en un bono productivo y comunitario puede ser una interesante opción para superar visiones simplemente asistencialistas. Esto se completará con un sistema de abastecimiento del desayuno y almuerzo escolar proveniente de la producción de los campesinos y los pescadores locales, sobre todo de los propios cantones: basta de seguir favoreciendo a los grupos monopólicos, como lo hace el actual gobierno. Los resultados de esta decisión son evidentes: fortalecimiento del aparato productivo campesino y pesquero artesanal, así como mayor generación de empleo y la configuración de núcleos de producción de bienes de consumo de masas, en el marco de una ampliación del mercado doméstico y autodependiente que debilite las redes de distribución y comercialización que benefician a los grupos monopólicos en detrimento de los demás productores. (Sobre esta propuesta se puede consultar la nota del 14 de octubre del presente año).

 En un presupuesto de más de 26 mil millones de dólares el financiamiento de estas propuestas solo requiere voluntad política: la pobreza se supera con producción y empleo, así como con redistribución de la riqueza y una nueva institucionalidad que vele por la justicia, la no-discriminación y la descentralización política y económica!!!

 

 
Hacia la desconcentración de la riqueza



 Un documento interno del mismo gobierno sintetiza lo que el Ecuador ha vivido en estos últimos años: “nunca antes los grandes grupos económicos estuvieron mejor y los excluidos estuvieron menos peor”. A pesar de lo cual no se entiende el problema de fondo, que radica en el hecho de que mientras se mantenga la brecha, estos grupos en extremo explotados nunca podrán estar realmente mejor. En realidad estos grupos no están marginados: están incorporados a la lógica capitalista del gran capital, viven de las migajas que les deja su dinámica sobre-concentradora y sobre-explotadora heredada del pasado neoliberal y no transformada por las políticas públicas desarrolladas durante el actual gobierno.

 La lucha contra la pobreza no puede hacerse sin combatir la excesiva concentración del ingreso y de la riqueza. En nuestro país persisten estructuras heredadas de las épocas colonial, oligárquica y neoliberal, que generan prácticas oligopólicas y monopólicas. Esta es la realidad del país.

 Las principales actividades económicas están concentradas en pocas empresas: el 81% del mercado de las bebidas no alcohólicas está en manos de una empresa, una empresa por igual contrala el 62% del mercado de la carne, cinco ingenios (con tan solo tres dueños) controlan el 91% del mercado del azúcar, dos empresas el 92% del mercado del aceite, dos empresas controla en 76% del mercado de los productos de higiene y así podríamos seguir enumerando uno por uno cada sector productivo y comercial. Las ganancias de los cien grupos más grandes se incrementaron en un 12% entre 2010 y 2011, superando la astronómica cifras de 35.000 millones de dólares. En este sentido es necesario destacar que las utilidades de los grupos económicos en el período 2006-2010 fueron (serían) 364% superiores al período 2004-2006. Las utilidades de los grupos económicos pasaron (habrían pasado) de 529 millones de dólares en 2006 (antes de Correa) a 1.830,4 millones de dólares en 2010 (con Correa).

 Si bien, por mandato constitucional, la banca y los banqueros ya no pueden tener propiedades ajenas a las relativas a su actividad específica, el crecimiento acumulado de utilidades de la banca privada en el período 2007-2009 (durante el gobierno del presidente Rafael Correa) fue 70% superior al período 2004-2006 (gobiernos neoliberales). En el ejercicio del año fiscal 2011, dada la liquidez registrada por la economía ecuatoriana, el sector bancario incrementó sus utilidades en 52,1% en relación al año anterior. Entre enero y diciembre de 2011, la banca privada registró utilidades superiores a los 400 millones de dólares; en estos cinco años de gobierno de Rafael Correa el promedio anual de dichas utilidades bordea los 300 millones.


 No es simple transformar esta situación, pero es indispensable apostar por un proceso productivo que supere la actitud rentista, ociosa y parasitaria de muchos de estos grupos económicos. Lo que requiere una nueva perspectiva y una creciente movilización desde las bases, partiendo de lo local -trabajando estrechamente con los gobiernos descentralizados- para ir avanzando a lo regional y los espacios mayores.

 Con la vista puesta en las dinámicas globales, expandiendo los mercados internos y potenciando la integración regional, postulamos una estrategia que impulse procesos productivos y de desarrollo tecnológico propios. El imaginario colectivo, en consecuencia, estaría dirigido a Valorar lo Nuestro, conduciendo a un desenvolvimiento autocentrado, desde dentro para y por los de dentro, con los recursos y patrones de consumo propios para recuperar las autonomías local-regionales, asegurar la inclusión social y reforzar las identidades socioculturales de los espacios descentralizados.

 Tengamos presente que las empresas pequeñas y medianas, así como los emprendimientos asociativos, solidarios, de propiedad social, cooperativos y autogestionarios, son las que más invierten en el país, asumen los mayores riesgos y desafíos, generan empleo y contribuyen a incrementar la riqueza nacional. Fomentando a este segmento de la economía será factible reducir la brecha socioeconómica entre ricos y pobres. No tenemos solo un problema de mucha pobreza, tenemos un problema de unas pocas pero grandes riquezas.

Si a este empeño se suman las otras empresas, tanto mejor. Ese es uno de los retos del momento, impulsar un gran acuerdo nacional productivo, sustentado especialmente en los emprendimientos solidarios, así como en las pequeñas y medianas unidades productivas del campo y la ciudad.

 Sin embargo, esto no será suficiente, pues se requerirán medidas que conduzcan a una consecuente redistribución, no sólo de los ingresos, sino especialmente de la riqueza excesivamente concentrada, que abarca gran parte de los activos sobreconcentrados: inmuebles, acciones y grandes predios agropecuarios, así como las tierras yermas, las concesiones minero-petroleras y otras. Para lo que habría que completar la reforma tributaria que cargue el peso del gasto público sobre los grandes concentradores de capital (impuestos directos sobre la propiedad y las utilidades), a la vez que reduciremos los impuestos indirectos que paga la ciudadanía y aquellas excesivas cargas tributarias derivadas del Código de Ordenamiento Territorial, que han incrementado inequitativamente el costo de las transacciones. A dichas medidas, ha de sumarse una adecuada redistribución de tierras agropecuarias e inclusive urbanas, especialmente aquellas que son usadas para fines puramente especulativos o que permanecen improductivas.

 



 Hacia la construcción del Sumak Kawsay o Buen Vivir



 Lo planteado configura nuestra propuesta de transición, no a mejorar el capitalismo que hemos tenido hasta hoy -como dice Rafael Correa- sino para colocar las bases que nos encaminen al Buen Vivir o Sumak Kawsay.

El Sumak Kawsay es una nueva concepción del sistema de vida basado en las prácticas cotidianas y tradicionales de los pueblos y las nacionalidades. No es una simple alternativa de desarrollo, es una alternativa al desarrollo. Por lo tanto es un modelo de organización económica, política y de bienestar que se asienta en los principios de reciprocidad, complementariedad, interdependencia, solidaridad, integralidad, estabilidad y armonía del ser humano con la Pacha Mama para la reproducción sostenible y orgánica de la vida. Es un sistema integral de organización que interrelaciona las esferas política, económica, jurídica, social, étnica, ambiental, cultural y generacional.

 El país debe superar el actual modelo hegemónico de desarrollo, basado en la acumulación desenfrenada e ilimitada de capital, en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de la Naturaleza, y en la subordinación a los requerimientos de la globalización y su agente, el gran capital transnacional y sus aliados nacionales. Sus consecuencias han sido devastadoras para el ser humano y la Naturaleza. La sociedad debe subordinar a la economía a fin de que sirva al ser humano, no al capital.


 El trabajo decente y el salario justo, así como el acceso equitativo a los factores de producción, viviendo en armonía con la Naturaleza, constituyen las medidas más acertadas para reducir la pobreza y la desigualdad, bases esenciales para asegurar un desenvolvimiento sustentable y autodependiente de la economía nacional



Publicado por lalineadefuego el octubre 23, 2012 ·


Quito, 21 de octubre de 2012

 

 

Miércoles, 17 Octubre 2012 18:55

La experiencia de la infinitud

Escrito por
Pablo Dávalos escribió una amplia reseña crítica al libro de Carlos Eduardo Maldonado “Termodinámica y complejidad”. En su respuesta, el autor del libro le propone un diálogo. Quiero celebrar ese llamado. Se trata de hacer realidad el propósito que orienta la colección que inaugura ediciones desde abajo con el libro comentado.

En la presentación de la colección se parte del reconocimiento de la existencia de un proceso revolucionario en la ciencia. Se lo declara así: “Asistimos a una auténtica revolución científica”. Luego se agrega: “La ciencia se lleva a cabo en la forma de debates, críticas, refutaciones y la construcción de rigor cada vez mayor. Si ello es así, la ciencia funda una forma de vida fundada en la combinación entre mentes abiertas y críticas y el debate como nutriente de una investigación cada vez más cualificada que nos ayude a entender mejor el mundo en el que vivimos a la vez que incide en el mismo conservando lo mejor del acerbo de la humanidad y transformando el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”.

El diálogo conceptual propuesto hay que mantenerlo para que pueda germinar como forma de vida y, así mismo tiempo, para que enriquezca el sentido y el significado político de la tarea de transformación de nuestra contemporánea realidad planetaria.

Ahora ocupémonos del diálogo y el debate. C.E. Maldonado se plantea su libro como una introducción para las ciencias sociales y humanas de las teorías de la complejidad. Pablo Dávalos tiene reservas sobre la idea de asumir las teorías de la complejidad en las ciencias sociales y humanas y considera que se trata de un nuevo intento de imponer el positivismo, advirtiendo que hay una estrategia política que es necesario develar. Señala que ese intento se da “…en un contexto de un profundo desgaste de la ciencia moderna”. Agrega, además, “…la cuestión es que si la ciencia social incorpora la propuesta epistemológica de las ciencias de la complejidad, se harán más débiles y vulnerables con respecto a las relaciones de poder del sistema, porque todo fortalecimiento de la physis implica mayor opresión para la sociedad”, A modo de conclusión, sostiene: “Mientras más avanza la episteme de la physis, mayor peligro para la sociedad”. Estos juicios están sustentados con amplitud en su texto.

Carlos Eduardo Maldonado, de otro lado, hace una presentación también amplia de sus argumentos y remite a los lectores al estudio de su libro. No quiero abundar en lo escrito por ellos pero considero que el asunto abordado acerca de la “episteme de la physis” abre un tema para la investigación, de amplias implicaciones, en la historia del pensamiento de Marx y Engels respecto a los intercambios entre naturaleza y sociedad capitalista. Especialmente pertinente en relación con las tesis de Pablo Dávalos, es la valoración negativa que en ese momento algunos hicieron del libro de Engels “Introducción a la dialéctica de la naturaleza”. El libro de Engels fue considerado como un retroceso positivista. Habría que retomar ese debate hoy. A ese respecto Michel Serres en su libro “El nacimiento de la Fisica” (1977) presenta un valioso aporte epistemológico.
Pero hay un problema en el libro de C.E. Maldonado que he querido llamar la experiencia de la infinitud y sobre el cual llamo la atención. Se trata de la realidad del tiempo infinito y creador y de la experiencia humana que da cuenta de esa realidad. En esa emergente experiencia, el destino de la naturaleza y la humanidad no es la muerte, tampoco el abandono en un valle de lágrimas, ni la culpa por un pecado que nos privó sin esperanza del paraíso.

C.E. Maldonado trata el tema a lo largo del libro y especialmente en tres capítulos: el tercero, el once y el doce cuyos títulos son: La identificación de lo real, El reencanto del Mundo o la tercera cultura y La inquietud del tiempo. En ellos se plantea como la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio o física del devenir tiene en el tiempo un organizador intrínseco.
El diálogo de la humanidad con la naturaleza adquiere por ello un sentido y un significado radicalmente diferente al que se dio a partir de la física newtoniana, ahora calificada de clásica. En el emergente diálogo hoy posible, la naturaleza no es un enemigo a vencer y esclavizar. La ciencia que hace posible esta nueva experiencia, dice C. E. Maldonado es “…una ciencia de sueños despiertos y de pasiones bien vivas gracias precisamente al doble reconocimiento de que el tiempo no es una ilusión, sino realidad creadora, y que la naturaleza admite diversos puntos de vista, que son complementarios. Tal es, en una palabra, la pasión de la complejidad”.

Ahora bien, estamos apenas en los inicios de este nuevo modo de organizar el diálogo humanidad-naturaleza, lo dominante hoy son las inercias de la ciencia clásica; cuando Pablo Dávalos plantea sus reparos y advierte sobre los peligros de “reducir el acontecimiento social a los límites del positivismo” tiene razón. Es cierto que la mayoría de los científicos de las fatuamente llamadas ciencias duras y blandas, se orientan en sus empeños por el cálculo egoísta y el frio interés y son esclavos asalariados de la élite corporativo cuando no ellos mismo dirigentes de esas élites. Ellos, con su autoridad, dice, Pablo Dávalos son “…en realidad una garantía del poder”.

Esa valoración resulta inadecuada, aplicada al libro de C.E. Maldonado o al informe de la comisión Gulbenkian dirigida por Immanuel Wallerstein. Aquí es necesario recordar que ese informe titulado “Abrir las Ciencias Sociales” (1995) respondía a preocupaciones sobre el modo como los administradores de las universidades estaban reorganizando la investigación y la formación de postgrado. El informe a ese respecto era contundente al plantear el tema de la responsabilidad de los investigadores en ese debate. Leamos: “Si los científicos sociales activos no lo hacen, sin duda los administradores de las instituciones de conocimiento lo harán por ellos”. Y frente a la situación existente decía que no era posible “…seguir ciegamente adelante como se pueda, en la esperanza de que de alguna manera las cosas mejorarán y se arreglarán solas, porque la confusión, la superposición y la escasez de recursos están aumentando simultáneamente y en conjunto pueden llegar a constituir un bloqueo considerable a la creación de nuevo conocimiento”. Esta caracterización dramática (1995) hoy es más grave. La actual crisis planetaria de la universidad, ya no sólo gravita sobre la investigación y la formación de postgrado sino que incluye la formación de pregrado y plantea interrogantes sobre el nexo entre universidad y formación básica.

En el caso colombiano una misión llamada de “sabios”, produjo el informe “Al Filo de la Oportunidad” (1995). El diagnóstico sobre la cultura científica en el país era sombrío. En el informe se planteó lo siguiente: “La idea de que la ciencia es una actividad que interesa sólo a unos pocos la convierte en un factor extraño a la sociedad y a la cultura colombiana. La poca comprensión pública del impacto de la ciencia en la vida cotidiana de todo ser humano, y del papel que ella puede cumplir en el mayor bienestar de la población, es un serio obstáculo para lograr que la investigación científica y la generación y uso del conocimiento se conviertan en factor de desarrollo”.

Pero ahora, a diferencia de hace casi veinte años, existe un vigoroso proceso de crítica a la universidad como hoy existe, aunque todavía es incipiente la idea de una nueva universidad acorde con los desarrollos de las ciencias de la complejidad. El propósito de la colección Ciencia y Sociedad de ediciones Desde Abajo es ayudar a transformar “…el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”. Es, pues, necesario poner estos diálogos en función de los procesos políticos en curso. Hagamos el esfuerzo para que así sea.
Viernes, 14 Septiembre 2012 15:24

El lugar de las ciencias sociales

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La reseña de Pablo Dávalos merece una consideración cuidadosa: no cabe duda que es un texto bien intencionado, una elaboración propia larga y cuidada, y se nota, manifiestamente, que el tema central de su texto es el resultado de una reflexión y, acaso, de una experiencia, que llevan ya un tiempo. Sin embargo, y lo digo de buena fe, el texto no merece una discusión. Por tanto, me abocaré a un diálogo con la reseña elaborada por el profesor ecuatoriano, a fin de lograr un aprendizaje recíproco. Ya tendré la ocasión de justificar mi estrategia.

El título de la elaboración de Dávalos es, de entrada, ya una muestra de sus intereses y preocupaciones. En realidad toma como pretexto mi libro –Termodinámica y complejidad, una introducción a las ciencias sociales (2011, Bogotá, Desde Abajo, 2ª edición)– lo cual, por lo demás, es perfectamente legítimo, para exponer las que son en realidad sus preocupaciones centrales. Por ello mismo subtitula su texto: “A propósito de….”. Hay que decir, que, en honor la verdad, si bien es algo elogioso con mi libro, no es sobre él que se concentra, sino sobre uno de los capítulos que dan lugar justamente a la segunda edición: el capítulo 15 “Abrir las ciencias sociales y humanas”.

Si el autor de la reseña tuviera la información necesaria, o bien si hubiera dedicado algo de tiempo y espacio al núcleo del libro, habría podido reconocer explícitamente: por ejemplo, que el libro es una de las muy pocas introducciones en el mundo, y específicamente, en español, a un tema algo difícil y especializado: las ciencias de la complejidad. En verdad, la gran mayoría de los textos sobre el tema constituyen, por así decirlo, introducciones para quienes ya están introducidos; habría podido reconocer que el trabajo adopta un lenguaje más enfocado para los estudiosos de las ciencias sociales y humanas y que por consiguiente los aspecto técnicos –acaso matemáticos y otros, han sido deliberadamente obliterados a fin de facilitar la introducción a las ciencias de la complejidad por parte de los científicos sociales y los humanistas; o bien, en fin, sin ser prolijos, y para ir al meollo del asunto, habría podido hacer explícito que el hilo conductor del libro se corresponde con una de las preocupaciones centrales de I. Prigogine y que consiste en tratar de superar el dualismo. El dualismo entre azar y necesidad, para decirlo con el trasfondo del libro ya clásico de J. Monod; el dualismo entre ciencias y humanidades, o bien el dualismo entre las llamadas ciencias naturales y positivas y las ciencias sociales. Como observará un lector cuidadoso, un pretexto que se resalta en el libro del 2011, es justamente el trabajo, igualmente clásico, de C. P. Snow y la crítica a “las dos culturas”. Asimismo, podría hacer referencia a los trabajos pioneros de J. Brockman que invitan a, y llaman la atención hacia lo que él denomina “la tercera cultura”, que es, exactamente, la superación de los dualismos mencionados.

Pues sí, por ello, entonces, justamente para contemporizar, la referencia al informe de la Comisión Gulbenkian, en la que participan prestigiosos científicos de diversas áreas y formaciones, tanto como culturas y sociedades como son Calestous Juma (Keniano de origen, profesor de prácticas de desarrollo internacional en Harvard), Evelyn Fox Keller (E.U., física experta en historia y filosofía de la ciencia, profesora del MIT), Jürgen Kocka (historiador alemán experto en historial social, profesor del Centro de Investigación en Historia Social, en Berlín), Dominique Lecourt (filósofo francés, director del Instituto Diderot), V. Y. Mudimbe (filósofo congolés, profesor de la Universidad de Duke), Kinhide Mushakoji (Japonés, profesor de relaciones internacionales en Tokyo), Ilya Prigogine (Premio Nobel de física y química belga de origen ruso), Peter J. Taulos (geógrafo británico, profesor de geografía física en la Universidad de New Castle), Michel–Rolph Trouillot (antropólogo haitiano que falleció este año –2012–, profesor de la Universidad de Chicago), y coordinados por Immanuel Wallerstein (sociólogo norteamericano, profesor de la Universidad de Binghampton). Difícilmente podría decirse que cualquiera de ellos, planteando la necesidad de la apertura de las ciencias sociales, es positivista, y renuncian al legado del marxismo, como sí lo afirma Pablo –legado que ni siquiera constituye un motivo serio de consideración en el Informe, o en el libro del 2011. Pero bueno: ninguno de estos autores necesita una defensa, como tampoco Prigogine. El foco se sitúa en lo que quisiera denominar deliberadamente como el lugar de las ciencias sociales y humanas.

Es claro que la ciencia moderna nace con una preocupación central: determinar el espacio del universo, del mundo, de los seres humanos. Un espacio en el que el Dios medieval (con mayúsculas) ya no es necesario. Se requería, para decirlo en el lenguaje clásico, un fundamentum inconcussum. Pues bien, este fundamento lo otorga la física –que nace, con ello mismo– como una ciencia propia, al margen e independientemente de la filosofía. Es la historia del surgimiento de toda la mecánica clásica que se inicia con Galileo y desemboca en Newton como su epítome. Esta misma preocupación habrá de encontrar un soporte extraordinario en la geometría analítica de Descartes. Literalmente, se trata de identificar las coordenadas y la mecánica –la lógica, digamos– de lo real. Nace la ciencia tal y como la conocemos. Que es ciencia que trabaja desde abajo, con observación, experimentación, verificación de hipótesis y conjeturas, construcción y mejoramientos de herramientas y técnicas y, consiguientemente, con la sempiterna preocupación por el método, a saber, el método científico.

Quisiera hacer aquí una observación puntual. A partir de criterios lógicos como los de G. De Ockham o de los esfuerzos denodados y sinceros de R. Bacon, la modernidad está marcada por una preocupación fundamental. Se trata de las inquietudes de distinto calibre acerca del método. A la sazón, el método científico. Desde Descartes hasta el momento en el que cierra el tema y con ella mismo queda sistematizado hasta la fecha, a saber, con I. Lakatos quien formula y desarrolla el concepto de metodología de la investigación científica (que busca, en realidad, un criterio de demarcación con respecto a los programas de investigación metafísica). Nacen, con Lakatos, los programas de investigación científica. Sería pertinente aquí recordar la amistad y la buena influencia que, a la postre, habrá de tener P. Feyerabend sobre Lakatos y su ulterior sospecha de que las preocupaciones por el método (= científico) son, en verdad, finalmente, pseudo-problemas.

La modernidad está seriamente preocupada por el método porque carece de él, una vez que los teólogos mismos se han dado a la tarea de matar a Dios y, con ello, al mismo tiempo, de matar a la teología como ciencia.

En efecto, en la Edad Media existía una ciencia. Ciencia como la que más. Era la teología que fue llamada scientia magna –en el sentido de que es ciencia a partir de la cual cualquier otro conocimiento se deriva, o bien, ciencia hacia la cual tienden todos los demás conocimientos. Se trata, naturalmente, del conocimiento de Dios – por medio de la fe. Pero la scientia magna tenía una vía regia: era la filosofía, la cual consistía en el conocimiento de Dios por medio de la razón –para quienes no tienen fe, o bien mientras les llega la fe. Así, sin llamarse a engaños, la vía regia es el método que adopta la teología para sus propios fines e intereses.

La teología era ciencia racional o deductiva y sus articulaciones y componentes eran tres, así: la ontología racional, la cosmología racional y la psicología racional. Pues bien, es contra este tipo de ciencia y racionalidad que se elevan los modernos, después de haber pasado por el Renacimiento.

En rigor, por tanto, hay que decir que la preocupación por el método corresponde a una preocupación medieval o con trasfondo medieval. Se trata de adquirir y desarrollar el método adecuado de/para el conocimiento, asumiendo que el conocimiento, en lo sucesivo, ya no será ciencia desde arriba (= deductiva, racional) como la teología, sino desde abajo, como la ciencia moderna. Nace, en otras palabras, la perspectiva empirista o empírica.

A su manera, y en un contexto diferente, Prigogine lo señala de manera explícita en otros textos: (hago la paráfrasis) la ciencia moderna es la continuación del medioevo por otros medios. Por ello mismo se impone, quiero decirlo de manera fuerte, un giro radical en la racionalidad científica heredera de la modernidad.

(Quiero aquí abrir un paréntesis importante. Hay que distinguir dos clases de críticas a la modernidad y a la ciencia moderna. De un lado están quienes critican la modernidad con la intención de afirmar que la Edad Media no terminó nunca de cumplirse y que hay que regresar a ella. Y están, de otra parte, los críticos de la modernidad que quieren arrasar con ella en nombre de criterios post-modernistas: como de-construcción de meta-relatos y grandes discursos con tintes diversos. Creo que la crítica a la modernidad debe andar, por así decirlo con la conciencia de este doble abismo de lado y lado).

De suerte que la preocupación primera de la Modernidad se expresa en un dúplice problema: de una parte, el interés por conocer y determinar a la naturaleza: lo que sea ella, el espacio que implica o supone, y el lugar que en ella tienen los seres humanos. Y de otra parte, la configuración de un nuevo lenguaje y nuevos modos y métodos de pensamiento. Pues bien, contra el método deductivo emerge una racionalidad de tipo analítico y empírico. Así, los dos problemas se unen en una expresión que pude traducirse como: la naturaleza es la garante de verdad de los juicios y con ella hay que contrastar las hipótesis y afirmaciones, y la naturaleza es susceptible de comprensión por medios analíticos, para lo cual la matemática habrá de desarrollar sus propios instrumentos, como efectivamente sucede. Los dos más destacados instrumentos, de lejos, son la geometría analítica y con ella la trigonometría, y posteriormente con Leibniz y Newton, el cálculo: cálculo diferencial y cálculo integral. Posteriormente surgirán también las funciones, la estadística y demás.

Hay que decir que la interpretación y valoración que hace Dávalos de la razón analítica está sobredimensionada. Sí es cierto que la racionalidad moderna es analítica, pero no es únicamente analítica. Si no, no podría explicarse la obra de autores tan distintos como Spinoza, Newton mismo, Kant, Hegel o Marx, por ejemplo –los cuales no pueden reducirse a una estructura de pensamiento estrictamente analítica. Más aún, el concepto de “analítica” merece, por tanto, una consideración por sí misma.

La primera vez que la analítica emerge con estatuto propio en la historia moderna es con la obra del positivismo, en general y, más específicamente y sin confundirlo con aquel, con el empirismo lógico que habrá de ser la mejor cara de la filosofía analítica. Esta a su vez, ulteriormente, en la historia del pensamiento filosófico desembocará en, o dará lugar a, el pragmatismo. Ignoro si la preferencia de Pablo por el pensamiento analítico va tan lejos como para abrazar estas posiciones. Pero esta es una decisión propia.

De hecho, sostener que todo el debate en la transición Edad Media-Modernidad se reduce al cambio de la hermenéutica hacia la analítica es ingenuo. Por no decir reduccionista, justamente. Si hubiera polémica hasta diría: ideológica. Pero no es el ánimo, en absoluto. Lo que sí es evidente es la carga política que la epistemología, la filosofía y la historia de la ciencia tienen. Es algo que nunca debe soslayarse.

Debo decir –simplemente en passant– que lo que afirma el amigo ecuatoriano acerca del medioevo es, grosso modo, simplificador. Bastaría con una lectura atenta a las maravillosas contribuciones acerca de ese período por parte de la Escuela de los Anales (L. Fèbvre, M. Bloch, H. Pirenne, J. Le Goff, F. Braudel, Ph. Ariès, B. Lepettit, para mencionar tan sólo los nombres más destacados) para reconocerlo. Con todo y la advertencia de que se trata no de una defensa del medioevo, sino de rigor conceptual, histórico, epistemológico. Estas lecturas de la Edad Media nos permiten un reconocimiento sorprendente: las (pretendidas) rupturas de la Modernidad con el Medioevo nunca fueron verdaderamente radicales y, por consiguiente, se impone un mejor conocimiento acerca de esos 10 siglos de la época de la oscuridad (literalmente hablando, como es sabido).

Ahora bien, no se puede sostener que toda la modernidad esté impregnada por el espíritu del positivismo –un concepto que nace con el padre de las ciencias sociales y humanas, justamente: A. Comte, quien fundará la religión positivista uno de cuyos templos, literalmente, más importantes, se encuentra en Brasil y que se denomina a sí misma “Religión de la humanidad” (Cfr. http://www.igrejapositivistabrasil.org/br/). Ello sería desconocer de un plumazo los debates entre Descartes y Spinoza, Descartes y Malebranche, Hegel y Kant, Kant y Fichte, Hegel y Marx, Marx y Feuerbach, Marx y Stirner, Hegel y Schopenhauer, Schopenhauer y Nietzsche, por ejemplo). Peor aún, sería tratar de meter a unos en “analíticos” y a otros en “hermenéuticos” como se infiere, sin dificultad de toda la segunda sección del texto de Dávalos. Por lo demás, habría sido más prudente omitir cualquier referencia a la física cuántica que despacharla en una o dos líneas, por lo demás con afirmaciones tan generales que resultan equivocadas. Esto ni facilita el diálogo ni cumple una función social o pedagógica adecuadas.

Todas las ciencias que nacen en la modernidad –incluso posteriormente hasta hoy– nacen a la luz, o bien a la sombra, de la mecánica clásica newtoniana. Excepto dos ciencias: la química que debe su nacimiento a la alquimia y a la rupturas que produce el texto de Cook sobre la micrografía, y la biología, con Darwin, y ello no obstante la admiración que el joven Darwin le debía a Newton. Pero si se tiene en cuenta ese otro nacimiento de la biología como ciencia al margen de la luz o la sombra de la física newtoniana que es Lamarck, entonces el juicio se fortalece. Con todo y el papel secundario que, acaso por razones extracientíficas, la historia de la ciencia le ha otorgado a Lamarck a favor del Darwin.

Esto quiere decir: todas las ciencias de la modernidad nacen con el espíritu de la mecánica clásica newtoniana; para bien o para mal. Digámoslo de manera franca: el nacimiento de las primeras ciencias sociales y humanas estuvo marcado por el mismo complejo de inferioridad, por así decirlo, ante la física de Newton. Desde los fisiócratas y el posterior nacimiento de la economía, hasta la antropología y la sociología, desde la psicología hasta la filosofía. Es lo que se expresa en nombres como Wundt, Ricardo y A. Smith, Morgan y algún Marx y definitivamente Engels, Compte y Saussure, por ejemplo.

Dicho puntalmente: las ciencias sociales y humanas nacen con referencia a, y como contraposición con, las ciencias exactas, físicas y naturales (para decirlo a la manera de la tradición francesa). Pero, peor aún, nacen con un afán disciplinar –en toda la línea de la palabra. Quisiera decirlo con toda la carga de la expresión: la ciencia clásica se define con caracteres medievales así: por género próximo y diferencia específica. Se es economista porque no se es sociólogo; se es biólogo porque no se es matemático, y así sucesivamente. Extrapolando la expresión de Foucault: la ciencia moderna, toda, constituye un proceso de disciplinarización del conocimiento y de la sociedad.

En otro texto (cfr. http://www.moebio.uchile.cl/36/maldonado.html) he sostenido que hoy cabe, razonablemente, reconocer que no existe un único sistema social, como abierta o tácitamente pretendieron las ciencias sociales. Por el contrario, podemos distinguir tres clases de sistemas sociales, así: sistemas sociales naturales, sistemas sociales humanos y sistemas sociales artificiales. Recuperando, por ejemplo, el buen espíritu de la cuchilla de Ockham, una teoría de sistemas o fenómenos sociales debería poder cruzar, abarcar o implicar a las tres clases de sistemas o fenómenos sociales, pues, tal y como sucede actualmente, tener –¡por lo menos!– tres clases de teorías para cada uno de los tipos de sistemas sociales es lógica, epistemológica, filosóficamente oneroso. À la lettre, las ciencias sociales no saben exactamente de qué hablan cuando tratan de sistemas sociales, pues desconocen los otros dos tipos. In extremis, el concepto mismo de “ciencia social” –de origen decimonónico– se revela, hoy, como arcaico, caduco o desueto.

La ciencia de punta –y en particular un campo en el que he venido trabajando hace poco: las ciencias de la complejidad– se caracteriza porque rompe la división y la clasificación disciplinar de las ciencias, las disciplinas y las profesiones. Y más radicalmente, permite reconocer que el objeto de la ciencia y la filosofía –como de hecho de la existencia misma– no es ya el objeto –cualquiera que él sea, ni tampoco las relaciones entre objeto y sujeto–. El tema es la vida. Las ciencias de la complejidad son ciencias de la vida, y con y desde ella es posible, manifiestamente, superar el dualismo: cualquier tipo de dualismo. Podemos en lo sucesivo trabajar no en función del objeto, sino de la vida. Evidentemente, esto se trata de bastante más que de un simple desplazamiento semántico.

La historia del dualismo se encuentra en el ADN de la civilización occidental. Como consecuencia, la civilización occidental es binaria, maniquea. Ha habido otras civilizaciones en la historia de la humanidad, pero ninguna ha hecho de la bandera del dualismo en sus múltiples expresiones un tema tan propio como la historia de estos 2500 años. De suerte que la superación del dualismo no simplemente corresponde a la superación del medioevo: o acaso de la ciencia moderna; incluso acaso del capitalismo. Más fuerte y radicalmente, el tema se corresponde con la superación de esta civilización una de cuyas facetas es el medioevo o la modernidad o el capitalismo.

Pues bien, son muy pocos los autores, escuelas o líneas de pensamientos que se han dedicado, frontal y decisivamente, a confrontar e intentar superar el pensamiento binario. Sobran dedos de las dos manos para ilustrarlos con claridad. Una de ellas son las ciencias de la complejidad. Y éste constituye uno de los atractivos de esta clase de investigación de punta en el mundo de corte eminentemente interdisciplinar, cruzado, transversal.

Las ciencias sociales pueden y deben, efectivamente, abrirse. Manifiestamente, no pueden abrirse al mundo, a la sociedad o a la naturaleza puesto que, de alguna manera, siempre lo han estado, desde su nacimiento. La apertura a la que nos referimos, a propósito del Informe coordinado por Wallerstein, es hacia las ciencias naturales, exactas o física. Pero, como en todos los encuentros, se tratará, entonces, necesariamente, de la apertura recíproca de este grupo de ciencias hacia las ciencias sociales y humanas. Como lo observaran autores tan distintos entre si como J. M. Ots Capdequi (desde el derecho) y T. Todorov (filósofo e historiador), el descubrimiento de “uno” por parte de “otro” corresponde siempre a un descubrimiento de sí mismo en relación con lo otro. O lo que es equivalente, todo encuentro siempre transforma a las partes que se encuentran y descubren, y la historia jamás volverá a ser la misma.

El concepto de vida permite, efectivamente, superar los dualismos y preocupaciones acerca de la physis. Al fin y al cabo la quintaesencia de la psicología, como la quintaesencia de la filosofía, por ejemplo, es la biología. Fue lo que dejaron en claro hace ya varios lustros autores como Maturana y Varela, S. Kauffman o R. Solé y B. Goodwin. La verdadera physis, en otras palabras, es la vida misma, la cual ni produce ni permite extrañamientos ni enajenaciones, dualismos y instrumentalizaciones de ninguna clase.

En verdad, gracias a desarrollos de autores como J. Lovelock, L. Margulis, S. Kauffman y con antecedentes clásicos como I. Vernadsky y D. Thompson, por ejemplo, cabe sostener con plausibilidad que la verdadera physis es bios, con lo cual la contraposición entre physis y sociedad resulta insostenible.

Las ciencias sociales y humanas –un concepto à la lettre decimonónico– no pueden ya más ocuparse de los seres humanos al margen de su relación con la naturaleza en su acepción al mismo tiempo más amplia e incluyente. Así, el fenómeno humano no es de un estatuto mejor, superior o diferente al propio estatuto de la naturaleza y la vida. Pero si ello es así, más vale que las “viejas” ciencias sociales aprendan algunos elementos acerca de lo que es la vida, lo que hacen los sistemas vivos para vivir, las lógicas de la naturaleza.

No que estos aspectos formen parte –exclusivamente– de las ciencias naturales. Pero sí que los temas atinentes a los individuos, las sociedades, los pueblos, las culturas, el estado (¡con minúscula!), por ejemplo, no pueden ya ser tratados con seriedad como asuntos exclusiva y eminentemente humano-sociales, punto. Pues en tanto que tales, se impone la ideología (= falsa conciencia).

Se impone aquí una observación. Se trata de la comprensión según la cual las ciencias naturales son exactas –contrario sensu a las ciencias sociales. No existen las ciencias exactas, dado que los últimos bastiones, por así decirlo, que eran las matemáticas y la lógica, han sufrido serios embates. De manera definitiva, K. Gödel demostró que la matemática es incompleta. Y por el lado de la lógica, surgieron las lógicas no-clásicas que representaron un cisma radical en el edificio construido desde Aristóteles y que se proyecta hasta la lógica simbólica y la lógica matemática. A fortiori, tampoco existen las ciencias positivas. Aquí es suficiente un cuidadoso estudio y una sensible y actualizada lectura para entender que las miradas se enrumban en otras direcciones. Toda la mejor bibliografía en el mundo acerca de filosofía de las matemáticas, por ejemplo, ya reconoce sin dificultad este punto.

En lo que sí no cedemos los científicos y filósofos en general es en el rigor. Y sí: el rigor es –para decirlo de manera lenta y pormenorizada– semántico, conceptual, lógico, o computacional. Un criterio de demarcación claro entre la ciencia y la pseudo-ciencia es el rigor y que puede expresarse en fenómenos como la experimentación, pero también en otros como el modelamiento y la simulación, por ejemplo. Lo que sucede es que en la afirmación: las ciencias son formales, la formalidad no tiene absolutamente nada que ver ya con la ciencia, la lógica y la matemática clásica. La formalidad, más bien, hace referencia al rigor. Que es lo que hace falta a campos tan disímiles entre sí como el sentido común, la magia, la religión, las ideologías, o pseudo-ciencia como la astrología o la numerología, por mencionar sólo algunos.

La cientificidad de las ciencias pasa por varios aspectos y niveles. Estos incluyen: la capacidad de referencia a la experiencia –cuando es necesario y posible; que no siempre es el caso-; la inteligente combinación de juicios, conceptos y categorías con tropos (metáforas, símiles, sinécdoques, etc.); la capacidad de resolver problemas con la cada vez mayor y mejor capacidad, adicional, de formular o concebir problemas; el rigor semántico evitando ambivalencias, aunque no necesariamente ambigüedades; de manera definitiva, la capacidad de adaptación al paisaje científico y cultural del momento y, con ello, la capacidad de aprender de otras ciencias y disciplinas e interlocutar e interactuar con ellas enriqueciéndolas y a su vez enriqueciéndose a sí mismas; el buen uso de la imaginación y la fantasía para concebir posibilidades y no únicamente el realismo; de manera conspicua, la sensibilidad hacia las artes y la estética – con el reconocimiento explícito de que ya no hay ciencias mejores que otras, saberes más acabados o perfectos que otros, en fin, disciplinas de primer y de segundo rango; claramente, la capacidad de innovar, la capacidad de apuesta y riesgo.

Recientemente hemos logrado comprender que es efectivamente posible hablar de progreso en el conocimiento. Han surgido nuevas ciencias como síntesis, fundadas en problemas de frontera. Los ejemplos más claros son (históricamente hablando): las ciencias cognitivas, las ciencias de materiales, las ciencias de la salud, las ciencias de la vida, las ciencias de la tierra, las ciencias del espacio y las ciencias de la complejidad. Con total seguridad, los problemas más fascinantes, apasionantes, preocupantes son –cada vez más– problemas de frontera. Por ello mismo, à la limite, hemos hecho también el tránsito de la heurística a metaheurísticas. Todos estos, temas, aspectos, campos, problemas y enfoques que nos ponen de manifiesto que todos, incluidos los científicos sociales, debemos aprender de las dinámicas del conocimiento, del avance del conocimiento, y que lo que está sucediendo es, literalmente, una revolución científica y tecnológica –para decirlo con Kuhn (aunque sin casarnos necesariamente con él).

Pablo D. fundamenta en todo su análisis en Marx y el marxismo, y ambos definen, por completo el marco de referencia de sus consideraciones. Desde luego que Marx me merece el máximo respeto y aprecio. Lo que se debe poner de manifiesto es que el marxismo cayó en la trampa que el mismo amigo ecuatoriano había señalado unos párrafos antes, de creer que la buena ciencia consiste y se funda en leyes. Así, “El marxismo elude las trampas del positivismo. Las leyes que descubre y describe para la crítica de lo social son leyes sociales, no son leyes naturales. Lo social no puede estar adscrito ni prescrito por leyes naturales como lo pretende el positivismo. Son leyes que nacen desde la praxis humana y que incorporan un sentido de emancipación inexistente en el positivismo: si los hombres hacen la historia, entonces pueden transformarla”.

Pues no: taxativamente no. No solamente la buena ciencia de hoy no necesita fundarse en, ni descubrir y formular, leyes, sino que, peor aún, la idea de leyes de la sociedad y la historia, de la economía y del pensamiento es una expresión clara de la sombra que Newton proyecta, todavía, sobre algún marxismo. Creo que si el marxismo abandona su creencia en leyes no deja de ser (buen) marxismo. Quizás impera aun en el lenguaje el atavismo, cuando no el peso de la autoridad (alguna autoridad). La última vez que la ciencia en general consideró el tema fue con un texto clásico de E. Schrödinger, y con el trabajo, cuyo título es por lo demás significativo de R. Feymann: “El carácter de la ley física”.

Consiguientemente, la pelea con el positivismo científico –una de cuyas más aberrantes expresiones es la ingeniería social en toda la línea de la palabra– es legítima y hay que librarla con mil motivos. Pero para ello enarbolar la pelea de las “leyes”, contraponer una clase de leyes con otras y demás, es poco menos que artificioso e intelectualmente inútil. Lo que resulta a todas luces inadmisible, es que el texto del Informe Gulbenkian y el libro de Maldonado acerca de la importancia y la necesidad de la apertura de las ciencias sociales implica pedirles a las ciencias sociales “que renuncien a ese legado crítico que constituyó el marxismo y que se conviertan en un momento más de la emancipación de la physis. Es decir, en ciencias sociales llenas de fórmulas matemáticas, con un lenguaje abstruso e inextricable, con hipótesis supuestamente rigurosas (que incluso pueden relevar de las nuevas propuestas interpretativas como la termodinámica no lineal), pero vacías de historia, vacías de sociedad, amorales e ideológicas. En otros términos, abrir las ciencias sociales es una propuesta por reinventar al positivismo en un momento en el que éste ya no se sostiene”. Se revela en esta cita al mismo tiempo una petición de principio y una profesión de fe. Que es bastante más que lo que se pedía, por lo demás.

Personalmente no tengo ningún inconveniente con que las ciencias naturales se abran a las ciencias sociales. Pero la lista de los buenos científicos que se han abierto a las ciencias sociales es larga, amplia y sólida. La omito aquí, por razones de espacio. Lo dicho: bastaría con un estudio pormenorizado y juicioso de la ciencia, la filosofía y las artes en términos de investigación de punta en contextos interdisciplinarios.

De suerte que el lugar de las ciencias sociales no se encuentran simple y llanamente del lado de la sociedad, de lo humano (o lo humano-social), como tampoco únicamente del lado de los invisibles, los sin-voz, los oprimidos y los excluidos. Pues nada de ello es suficiente, si bien es necesario. Además y fundamentalmente se encuentra del lado de la afirmación, la exaltación, el posibilitamiento y la dignificación de la vida, con calidad. Que es, si cabe, una categoría más transversal que la de lo meramente humano. La exaltación de lo humano no puede darse al lado de, al margen y a costa de, la naturaleza. Por mor del diálogo con el amigo ecuatoriano, pero con él, más allá de él, quisiera decirlo en términos autóctonos. Se trata, al fin y al cabo, del sumak kawsay – que en la tradición quechua –y mejor aún, Aymara– se traduce mejor como suma qamaña. Pero para quienes no conocemos bien la tradición ecuatoriana o boliviana, podemos expresarlo al mejor espíritu griego: todo el problema consiste en el eupraxein, vivir bien. Y que es más, bastante más que lo meramente humano, como la buena ciencia ha llegado a aprenderlo de una parte de nuestra tradición prehispánica.


Carlos Eduardo Maldonado*
Profesor Titular
Universidad del Rosario
Bután, un pequeño país entre la India y China, ha dado un enorme paso hacia un mundo más sostenible y ecológico. El país ya es conocido por practicar una política muy especial: primar la felicidad de las personas sobre los intereses económicos. De hecho, usa, en vez del PIB, los índices llamados Felicidad Bruta Nacional (FBN) y Felicidad Bruta Interna (FBI) para basarse en la toma de decisiones políticas: lo que importa es la calidad de vida desde criterios psicológicos en vez de económicos.

Los cuatro pilares de la FBN son la promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno.
La agricultura ecológica ayudará a lograr los tres primeros, ya que, respecto a la conservación de la propia cultura, los métodos tradicionales (así como los cultivos locales) son, casi siempre, los más apropiados para lograr una agricultura sostenible.
Lo cierto es que el paso a una agricultura 100% ecológica no ha sido difícil para Bután, ya que muchos de sus granjeros y agricultores ya usaban métodos orgánicos para el cuidado de sus granjas y cultivos, aunque no estuvieran certificados.

El Ministerio de Agricultura lanzó un plan para desarrollar este tipo de agricultura en 2007. No sólo se trataba de proteger el medio ambiente, sino también un modo de enseñar a los agricultores nuevos métodos que les ayudarán a cultivar más alimentos y conseguir así la autosuficiencia alimenticia del país. El Ministerio ayudará ofreciendo asistencia técnica a los agricultores que opten por lo ecológico.

Cerca de la frontera con la India, el estado de Sikkim, será uno de los primeros que llegue a conseguir una agricultura ecológica en 2015. El último en lograrlo será el estado de Kerala, que empezó el cambio a una agricultura orgánica en 2010. El camino es más largo. Pero llegará, que es lo importante.


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Martes, 21 Agosto 2012 17:50

Primeros pasos para una constitución popular

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“El soberano solo puede estar representado por sí mismo”. Con esta frase de “El Contrato Social” de Rousseau se inició el llamamiento de las Asambleas Ciudadanas Constituyentes. Este movimiento apuesta por poner en marcha un proceso constituyente popular que termine con la promulgación de una nueva Carta Magna redactada por la ciudadanía.

Cerca de 4.000 personas han firmado hasta ahora el llamamiento, donde se recuerda que ya se han cumplido más de dos siglos desde los primeros procesos constituyentes que inspiraron grandes revoluciones democráticas, “entre ellas, la que engendró la Constitución de Cádiz de 1812″.

En estos momentos, “las condiciones nos obligan a una nueva revolución democrática”, según el texto, debido a que actualmente, “los golpes de Estado se suceden uno tras otro, y si en otros tiempos los llevaban a cabo sólo militares y oligarquías, ahora llegan también de la mano de los mercados financieros”. Ante esta situación, “es necesario ejercer la soberanía popular, y poner en marcha un proceso constituyente para construir pacífica y participativamente, desde abajo y con los de abajo, una nueva Constitución, fruto de una revolución democrática”.

Proceso que decidió emprender este movimiento constituyente en su primer encuentro, que tuvo lugar el pasado 17 de diciembre en Sevilla, donde se reunieron unas 150 personas procedentes de diferentes puntos del país. “De Sevilla surgió la idea de ir a Cádiz, aprovechando el doscientos aniversario de las Cortes Constituyentes de la Constitución de 1812. No lo hacemos porque seamos liberales, sino porque se trata de la conmemoración del primer proceso constituyente que se dio en España”, explicó a Noticias Positivas José Luis Martínez, miembro de las Asambleas Ciudadanas Constituyentes de Cataluña.

Martínez añadió que la intención de las asambleas constituyentes es “elaborar por primera vez una constitución dictada por el pueblo, ya que ni la de Cádiz fue así. Hay que recordar que la redactó un grupo de notables”.

En Cádiz fueron llamadas a acudir todas las asambleas constituyentes surgidas desde el inicio del movimiento. “Contamos con grupos en Huelva, Sevilla, Cádiz, Valencia, Granada, Madrid, La Coruña, Barcelona y Lleida”, destaca a Noticias Positivas Manel Monsonís, que milita en la asamblea barcelonesa y es además miembro del grupo de coordinación a nivel estatal del movimiento.

Leyes ilegítimas


“También estuvo previsto que acudieran varias personas procedentes de París, donde se inició un proceso similar. Además, estuvieron en contacto con la gente de Chile, para que fuese el compañero que inició en ese país, en el año 2006, un movimiento para la reforma de la constitución. Empezó él solo con una pancarta, y ahora hay millones de personas detrás”, destacó Monsonís, que añadió que también en países como Nepal, Islandia o Perú se está empezando abordar la idea de una asamblea popular constituyente.

“Es como si de repente, en distintos lugares se estuvieran dando cuenta de todo lo que está provocando esta situación que han llamado crisis, y que yo más bien la llamaría estafa. Países regidos por normas que pueden ser completamente correctas desde el punto de vista ser legal, pero que son ilegítimas”.

El miembro del grupo de coordinación estatal de las asambleas pone como ejemplo la última reforma de la Constitución Española aprobada en 2011. “El pasado verano vimos cómo rápidamente se reformó un punto importantísimo que primaba la devolución de la deuda por encima de cualquier gasto social. Este tipo de medidas son las que terminan de deslegitimar la Constitución, ya que a las personas no se las consulta ni siquiera para algo que puede marcar sus vidas”.

Martínez también criticó esta última reforma de la vigente Carta Magna: “dio el poder a las entidades financieras como sujetos de la recepción de los fondos públicos, de forma previa a cualquier otro gasto, social o no”.


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