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  • Autor: CARLOS EDUARDO MALDONADO*
  • Edición: 233
  • Sección: Medios y manipulación
  • Fecha: 20 marzo - 20 abril
Sábado, 25 Marzo 2017 11:55

Mentira y desinformación: los medios y la política

Escrito por  CARLOS EDUARDO MALDONADO*
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En los tiempos que corren es cada vez más difícil distinguir la verdad de la mentira, la realidad de la apariencia. El sistema capitalista ha perdido el norte, y cualquier opción puede ser tomada como el norte mismo. Todo un reto para quienes tienen entre sus sueños sociedades fundadas más allá de la democracia realmente existente.

 

Vivimos tiempos sorprendentes. La tecnología, y la interconexión global y al instante, junto con la concentración y el abuso del poder, además de la crisis en sus diferentes matices que sobrelleva el Sistema Mundo Capitalista, facilitan hoy el surgimiento y desarrollo de fenómenos sociales y políticos como Trump y su ascenso a la cabeza del gobierno de la máxima potencia mundial.

 

Vivimos tiempos de crisis estructural, pero también de cambio. Es así como el actual gobernante estadounidense es el resultado del ascenso soportado sobre un manejo mediático sorprendente centrado no en los grandes y tradicionales medios de comunicación sino en la utilización de grandes bases de datos, de las redes sociales. Y en este proceso las palabras no parecen importar, pues entran en un juego de sentimientos y manipulaciones donde lo que prima es la audiencia a la cual van dirigidas, audiencia valorada, el resto de la sociedad –quienes se oponen al discurso dominante– simplemente es desconocida, excluida o reprimida. Todo ello cuidadosa y estratégicamente manipulado.

 

Trasformaciones que nos obligan a mirar y detallar otras épocas, que le depararon a la humanidad lecciones que no podemos denegar. Es bien conocido que el triunfo del nacionalsocialismo –el régimen de Hitler– no hubiera sido posible sin dos tecnologías de comunicación: la radio y los megáfonos. La radio le permitía al dictador ser ubicuo en todas las ciudades y pueblos de Alemania, y el megáfono le permitía amplificar las masivas concentraciones y marchas que promovió el nazismo entre 1933-1945. Del otro lado del río, por así decirlo, la BBC se erigía como la emisora de liberación de los aliados, la que mantendría una elevada reputación durante mucho tiempo. Entre tanto, hasta la fecha, los grandes medios de comunicación se convirtieron, literalmente en el cuarto poder. Con una salvedad: su inmensa mayoría (TV, radio, prensa escrita) son privados, y están ligados al poder realmente dominante en todas las sociedades.

 

Con una diferencia notable: en los años 30 del siglo pasado aquello funcionaba sobre un dispositivo de grandes concentraciones, que hoy no son necesarias; antes era más importante la escenografía y la impresión del poder; hoy no parece ser así y lo que sí entra en juego es el mensaje enviado a través de unos dispositivos que les permite inundar y ganar conciencias. La gran diferencia ulteriormente está en el manejo político logrado con las grandes bases de datos, unificando información y datos, segmentando en porciones finas y sutiles a los grupos sociales, en fin, operando con sus temores, ilusiones, biografías –todas las cuales ya han sido plenamente identificadas y trabajadas.

 

El fenómeno en curso, con un Donald Trump encarnando un actor en permanente escena y vocalizando un discurso desparpajado, llevan a decir que el showman y su campaña no mienten: solo presentan “hechos alternativos”, que es la ambigüedad para designar justamente mentiras y engaño. Todo un eufemismo.

 

Pero, cómo se llega a una situación de estas? ¿Ha tenido paralelo en la historia de la sociedad? ¿Cuáles son sus particularidades?

 

Los medios y la desinformación

 

Donald Trump simplemente ejemplifica una tendencia cada vez más generalizada. Cuando se presentan “hechos alternativos”, la realidad es remplazada por palabras. Y entonces, por ejemplo, dejan de existir los paramilitares porque se convierten en bandas criminales (Bacrim), como en el caso colombiano. O bien, en el caso de Siria, los aliados en contra del gobierno de Bashar Al-Assad se llaman demócratas cuando en realidad no pocos de ellos integran el estado islamista, que decapita a sus opositores y a quienes no estén claramente con ellos; por ejemplo.

 

Asistimos a una nueva realidad de los medios de comunicación, a saber: la desinformación (a propósito de lo que están diciendo sobre la mentira). Cabe, naturalmente una pregunta: ¿son los medios mismos los que mienten y desorientan a la opinión pública, o bien sirven como medios al servicio de otros poderes y fuerzas que son quienes organizan y orquestan las sartas de mentiras?

 

Claramente, la información ahora es un peligro para quienes detentan el poder, pues cada vez puede ser menos controlada y aislada de la base de la sociedad. El exceso de conocimiento no parece ser nunca muy bueno para quienes detentan el poder. Precisamente por ello, a los engaños y mentiras los acompañan la banalización del mundo y la imposición de la realidad como espectáculo. Digámoslo sin ambages: si hay un rasgo manifiestamente destacado de los Estados Unidos en el panorama de la historia de las culturas y la civilización es el show business. El espectáculo. Ninguna otra nación en la historia de la humanidad se había destacado en este plano, hasta el punto de que la industria de la cultura y el entretenimiento constituyeran la más importante, en todos los sentidos, de la economía de los E.U.

 

Y en el espectáculo, lo que cuenta es el rating: la verdad queda desplazada a un segundo plano (recuérdese en la primera guerra de Irak –1990-91–, a las cámaras de CNN, estratégicamente situadas, transmitiendo como un show los bombardeos. No se veían cadáveres, solo los juegos de luces sobre Irak, al mejor estilo de Hollywood).

 

Vivimos, han dicho, la época posterior a la verdad, análogamente cabría hablar de la postmodernidad, o el poscolonialismo. Pues bien, la postverdad nos enfrenta al relativismo: las verdades acerca del mundo son inconsistentes e inciertas, todo en el sentido psicológico o emocional de la palabra.

 

Estas características forman parte de la médula misma de la civilización occidental.

 

En verdad, en el núcleo mitocondrial de Occidente, inaugurado ya por Platón, está el problema de la distinción entre el ser y la apariencia: to on/to peudós. El problema, originariamente no planteaba alternativas.

 

Para quienes ostentan tal poder, la gente es un objeto de manipulación: se les entrega “lo que quieren escuchar y lo que quieren saber”. El fundamento de la democracia, en el sentido tradicional de la palabra, es la opinión, y ésta es fácilmente manipulable. Precisamente, ya desde la Grecia antigua, Sócrates se debatía con los sofistas: éstos eran los agenciadores y manipuladores de la opinión (pública). Sócrates buscaba transformar radicalmente la opinión en episteme; esto es, conocimiento fundado, crítico y libre. Los retóricos son y han sido siempre los sofistas de cada época y lugar.

 

La dificultad es que el mundo occidental actual ha perdido por completo la memoria de sus orígenes en la Grecia antigua y, peor aún, no cabe ya volver atrás. La imposibilidad de echar marcha atrás a la historia ha conducido a lo mejor del mundo actual a este error: hechos alternativos, juegos borrosos (ni siquiera difusos) entre verdad y apariencia, el relativismo en el sentido psicológico y emocional de la palabra, en fin: a la confusión y al nihilismo –y no en última instancia la sociedad y la vida como espectáculos. Nietzsche sostenía que el nihilismo no es la ausencia de valores. Todo lo contrario: se trata de la proliferación de valores de tal manera que, al cabo, da lo mismo elegir por uno o por otro, o elegir por uno a costa de otro(s).

 

Este lenguaje tiene una expresión bien exacta: el libre mercado. El capitalismo.

 

Como consecuencia, terminamos haciendo cosas con palabras, algo que, por lo demás, siempre ha sucedido en la historia de Occidente. Eso se llama simple y llanamente etiquetar, categorizar. Pero, peor aún, las cosas mismas terminan siendo desplazadas por palabras, y los problemas reales, resueltos en términos de palabras. Buenos ejemplos son: “terrorista”, “enemigos del estado”, “enemigo”, “democracia”, y muchos más.

 

Con todo ello, en realidad, lo que se busca es desinformar. Algo que, en la historia reciente, comienza a raíz de la primera guerra de Irak, cuando se monta toda una maquinaria con la finalidad de eliminar del poder a Sadam Hussein y, literalmente, destruir a este país. O bien, en otro plano, es el hecho mismo de que dados los innumerables conflictos y guerras en curso, las bajas propias ya no se informan.

 

En síntesis, según todo parece, es cada vez más difícil distinguir la verdad de la mentira, la realidad de la apariencia. El sistema capitalista ha perdido el norte, y cualquier opción puede ser tomada como el norte mismo. La clave para el manejo de la realidad y su presentación ante las grandes audiencias depende de la fuerza que se haga ante la opinión pública, la publicidad y la propaganda.

 

* Profesor Titular Universidad del Rosario.
** Un estudio acerca de su importancia y complementariedad debe quedar para otra oportunidad, pues sus ideas dominan hoy ampliamente en el panorama de las democracias occidentales, a pesar de la derrota militar el nacionalsocialismo.

 


 

Recuadro 1

 

Reconsideración: Publicidad, propaganda y Goebbels

 

El nazismo fue posible en su manejo discursivo y de opinión pública a partir de dos personajes centrales, no tan conocidos como sí lo fueron algunas figuras militares: el Ministro de Propaganda, J. Goebbels, y el Ministro de Ciencia, Educación y Cultura Nacional, B. Rust.

 

El primero de estos desarrolló una serie de principios publicitarios, a los cuales es necesario volver, una y otra vez, cuando de la manipulación se trata, así como de la mentira y la verdad. Tales principios son:

 

Principio de simplificación y del enemigo único.
Basta con presentar e insistir en una idea única y básica. En el caso de Trump, se trata de: “America first”. Y el enemigo puede ser individualizado y anatematizado (islamistas, chicanos, ilegales, chinos....).

 

  • Principio del método de contagio.
Distintos adversarios pueden ser reunidos en una sola categoría: los enemigos del estado; los enemigos de la democracia; los enemigos de la libertad.
  • Principio de la transposición.
La mejor defensa es un ataque, y si no es posible negar las noticias adversas, se inventan otras para distraer a la opinión pública.
  • Principio de la exageración y desfiguración.
Exagerar y calumniar. En Colombia G. Alzate Avendaño bien lo sabía: “¡Calumnia, que algo quedará!”.
  • Principio de la vulgarización.
El nazismo como el populismo le habla a la clase media, al gran público. No a los intelectuales ni a los científicos y tampoco a la comunidad internacional. Lenguaje simple y llano, y si se puede, enredo con grandes cifras rápidas.
  • Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. Una mentira repetida muchas veces termina convirtiéndose en una verdad.
  • Principio de renovación.
Tomar siempre la iniciativa en materia de información y publicidad, de modo que los rivales estén siempre a la defensiva.
  • Principio de la verosimilitud.
Lo importante no es la verdad sino convencer a la sociedad con informaciones parciales, variadas y difíciles de contrastar permanentemente.
  • Principio de la silenciación.
Acallar toda información que tiene que ver con los adversarios, a menos que sea siempre para disminuirlos.
  • Principio de la transfusión.
Avivar mitos, leyendas, decires y lugares comunes. Y trabajar definitivamente con las emociones y sentimientos de las gentes.
  • Principio de la unanimidad.
Hablar de mayorías, pensar en unanimidad, en fin, hacer creer y sentir que se representa a las mayorías, sin más.

 

Estos principios de la propaganda y la publicidad también expresan, perfectamente, el reconocimiento expreso de que los populismos, al igual que las dictaduras à la Hitler o Mussolini, son siempre formas de Estado con amplio arraigo de masas. Y nada distinto sucede con la democracia realmente existente, por lo demás. Le Pen, Macri, Uribe, Trump, Rajoy o Aznar, y muchos otros, aquí y allá.

 

Resumiendo: una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad.

 


 

Recuadro 2


Medios alternativos, nueva democracia

 

El pensamiento político clásico –Montesquieu– distinguió y creó los tres poderes tradicionales: el ejecutivo, el judicial y el legislativo. El cuarto poder es el resultado del impacto social de los grandes medios de comunicación sobre la generación de opinión en el mundo y, por tanto, de estilos y hábitos de vida. Pues bien, Internet en general, y en consecuencia las llamadas redes sociales y la web semántica vienen a configurar lo que adecuadamente ha dado en llamarse el quinto poder. Un poder alternativo y emancipatorio (Primavera árabe, movimiento de Indignados, Occupy Wall Street, el movimiento de estudiantes chilenos, y los nuevos-nuevos movimientos sociales, por ejemplo).

 

Nuevas formas de comunicación implican nuevas formas de organización social. Y por tanto nuevas formas de acción colectiva. La verdad es que estamos apenas en los albores de este fenómeno y las mejores oportunidades para los medios de comunicación independiente están aún por venir, hacia futuro.

 

En este proceso la gente puede organizar la información mottu propio, y puede decidir qué información es válida y necesaria y cuál no lo es. Facebook, twitter, snapchat, instagram, whatsapp, y varias más constituyen mecanismos novedosos de expresión y de acción social con impactos que pueden rastrearse sin dificultad alrededor del mundo. Es lo que sucede en las redes a propósito de la reacción de los latinos (“ilegales”) con respecto a las políticas de Trump. O el boicot a las transnacionales de alimentos en Alemania, o a transnacionales con políticas nocivas para el medioambiente.

 

Tres ejemplos y tres casos de “hechos alternativos”, mentiras y desinformación pueden aportarse sin dificultad:

 

A propósito de la presidencia de Donald Trump, los medios de comunicación presentan un falso dilema A. De acuerdo con la versión normal, Trump representa la cara opuesta del liberalismo y el neoliberalismo, el fin de la globalización, y su propuesta, análogamente a la de toda la derecha y la extrema derecha europea es el proteccionismo. Trump aquí, M. Le Pen, allá, por ejemplo.

 

Al mismo tiempo, hace unos meses conocimos cómo una campaña perfectamente organizada desde el exterior se implementó en Brasil con la ayuda fundamental del más prestigioso medio de comunicación brasilero, conducente a tumbar a Dilma Rousseff. Una serie de mentiras, repeticiones, calumnias y desviaciones de información lograron finalmente su cometido. Todo ello sobre la base de que muchos dirigentes del PT (Partido de los Trabajadores) se dejaron empantanar por las lógicas del poder.

 

Mientras que las llamadas redes sociales muestran torpezas y equivocaciones lingüísticas y otras semejantes de Nicolás Maduro, prácticamente nada semejante con respecto a Mariano Rajoy, el presidente de España, quien tiene exactamente los mismos niveles de inteligencia/error que Maduro.

 

Que Internet no puede ser controlada totalmente significa que los grandes poderes no pueden controlar enteramente las dinámicas y estructuras de la web 2.0, 3.0 y los desarrollos en curso. Las comunidades y las sociedades han aprendido a leer y seguir espacios que anteriormente eran inimaginables: Wikileaks, Hispantv, China Today, Russia Today, Le Monde diplomatique, emisoras universitarias, radios comunitarias, y los diversos modos nacionales de prensa independiente, por ejemplo. Prensa independiente: cuando lo que las empresas y las grandes corporaciones, las instituciones y los Estados piden es afiliación, pertenencia, lealtad y fidelidad. Por ejemplo, ese concepto propio del marketing: “la fidelización del cliente”.

 

Las ventanas de oportunidades se han abierto de modo magnifico, y la sociedad como un todo ha ganado enormemente en grados de libertad. Como consecuencia, la gente puede desarrollar criterio propio, autonomía, independencia, en fin: libertad.

 

El tema de base es el de cómo implantar ideas en la gente. Pero también, cómo liberar a las personas de falsas creencias, falsa información, y cómo motivarla para que rompa su apatía política, disponiéndose a desplegar participación y liderazgo en pro de una sociedad diferente. Pues bien, en este dilema va el reconocimiento explícito de que otra democracia es posible y sí: otro mundo es posible.

 

La lucha, dicho en el lenguaje clásico de la literatura, es entre oscuridad y medias luces de un lado, y transparencia, conocimiento e información veraz de otro. Vivimos una auténtica revolución en curso que habrá de dirimirse en función de la capacidad de que la gente produzca, conozca y comparta sus propias informaciones y no aquellas orquestadas en otros lugares.

 

No sin razón ya lo sostenía M. McLuhan: el medio es el masaje. Contra esto exactamente es que la prensa independiente, en toda la acepción de la palabra, apunta en la dirección al valor mismo de la vida: pues más y mejor información se traduce siempre en más y mejores condiciones de dignidad y de calidad de vida.

 


 

Recuadro 3


“Hechos alternativos, postverdad y mentira”

 

Gracias a Wilikeaks se ha sabido que la CIA (Central de Inteligencia Americana), ha emprendido desde hace años una campaña sistemática de espionaje a gran escala, y que, al mismo tiempo, ha perdido el control de los mecanismos y procesos del espionaje. El hecho revela que no es simplemente una política de gobierno; mucho mejor, es una política de Estado, que por tanto trasciende a las administraciones de Obama o de Trump.

 

Es evidente que, alrededor del mundo existe una intensa disputa por el control de internet, en la cual están inmersas agencias como la CIA, compañías como Google o Facebook, y en la cual cada día se refinan los instrumentos y procesos. Pero es igualmente cierto que existe, de otra parte, un esfuerzo por parte de gobiernos, estados, Ongs, grupos de ciudadanos* en sentido contrario, buscando defender a la sociedad de políticas de control y espionaje. Es todo el movimiento de hacktivistas. Nos encontramos, literalmente, en medio de una guerra. Una guerra velada y encubierta, en la que la primera víctima es la verdad.

 

En efecto, la sistemática introducción de “hechos alternativos”, juegos de palabras, nominalismos y semantización del lenguaje han dado lugar a ese eufemismo horrible que es la post-verdad. Como si viviéramos hoy en la era posterior a la verdad, en donde la apariencia y la realidad no pueden distinguirse. Los poderes de facto han descubierto que tienen pánico a la información, la transparencia, la verdad. Por eso las persecuciones contra Wikileaks, o Anonymous, por ejemplo, en la cual la democracia queda reducida a la nada. Si así es, debemos preguntarnos por la posibilidad de una democracia superior a la realmente existente, la cual debemos ir dibujando en algunas de sus precondiciones. Apuntemos ahora al menos una:

 

Una nueva democracia es posible, a saber: una democracia que se defina de cara a la transparencia, y más y mejor información y conocimiento. La democracia clásica y aún imperante tiende a desaparecer, aunque tiene aún muchos poderes e instrumentos. Nos encontramos en medio de procesos en los que el mundo antiguo se desmorona y en el que un nuevo mundo emerge, gracias al reconocimiento de que la vida y el conocimiento son una sola y misma cosa. Análogamente a como el conocimiento no pertenece hoy a nadie, asimismo, la información libre, abierta, compartida y crítica, permite nuevas formas de acción y de vida.

 

* Cfr. Maldonado, C. E., “La lucha por la libertad frente a los controles políticos de la información. Nuevos movimientos sociales, tecnología y acción informativa”, en: Desde Abajo, Febrero, Nº XYX, pp. XYZ

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