Miércoles, 22 Febrero 2017 09:07

Trump y Maduro en caída libre

 

1. Rebelión militar contra Trump

Cuando la policía política de Estados Unidos, el FBI, graba clandestinamente los telefonemas del Asesor de Seguridad Nacional y confidente del Presidente Donald Trump, el general Michael Flynn, para después publicarlos en la prensa imperial (Washington Post); cuando la máxima Agencia de Espionaje Mundial imperialista, la National Security Agency (NSA), deja de enviar sus análisis diarios sobre la situación de seguridad nacional a Trump, su Comandante en Jefe; cuando el general Tony Thomas, Jefe del Comando de Operaciones Especiales (Special Operations Command, ¡sic!) de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que tiene constitucionalmente prohibido meterse en política, dice en una conferencia militar, que "Nuestro gobierno sigue en un desorden increíble. Espero se arregle pronto, porque somos una nación en guerra -- "Our government continues to be in unbelievable turmoil. I hope they sort it out soon because we’re a nation at war"; cuando el Presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, John McCain, se pronuncia públicamente, diciendo que la renuncia de Flynn es una "indicación preocupante" de la "disfuncionalidad del actual aparato de seguridad nacional" y que es "imperativo" que Trump escoja un nuevo Asesor de Seguridad Nacional adecuado; cuando ese nuevo Asesor de Seguridad Nacional, el vicealmirante (ret.) Robert S. Harward, ex Navy SEAL (comando de la marina), rechaza la oferta de Trump, calificándola como un "sandwich de mierda", "a shit sándwich"; cuando el ex Director de la CIA y Secretario de Defensa, Leon Panetta, dice que nunca ha estado "tan nervioso sobre lo que pueda pasar...en la Casa Blanca", que no sabe si "es capaz de responder de una manera pensante" a una crisis, y que no se puede permitir que "el cambio se convierta en caos", entonces se entiende que el fálico Trump entra en pánico y se refugia en el útero electorero de sus delirios: la Florida. Ahí se dio un extenso baño de narcisimo con los correligionarios de sus delusiones y mentiras, para reparar el ego severamente dañado por los golpes del complejo militar-industrial-neocon.

 

2. Tigre de Papel

Contrariamente a lo que pretendía lograr Trump en la Florida, el evento no mostró fuerza, sino que reveló el estado calamitoso en que se encuentra. La magia de la campaña electoral es cosa del pasado y sus amenazas, promesas y bromas, ya no surten el efecto arrollador del 2016. Parecía un temible depredador hace tres meses. Ahora no es más que un payaso y, como dice la antigua frase china, un zhǐlǎohǔun, un tigre de papel. Ante los mazazos de la fracción más fuerte de la clase dominante --el complejo militar-industrial-de inteligencia y su brazo político, los neocons (neofascistas)-- empieza a entender que su infantil utopía de rehacer el sistema oligárquico a su medida, ya está siendo derrotado. Y en su desesperación distópica, para frenar su derrumbe, no se le ocurrió otra estratagema, que declarar que los medios, el NYT, NBCNews, ABC, CBS, CNN, son "los enemigos del pueblo estadounidense" – "the enemy of the American People!"

 

3. Rumbo al colapso

Si Trump alguna vez hubiera estudiado al más grande genio militar latinoamericano, Fidel Castro, o a Sun Tzu o von Clausewitz, hubiera entendido que la mejor guerra es la que no se hace. Pero, cuando se está obligado a hacerla, hay que concentrarse en un solo frente, no abrir campos de batalla por doquier. En las pocas semanas en la Oficina Oval, ya ha sido derrotado tantas veces de manera humillante, y sembrado tal caos interno y geoestratégico, que la power elite (elite hegemónica) se ha convencido de que es un bufón prescindible y disfuncional para el sistema. Y, que, a la primera ocasión hay que "congelarlo" o remplazarlo. Es evidente, que el Presidente George Bush también era un bobo e ignorante como Trump. Pero, fue tolerado, porque era un bobo útil que obedecía sumisamente a las órdenes de la oligarquía. No era más que un coolie del sistema.

 

4. Un Calibán fuera de control

Trump, en cambio, actúa como si tuviera la libertad y autonomía de ser su amo. Es un Calibán fuera de control, como los dictadorzuelos tercermundistas históricos Saddam Husseín y Manuel Noriega, o los actuales Maduro, Kim Jong-un y Duterte, y por eso no tiene futuro. Fue obligado por China a capitular sin pena ni gloria en el asunto de Taiwan; por la justicia estadounidense en su veto migratorio (Muslim ban); por Rusia en el problema de Crimea; por los demócratas, que le aplicaron la estrategia del Tea Party en el tema del Obamacare y así, de derrota en derrota. El halo de vencedor ha desaparecido y la balanza del poder se ha inclinado en su contra. O cambia su estrategia cualitativamente, o no tendrá salvación.

 

5. Maduro y Trump: almas gemelas en la burbuja

Maduro y su régimen autocrático se encuentra en la misma situación. Al igual que Trump, se hunde cada vez más en su burbuja de delusiones y mentiras, que tiene como única salida la Solución Sandinista, que hemos descrito anteriormente. Contrariamente a lo que piensan los autócratas Maduro, Cabello, Trump et al, el tiempo no trabaja en su favor. En su universo alterno, los sensores de cambio no están calibrados, no captan las variaciones del entorno y la dialéctica de la praxis ha sido sustituida por los reflejos condicionados de Pavlov; como cuando, por ejemplo, Maduro o la canciller comentan algún acontecimiento internacional, o cuando sus "gigantes económicos" ministeriales emiten sus bizarros comentarios sobre la arruinada economía nacional.

 

6. Madurismo sin Maduro

Ni siquiera la intervención directa de la camarilla del poder estadounidense, con 34 congresistas pidiendo a la Casa Blanca actuar contra el gobierno venezolano, y la subsiguiente intervención judicial política contra el Vicepresidente Tareck el Aissami, parecen despertar alguna cabeza pensante en el tragicómico equipo político del Palacio de Miraflores. La función política de esta intervención es evidente: evitar un "Madurismo sin Maduro". Tareck el Aissami era la última carta de dirigencia del futuro que le quedaba al Madurismo. Con la inhabilitación de facto de El Aissami, el Madurismo se queda sin retaguardia. En términos militares, le cortaron el acceso al hinterland --la profundidad estratégica-- en la guerra por su sobrevivencia. La última oportunidad que tiene el Madurismo es, pactar una Solución sandinista debilitada con sus adversarios y negociar el asilo político para Maduro y demás responsables del desastre en Cuba, Rusia o China. Porque, a diferencia del inepto e ignorante magnate inmobiliaria newyorkino, quien disfrutará sus riquezas ilegitimas en paz después de su remoción del cargo, a sus homólogos venezolanos no les espera otro destino que el de Noriega o Gaddafi.

 

 

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Los indecisos, situados por las encuestas entre 25 y 35 por ciento de los electores, van a decidir el domingo 19 si habrá una segunda vuelta para escoger a quien sustituirá en la Presidencia de Ecuador desde el 24 de mayo a Rafael Correa, tras una década al frente del país. Crédito: CNE


QUITO, 16 feb 2017 (IPS) - El alto nivel de indecisos en Ecuador convierte en una incógnita si algún candidato a la Presidencia obtendrá los votos necesarios para triunfar en la primera vuelta del domingo 19, o si habrá que esperar a abril para saber si el país escoge el continuismo o la ruptura con una década marcada por Rafael Correa y su Revolución Ciudadana.


Los portavoces del favorito según todas las encuestas, Lenín Moreno, exvicepresidente (2007-2013) y candidato de la gobernante Alianza País y otras fuerzas minoritarias, sí se muestran seguros, no obstante, de obtener el triunfo durante esa jornada de elecciones generales.


La ley electoral ecuatoriana establece que para ganar la Presidencia en primera vuelta se necesita más de 50 por ciento de los votos válidos, o más de 40 por ciento con una diferencia de 10 puntos porcentuales respecto al candidato siguiente.


A Moreno se le asigna esa ventaja de 10 puntos, pero sin llegar a 40 por ciento de los votos válidos y con una tendencia de decreciente respaldo, en unos sondeos que no concuerdan en quien sería su contrincante en un eventual balotaje, el 2 de abril.


La clave estará en el alto porcentaje de electores que decidirán su voto el mismo domingo, coinciden analistas, que recuerdan que ese elemento ha llevado a equivocarse a los sondeos en el pasado. En la penúltima semana antes de los comicios, entre 25 y 35 de los electores permanecían indecisos, según las firmas encuestadoras.


Adrián Bonilla, analista político y docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), aseguró a IPS que la predicción de las encuestas para estas elecciones se vuelve poco segura por este factor.


También puede jugar un papel protagónico el denominado “voto útil”, argumentó, porque un sector de indecisos puede decantarse por Moreno como “mal menor”, aunque sean críticos del gobierno del presidente Rafael Correa, y otro puede votar por quien ocupa el segundo lugar “para asegurar la segunda vuelta”.


Si se produce este segundo escenario, Moreno requeriría una corrección estratégica y Alianza País debería tender puentes reconociendo que no es la única fuerza política interna y que requiere establecer amplias alianzas para vencer, consideró.
Correa, en el poder desde enero de 2007 y quien triunfó en tres elecciones, impulsó una Revolución Ciudadana, que incluyó una nueva Constitución, inscribiéndose en la corriente de gobiernos bolivarianos y progresistas que triunfaron en América Latina a comienzo de siglo.


La reducción de la pobreza y la desigualdad, la mejora de la educación y la sanidad y la promoción de la inclusión social, se cuentan entre sus logros, mientras una gestión “pro autoritaria” y cortapisas a la libertad de expresión se mencionan como déficits de una década que transformó el país.


Los últimos sondeos de cinco firmas diferentes otorgan a Moreno la primera intención del voto, con entre 43 y 28,5 por ciento del favor de los encuestados, mientras que cuatro de ellos conceden al banquero Guillermo Lasso, de Creando Oportunidades, el segundo lugar, con entre 21,5 y 16 por ciento.


Una encuestadora coloca a Cynthia Viteri, del derechista Partido Social Cristiano, en el segundo, mientras las demás lo sitúan en tercera posición, con entre 20,2 y 13 por ciento. Quien aparece sin opciones es el exalcalde de Quito y aspirante de Izquierda Democrática, Paco Moncayo.


La campaña electoral, en que participan ocho candidatos, estuvo marcada por la difusión de escándalos de corrupción que involucraron a altos funcionarios del gobierno y figuras vinculadas a la oposición.


La corrupción en la estatal Petroecuador, un escándalo surgido a mediados de 2016, que involucró al exministro de Hidrocarburos, Carlos Pareja, hoy prófugo de la justicia, y altos funcionarios de esa empresa, fue un golpe para la campaña de Moreno, a quien hasta noviembre se le pronosticaba un triunfo en primera vuelta.


Meses después, el surgimiento de múltiples casos contra funcionarios del gobierno y líderes opositores terminaron ubicando a la corrupción como algo inherente a la política, que es solo el tercer tema de preocupación de los votantes, con 14 por ciento de los encuestados.


Paulina Recalde, de la empresa Perfiles de Opinión, aseguró a IPS que parece haberse posicionado en gran parte de los electores que todos los políticos son corruptos, y por lo tanto el tema no es decisivo para el voto.


Las denuncias de sobornos millonarios en los contratos de la empresa brasileña Odebrecht, estalladas en enero, sin que haya hasta ahora nombres de participantes o pruebas, fortalecieron esa percepción.


Para más de 60 por ciento de los encuestados, la mayor preocupación es el desempleo y la situación económica, así que los candidatos priorizaron en sus campañas las promesas de mejorar estos temas.


Moreno, por ejemplo, ofrece alcanzar el pleno empleo en dos años, con la creación de 500.000 nuevos puestos de trabajo, mientras que Lasso promete crear un millón de empleos en el próximo cuatrienio.


Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos del 17 de enero, Ecuador tiene 5,2 por ciento de desempleados y 19,9 por ciento de subempleados, dentro de una población económicamente activa de 7.874.021 personas, en un país de 16,4 millones de habitantes.


El llamado “empleo inadecuado”, que reporta ingresos por debajo del mínimo considerado necesario, está en 53 por ciento.
Mario Unda, analista político y docente de la Universidad Central, aseguró a IPS que los indecisos son una muestra de la apatía electoral y el poco entusiasmo que despiertan los candidatos.


“Esta campaña ha sido la que menos interés ha concitado desde el regreso a la democracia en 1979”, afirmó. A su juicio, la elección se definirá “el mismo domingo” y será muy importante el “voto útil”.


El gobierno, por su parte, se ha dedicado a mostrar sus logros en infraestructura, con la construcción de nueva vialidad nacional y centrales hidroeléctricas, la disminución de la pobreza y la inclusión de amplios sectores en la actividad económica, para frenar la caída de su candidato.


Mientras, Lasso y Viteri atacan todo lo hecho la última década y Moncayo reconoce algunos logros pero critica el “autoritarismo” de Correa.


Si bien las encuestas no establecen claramente posibles porcentajes para la Asamblea Nacional, todo indica que el partido de gobierno ya no tendría mayoría como en la legislatura actual donde controla 100 de los 137 escaños.


Para la jornada electoral, están habilitadas para votar 12.816.698 personas, que elegirán presidente y vicepresidente, 137 legisladores y cinco parlamentarios andinos.


Una consulta inédita en el mundo


El domingo 19 también se votará una consulta popular que podría crear ejemplo en el mundo, sobre los paraísos fiscales propuesta por Correa.


Los electores se pronunciarán sobre la pregunta: ¿Está usted de acuerdo en que, para desempeñar una dignidad de elección popular o para ser servidor público, se establezca como prohibición tener bienes o capitales de cualquier naturaleza, en paraísos fiscales?


La interrogante plantea, asimismo, el plazo de un año para que los servidores públicos que tengan recursos en paraísos fiscales acaten el pronunciamiento popular para no ser destituidos. Varios líderes opositores, entre ellos el propio Lasso, tienen capitales en países considerados paraísos fiscales.


La mayoría de las encuestas le dan un triunfo al “Sí” con más de 50 por ciento de intención de voto.

IPS Noticias

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Tres de los asesores más cercanos al presidente y un miembro de su Gabinete han trabajado en el gigante financiero

 

Lloyd Blankfein, el presidente ejecutivo de Goldman Sachs, está muy contento. Tan contento que se ha inventado una palabra: “growthier” (en traducción libre “crecimiental”) para calificar un nuevo ciclo de prosperidad. El patrón del banco neoyorquino –uno de los más antiguos y respetados de Wall Street– lo ha dicho en un vídeo a sus inversores al hablar del “optimismo” que están generando las medias del Gobierno de Trump.

Pero Blanklein también está contento porque tiene a muchos de los suyos en Washington. La llegada de Donald Trump ha supuesto el regreso de los banqueros en puestos clave de decisión. “Government Sachs is back”, publicaba The New York Times hace unos días.

Tres de los asesores más cercanos al presidente y un miembro de su Gabinete han trabajado en la entidad neoyorquina: Steve Bannon, el polémico consejero estratégico de la Casa Blanca; Gary Cohn, numero dos de Goldman Sachs (y demócrata) que ahora dirigirá el Consejo Económico Nacional; y el recientemente confirmado secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

También hay que añadir a Dina Powell, otra socia de la firma que será una de las asesoras económicas de Trump (al parecer es muy cercana a su hija, Ivanka); y Jay Clayton, un abogado de Wall Street cuyo bufete representa a Goldman Sachs desde hace décadas, y que va a hacerse cargo de la SEC (Securities and Exchange Commission), el órgano regulador de la bolsa.

Esto no es realmente nuevo. Salvo en los ocho años de Barack Obama, donde apenas ha tenido presencia, Goldman Sachs, siempre ha jugado un papel en los gobiernos estadounidenses, en los republicanos y también en los demócratas.

Henry Paulson, el secretario del Tesoro de George W. Bush (2006 a 2009), trabajó en Goldman Sachs durante más de treinta años, hasta llegar a ser su consejero delegado. Cuando tuvo que lidiar con la crisis financiera de 2008 se trajo a Washington a toda una serie de asesores de su antigua firma para ayudarle a salvar a Wall Street. Durante esta última campaña electoral, Paulson se desmarcó del Partido Republicano y denunció a Trump en un sonado artículo publicado en el Washington Post tras dar todo su apoyo a Hillary Clinton.

Los Clinton de hecho siempre han mantenido relaciones muy estrechas con la firma neoyorquina. Hillary lo pasó mal durante las primarias demócratas cuando se supo por Wikileaks que en un discurso pronunciado en otoño de 2013 ante ejecutivos de la firma y generosamente remunerado, la candidata se mostró contraria a tomar medidas contra los abusos de Wall Street. Clinton cobró 675.000 dólares por dar tres conferencias en actos organizados por Goldman.

Los directivos del banco ha sido unos de los contribuyentes más generosos a las distintas campañas e iniciativas del matrimonio Clinton, entre ellas la fundación del expresidente. En su etapa en el Senado, ella recibió 234.000 dólares en donaciones procedentes del personal de Goldman Sachs, la mayor cantidad procedente de una sola compañía, excepto Citigroup.

Bill Clinton fue quien puso a Goldman Sachs en su Gabinete al colocar a Robert Rubin, entonces directivo de la entidad, en la cartera del Tesoro (de 1995 a 1999). Rubin fue uno de los artífices de la desregulación financiera de los 90 que años más tarde llevaría a la creación de instrumentos financieros altamente volátiles.

Esta presencia en Washington no es casualidad. Goldman Sachs, sin duda más que cualquiera de sus competidores en Wall Street, anima a sus empleados a trabajar en la Administración pública. El primero en cruzar el Potomac fue Sydney Weinberg, durante la Segunda Guerra Mundial, reclutado por Franklin D. Roosevelt para gestionar el esfuerzo bélico industrial. Desde entonces distintos directivos de la firma han ocupado diversos puestos en todas las administraciones.

El banco sabe recompensar a los suyos cuando sacrifican sus sueldos millonarios por los modestos emolumentos de un funcionario. Así se ha interpretado el generosísimo “paquete de salida” que ahora ha cobrado Gary Cohn al dejar la firma después de 26 años de buenos y leales servicios: 123 millones de dólares, en efectivo y en acciones de Goldman Sachs, para irse a trabajar a las órdenes de Donald Trump.

 

 

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La justicia de Nicaragua exige que el multipremiado poeta pague 800.000 dólares por una confusa causa de 2006 y la asociación mundial de escritores pide que "cesen los hostigamientos"

 

 La justicia de Nicaragua reanudó una demanda contra el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal por una supuesta multa de 800.000 dólares en concepto de “daños y perjuicios” por una disputa relacionada con la propiedad de unos terrenos del archipiélago de Solentiname, precisamente donde Cardenal escribió “El Evangelio en Solentiname” en 1975. El poeta ya denunció que este conflicto judicial es “una persecución política en su contra” y la asociación mundial de escritores, PEN Internacional, exhortó a las autoridades nicaragüenses a “cesar el hostigamiento”.

La causa contra el multipremiado poeta, autor de "Epigrama" y "Oración por Marilyn Monroe", se inició en 2005 por una demanda de Nubia del Socorro Arcia Mayorga, ex administradora del Hotel Mancarrón. Esta propiedad había sido una escuela construida por fondos de la cooperación alemana después de la dictadura de Anastasio Somoza, pero mucho antes del triunfo de la Revolución Sandinista había sido adquirida por Cardenal para fundar una comunidad de campesinos a quienes, además de enseñarles a leer y escribir, les enseñó pintura y artesanía.

En la década de los noventa, tras la derrota electoral del sandinismo, la Asociación para el Desarrollo de Solentiname decidió convertir las instalaciones de la escuela en un hotel, administrado por Alejandro Guevara, un campesino formado por Cardenal. Guevara murió y la asociación decidió nombrar a Arcia Mayorga, su viuda, como administradora. La mujer reclamó el hotel como herencia y en 2002 decidió demandar al poeta.

En 2008, la acusación llegó al climax y el poeta denunció en una carta pública que Ortega y su esposa, Rosario Murillo, estaban usando la querella legal para perseguirlo políticamente porque él había cortado todo vínculo con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Cardenal se enteró el viernes pasado en La Gaceta, el diario oficial, que se le exige pagar una suma de 800 mil dólares, en concepto de indemnización por daños y perjuicios por supuesto incumplimiento de contrato a Arcia Mayorga. “La persecución política es incesable, las calumnias y falsas reclamaciones económicas, por una justicia subjetiva a los intereses políticos del actual gobierno Ortega/Murillo”, escribió a las pocas horas el poeta en su cuenta de Facebook. Y agregó: “Si yo guardo silencio ante semejantes ataques políticos, ¿quién será el siguiente?”.

En un comunicado, el PEN, presidido por la novelista Gioconda Belli, expresó su más “rotunda solidaridad” con el “ícono” de América Latina.“Creemos que sus posiciones valientes, directas y críticas a la situación de Nicaragua bajo el gobierno, desde 2007, de Daniel Ortega, son las que le han causado perjuicios y persecución", sostuvo la organización.

También el escritor Sergio Ramírez, premio Internacional Carlos Fuentes y Premio Alfaguara de Novela, deploró el fallo “por un proceso que le iniciaron hace tiempo”. “El poder quiere humillarlo y dejarlo en la calle. Su casa es el único bien que posee en esta tierra y cuando lo subasten, no servirá que sepan que por esa puerta pasaron Gunter Grass, Graham Greene, García Márquez o Julio Cortázar”, expresó Ramírez.

 

 

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Millones de iraníes, según fuentes locales, salieron ayer a las calles gritando "¡Muerte a Estados Unidos!", al conmemorar el 38 aniversario de la revolución islámica, ocasión para denunciar las "amenazas" del presidente Donald Trump contra el país.

"Hay que hablar con respeto al pueblo iraní. La población hará arrepentirse a quien use lenguaje amenazante", sostuvo el presidente Hasán Rohani frente a miles de personas en la plaza Azadi de Teherán.

En otras urbes hubo manifestaciones de millones, según imágenes de la televisión pública Irib.

"Las movilizaciones demuestran la potencia del Irán islámico", subrayó Rohani. Es una protesta contra "las mentiras de los nuevos dirigentes de la Casa Blanca", aseveró.

Los manifestantes llevaban pancartas que pedían "la muerte de Estados Unidos" y algunos hombres pisaron banderas estadunidenses. También se vieron fotos de Trump, del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y de la premier británica Theresa May con el lema "Los iraníes no temen a las amenazas".

El ayatolá Alí Jamenei, guía supremo de Irán, pidió a los iraníes que "respondan" a las amenazas de Trump saliendo a la calle este viernes, aniversario de la victoria de la revolución islámica, que en 1979 derrocó al sha de Irán, aliado de Estados Unidos.

Irán y Estados Unidos no tienen nexos diplomáticos desde 1980, tras la revolución y la invasión de la embajada estadunidense por estudiantes islámicos.

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El presunto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, el pakistaní Khalid Sheikh Mohammed, escribió hace dos años una carta al entonces presidente Barack Obama en la que acusa a Estados Unidos por los ataques terroristas.


En la carta publicada ayer por el diario Miami Herald, Mohammed afirma que los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono fueron una respuesta a la política exterior de Estados Unidos. “No fuimos nosotros quienes empezamos la guerra contra ustedes el 11 de septiembre. Fueron ustedes y los dictadores en su país”, escribió Mohammed, quien se encuentra detenido en la cárcel de Guantánamo, en Cuba. Los ataques fueron una “reacción natural” contra la “política destructiva” de Estados Unidos en Cercano Oriente, según analiza.


Según el diario, el presunto terrorista escribió la carta en enero del 2015, pero llegó a manos de Obama recién al final de su mandato presidencial. Mohammed fue el número tres de la red terrorista Al Qaeda y es considerado el ideólogo de los atentados del 2001. Él mismo admitió una participación. El proceso contra Mohammed está paralizado desde hace años y se encuentra en etapa preliminar.


En la carta, asegura que no tiene ningún problema de permanecer en prisión por el resto de su vida. “Y si su Tribunal me condena a muerte, voy a ser aún más feliz de encontrarme con Alá y los profetas y volver a ver al jeque Osama bin Laden y a mis mejores amigos que ustedes han matado injustamente en todo el mundo”, señala.


El ciudadano paquistaní nacido en Kuwait, de etnia baluch, enumera una larga lista de intervenciones en ultramar de Estados Unidos, desde Irak e Irán hasta Vietnam e Hiroshima, para justificar el ataque terrorista en suelo estadounidense. Pero se centra particularmente en la causa de los palestinos, destaca el sufrimiento de los civiles y acusa a Obama de estar en deuda con intereses, principalmente con Israel y “los judíos ocupantes”. Israel obtiene 39 menciones mientras Osama bin Laden recibe una docena, incluyendo una culpabilización a Obama por la misión que cazó y mató al fundador del movimiento al Qaida para los ataques del 11 de septiembre.


Mohammed ridiculiza a Obama y escribe: “Es un abogado inteligente, bien familiarizado con los derechos humanos, que puede matar a su enemigo sin juicio y lanzar su cadáver al mar en lugar de darlo a su familia o respetarlo lo suficiente como un ser humano para enterrarlo”. “El ex jefe de operaciones de Al Qaeda escribió la carta en el contexto de la violencia en Gaza y en los territorios ocupados”, dijo David Nevin, el abogado defensor en la causa de pena de muerte de Mohammed. Él lo llamó el motivo principal para la redacción de la carta y se negó a decir si el cliente o su personal legal lo escribió. Por su parte, el abogado militar de Mohammed, Derek Poteet aseguró: “Está molesto con la política exterior de Estados Unidos y claramente percibe que Estados Unidos ha firmado un cheque en blanco con Israel”, dijo Poteet. En el primer párrafo de la carta Mohammed le dice a Obama: “Sus manos todavía están húmedas con la sangre de nuestros hermanos y hermanas y niños que murieron en Gaza”.

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El "muro Trump" –programado por Bill Clinton y construido en su tercera parte por Baby Bush ante las narices anósmicas de los panistas locuaces Fox y Calderón (https://goo.gl/n7UF65)– comporta lecturas multifactoriales, como la contención de la epidemia de heroína/fentanilo (https://goo.gl/WCp3aj), que supera el vulgar mercantilismo unidimensional del fracasado TLCAN (https://goo.gl/5QEUMA).

Steve Horn aporta su hermenéutica: “el muro de Trump en la frontera con México puede ser el caballo de Troya para incrementar las exportaciones petroleras de EU (https://goo.gl/v2haKx)”.

Trump califica la terminación del ignominioso muro transfronterizo de "grande, bello, poderoso", avalado por un tuit del premier israelí Netanyahu, quien opera el supremacismo racista del sionismo, similar al de los WASP (blancos protestantes anglosajones) del presidente 45.

Según Horn, "Trump ha citado la penetración de drogas en la frontera, el incremento de crímenes y otras preocupaciones de seguridad nacional como la razón de su construcción". El inicuo pago del "muro Trump" por México puede ser "resuelto" mediante la aplicación de un 20 por ciento de impuestos a las importaciones mexicanas: el famoso "ajuste fronterizo" del Partido Republicano, que retribuye las materias primas exportadas por EU con un "impuesto de rembolso" mientras golpea las importaciones con una tarifa de 20 por ciento. A juicio de Horn, parte de esos impuestos "podría ser generada ofreciendo incentivos al incremento de las exportaciones petroleras de EU a México".

Marc Thiessen, del ultraconservador neoliberal AEI, arguye que el "ajuste fronterizo" aliviaría el "amplio déficit comercial" de EU con México al recaudar 13 mil millones de dólares al año (https://goo.gl/XOtZu0). Así el "muro Trump" podría ser pagado en dos años.

Sin muro de por medio, en Alemania, primera potencia geoeconómica de Europa, el gobierno de Angela Merkel sufre también las consecuencias de su déficit comercial con EU por 59 mil millones de dólares, que Trump amenazó corregir (https://goo.gl/Pn1qac).

La contraparte del "ajuste fronterizo" radica en las "exportaciones de petróleo" de EU, y uno de sus proponentes es el representante texano por el Partido Republicano Kevin Brady, mandamás camaral del Comité Medios y Métodos, con poderosos vínculos con la gigante petrolera Exxon Mobil, que le ha gratificado su campaña electoral (https://goo.gl/0ysmbK).

Viene la parte fina, a juicio de Horn: “EU posee un puñado de gasoductos propuestos para atravesar la frontera de EU con México, varios propiedad del constructor TransCanada, de Keystone XL, y otro, el gasoducto Dakota Access, propiedad de Energy Transfer Partners, que enviaría el gas natural obtenido mediante fracking al sur de la frontera (https://goo.gl/lWR3CA)”.

En forma caústica, Horn había bautizado a TransCanada como "TransMéxico" cuando ganó la licitación para el gasoducto submarino a lo largo del Golfo de México (https://goo.gl/HhXAiU).

Por cierto, el premier de Canadá, Justin Trudeau –quien vendió al “México neoliberal itamita” como lo han hecho Israel y Japón hasta ahora–, cambió su gabinete con antelación a su renegociación comercial bilateral con EU, y su primera medida fue dar a Trump el acceso a los gasoductos Keystone XL/Dakota Access que había prohibido Obama.

Según US IEA, México es el mayor importador de los productos (sic) de petróleo crudo de EU en el mundo.

Horn rememora cómo la secretaria de Estado Hillary Clinton abogó por la privatización de Pemex, según filtración de Wikileaks (https://goo.gl/HK8tNA).

Según Desmog, a partir de las reformas constitucionales de diciembre del 2013, “las llaves de la industria de petróleo y gas de México están ahora abiertas a las trasnacionales (https://goo.gl/c6u9Uz)”, a lo que contribuyeron "varios funcionarios importantes de EU" que “ahora trabajan de cabilderos, consultores y analistas de think tanks”, con la fauna de entreguistas locales aglutinados en el Wilson Center/ITAM por los súbditos "mexicanos" de Condy Rice, ex secretaria de Seguridad Nacional con Baby Bush y hoy accionista de Chevron (https://goo.gl/DfhRdO).

De acuerdo con el esquema de "ajuste fronterizo", las pocas exportaciones que quedan en el entreguista “México neoliberal itamita” se verían afectadas con 20 por ciento de impuestos, mientras las exportaciones de Exxon Mobil a México gozarían de la retribución generosa de EU con rembolsos por sus exportaciones.

El déficit comercial global de EU es de 500 mil millones de dólares y el trumpismo se lo hará pagar al mundo y, en imitación al reaganomics y su polémica curva de Laffer, recortaría los impuestos a sus megatrasnacionales.

Rex Tillerson, ex mandamás de Exxon Mobil ahora a cargo de la Secretaría de Estado, apoya la política exportadora de petróleo, mientras se oponen los refinadores American Fuels and Petrochemical Manufactures y Koch Industries.

Durante su confirmación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Tillerson declaró que apoyaba “usar las exportaciones de petróleo y gas como instrumento geopolítico (¡supersic!, https://goo.gl/lIaZ35)”.

En el Comité de Finanzas del Senado el Partido Demócrata se opone al "ajuste fronterizo",mientras el megabanco Goldman Sachs juzga que “serviría como una bendición (sic) para las exportaciones petroleras, que perjudicaría a los consumidores y a los refinadores domésticos, al elevar potencialmente el precio global del petróleo en 25 por ciento (https://goo.gl/isYgLa)”.

Uno de los beneficiarios de las dos órdenes ejecutivas de Trump para aprobar los gasoductos de Dakota Access y Keystone XL es el mandamás de Continental Resources –que opera el fracking del gas esquisto en Bakken (Dakota del Norte)–, Harold Hamm, uno de los mayores donadores a la campaña del presidente 45.

Así, Dakota Access transportará el gas/petróleo esquisto del polémico fracking desde Bakken hasta las refinerías, así como al mercado global de exportación, al conectarse con el gasoducto de Energy Transfer Crude Oil Company (https://goo.gl/qC2vKa).

Según The Economist, portavoz de la agónica globalización financierista, el "ajuste fronterizo" tendrá dos consecuencias: 1) una apreciación de 25 por ciento del dólar, lo cual pondrá en peligro el valor de las deudas en dólares de los mercados emergentes, entre los que destaca el “México neoliberal itamita”, que pondrá en riesgo a sus economías, y 2) beneficiaría "irónicamente" el portafolio de 3 billones de dólares de China, que se apreciaría en su cuarta parte (https://goo.gl/DTNxoS).

En sincronía con la geopolítica del trumpismo petrolero en conjunción con Exxon Mobil, desde Rusia (la gran triunfadora) hasta el “México neoliberal itamita (el supremo perdedor)”, el Partido Republicano “se ha apresurado a abolir las reglamentaciones/regulaciones restrictivas del petróleo y gas (https://goo.gl/dQENHN)”.

Global Witness resalta “el gran regalo del Partido Republicano a la megaindustria petrolera de EU (https://goo.gl/ivvSLL)” y opina que la industria del petróleo/gas/minas es “la más corrupta del planeta (https://goo.gl/ohKHRQ)”.

El Partido Republicano, apuntalado por el trumpismo WASP, regresó a sus orígenes petroleros geopolíticos.

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Jueves, 09 Febrero 2017 07:07

La oportunidad Trump

Dos puntos de partida. Uno, los cambios de fondo nunca se procesan en períodos de calma chicha sino en medio de tempestades que ponen todo patas arriba. Es en esos momentos cuando las fuerzas antisistémicas, forjadas en largos períodos en los sótanos de las sociedades, pueden aprovechar la debilidad y la crueldad del capital para mostrar a las mayorías que hay otros caminos más allá de la subordinación al sistema.


Dos, que uno de los más importantes problemas que enfrenta hoy lucha emancipatoria es la subordinación de los movimientos antisistémicos al capital financiero y a los estados, como lo señala Nancy Fraser en el memorable artículo “Trump o el fin de neoliberalismo progresista” (Rebelion, 23 de enero de 2017).


El aturdidor cacareo de los más poderosos medios del sistema, encabezado por The New York Times y seguido dócilmente por la inmensa mayoría de los medios del mundo, tiene un objetivo muy claro: reforzar la alianza Wall Street-Sillicon Valley-Hollywood con los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y LGBTQ), como señala Fraser.Esta alianza es un cortafuegos levantado por Bill Clinton en 1992, lo que la feminista estadunidense denomina “neoliberalismo progresista”, como forma de aislar a la clase obrera –vapuleada por el capital financiero y la globalización- de los movimientos sociales. Donde hubo exitosas luchas contra el neoliberalismo, fue donde se tejieron alianzas de hecho entre ambos sectores. El Argentinazo de diciembre de 2001 fue la convergencia de “piquete y cacerola”, o sea los obreros desocupados y las clases medias empobrecidas, algo que los de arriba buscan evitar de cualquier modo.


Ese neoliberalismo progresista es el que ha gobernado buena parte de Sudamérica en la última década. Salvando las distancias, hay también entre nosotros la intención de cooptar a los nuevos movimientos, de un modo que Fraser describe de modo sencillo y potente: “Al identificar progreso con meritocracia, en lugar de igualdad, se equiparaba la emancipación con el ascenso de una pequeña elite de mujeres, minorías y gays “con talento” en la jerarquía empresarial basada en la noción de “quien gana se queda con todo” (validando la jerarquía en lugar de abolirla)”.


Estas minorías juegan el mismo papel que tuvieron las direcciones sindicales y de la socialdemocracia europea durante la primera guerra mundial, frenando las aspiraciones revolucionarias de una parte importante del proletariado. En casos extremos como en Alemania en 1919, esa socialdemocracia llegó a asesinar a dirigentes como Rosa Luxemburg, mostrando así la verdadera cara de su proyecto de sostener el sistema capitalista enfrentando a la izquierda rebelde.


Dicho de otro modo, sin el apoyo de ese sector el sistema estaría tambaleándose. Al comienzo de la globalización, conscientes de que afectaría a la clase obrera industrial, las elites del mundo tejieron una amplia alianza con los nuevos movimientos, que Fraser describe como “alianza entre emancipación y financierización”. La rabia de Wall Street y de los medios del sistema es que la victoria de Trump deja dicha alianza en estado de máxima debilidad, por eso su empeño en movilizar a los jóvenes para evitar fracturas.


Apenas dos ejemplos. El muro de Trump ya existe y fue levantado por diversas administraciones, “programado por Bill Clinton y construido en su tercera parte por Baby Bush”, según Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada, 3 de febrero de 2017). Sin embargo, presentan el muro como una novedad, ignominiosa por cierto, cuando deberían decir que Trump se propone terminar el muro que comenzaron los neoliberales republicanos y demócratas.


Lo segundo es la vergonzosa propaganda en defensa de los derechos humanos y de los musulmanes. Paul Craig Roberts critica con dureza el oportunismo de la representante de la ONG Human Rights First, quien atacó las medidas contra los musulmanes: “¿Dónde estaba Human Rights First cuando el régimen Bush/Cheney/Obama mataba, mutilaba y desplazaba a millones de musulmanes en siete países en el transcurso de cuatro presidencias?” (paulcraigroberts.org, 3 de febrero de 2017).


El doble rasero de los lobbistas de los movimientos no hace más que enlodar los derechos humanos, el feminismo, las causas antirracista y LGBTQ, mientras guarda silencio sobre criminales de guerra como Hillary Clinton, responsable directa de la invasión de Libia y de la masacre de la Primavera Árabe.


Es evidente que el gobierno de Trump será muy agresivo y violento contra los sectores populares de todo el mundo, y sus efectos ya se hacen sentir en países como México y en breve en toda la región latinoamericana. Sin embargo, no son pocos los que aseguran que se llegará al mundo nuevo a través de procesos serenos y calmos, cuando sabemos que la estabilidad es el mejor caldo de cultivo para la reproducción del sistema. Quienes necesitan la estabilidad son precisamente las elites de los movimientos, incrustadas en el poder, desde donde pretenden evitar que la opresión las afecte en un camino de salvación individualista.


Para los de abajo, la llegada del energúmeno Trump al gobierno de la mayor potencia del mundo, es síntoma de descomposición del sistema que nos afecta como los latigazos de una tormenta. Es en medio del caos sistémico como nos empeñamos en construir lo nuevo, con todos los riesgos que eso implica, pero con la voluntad intacta.

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Jueves, 09 Febrero 2017 06:45

2017 + Trump = 1984

Ahora que el double speak, la "realidad alternativa", las "falsas verdades", las "noticias falsificadas" y los "hechos debatibles" se han adueñado de la interlocución política en Estados Unidos, en las tres inverosímiles semanas que Donald Trump ha ejercido el poder, 1984, de George Orwell, puede leerse como una crónica de actualidad. En una reseña fuera de temporada de un libro aparecido casi 70 años atrás, se explica su actual relevancia por la similitud entre su personaje central, Winston Smith, quien debe aceptar que "dos y dos son cinco", porque así lo dice el Partido, y el estadunidense de hoy, que debe creer que el cociente intelectual del gabinete presidencial es "el más alto en la historia" –como si hubiese registros comparables– o que la multitud que presenció la toma de posesión fue "la más numerosa jamás reunida" –como si no hubiese fotografías–, porque así lo afirma el presidente.

El mundo de Orwell asume también otras manifestaciones, en las que lo improbable se torna verdadero. El 3 de febrero Trump señaló: “Esperamos eliminar gran parte de la [ley] Dodd-Frank, debido a que, francamente, conozco a muchas personas, amigos míos, que poseen buenos negocios y no pueden recibir crédito, simplemente no pueden obtener dinero alguno porque los bancos no les prestan, debido a las reglas y reglamentaciones de la Dodd-Frank. Reconoce sin ambages que el "capitalismo del compadrazgo" –el crony capitalism que ha alcanzado carta de naturalización en Wall Street– es lo que origina una acción ejecutiva que borra un conjunto de regulaciones establecidas tras la crisis financiera de 2008-2009 para evitar las acciones especulativas de bancos y otras instituciones financieras que provocaron esa misma crisis. “Lo último que necesitamos –declaró Mario Draghi ante el Parlamento Europeo– es debilitar la regulación [financiera]. Preocupa que se intente restablecer las condiciones prevalecientes antes de la crisis.”

Motivación similar explica la ofensiva republicana en el Congreso contra reglas en materia ambiental de las industrias petrolera y del carbón. Esta nota alude a estos dos retrocesos que, en la óptica orwelliana dominante, se presentan como avances para empresarios y trabajadores, que Trump y los republicanos dicen defender.

El asalto contra la regulación ambiental de la industria de combustibles fósiles no ha sido sorpresivo. Fue anunciado desde etapas tempranas del proceso electoral, cuando el precandidato republicano pugnaba por distinguirse dentro de una docena de aspirantes en aguda pugna por ser visto como el más reaccionario, intolerante y claridoso. Fue actualizado, tras el triunfo de Trump, por "Freedom Partners" –una ONG patrocinada por los notorios hermanos Koch– mediante una "hoja de ruta" que enumera las regulaciones, establecidas en su mayoría durante el gobierno de Obama, cuya pronta eliminación se busca por parte del Ejecutivo y del Congreso. Para que el Legislativo actúe, se ha invocado una ley (denominada congressional review act) que faculta al Congreso para derogar, por mayoría simple, reglamentaciones aprobadas en los 60 días anteriores al inicio de la Legislatura. A principios de febrero, el Legislativo eliminó una disposición que prohíbe el venteo de gas a la atmósfera desde pozos situados en tierras federales e inició los trámites para derogar otras, entre ellas la que evita la contaminación de corrientes de agua por explotaciones carboníferas.

El documento mencionado enlista otras 12 disposiciones. Siete de ellas, que tienen su origen en decisiones ejecutivas del anterior presidente, pueden ser borradas de un plumazo por Trump, como la moratoria a nuevas licencias para producción de carbón en tierras federales, el Acuerdo de París sobre cambio climático y diversas disposiciones del Plan de Energía Limpia. Las acciones orientadas a reducir y eventualmente eliminar las emisiones de metano a la atmósfera y las restricciones más estrictas a las emisiones de GEI por los motores y vehículos pesados, adoptadas antes de mediados de junio de 2016, se eliminarían con recurso a la ley arriba mencionada.

Un reportaje sobre este tema señala: “Otro reglamento que se desea derogar de inmediato fue aprobado por la Comisión de Valores y Bolsas (SEC) y establece que las empresas petroleras, de gas y mineras deben dar a conocer los pagos que efectúan a gobiernos extranjeros para obtener derechos de explotación, con la finalidad de evitar la corrupción en países de África y Latinoamérica (...) Exxon Mobil, cuyo anterior ejecutivo jefe, Rex Tillerson, es ahora secretario de Estado, fue uno de los primeros oponentes de esta norma, argumentado que fuerza a las empresas a divulgar ‘información comercialmente delicada’, colocándolas en desventaja de competencia”. (Eric Lipton, "GOP hurries to slash oil and gas rules", NYT, 4/2/2017.)

En el área financiera, el afán desregulador ha provenido de la Casa Blanca. El 3 de febrero se anunciaron, con gran fanfarria, nuevos criterios para acotar el alcance de la reglamentación financiera, mediante de una serie de nuevos "principios básicos". Según el resumen semanal de la Casa Blanca: A) la acción ejecutiva adoptada permite "reglamentar el sistema financiero en una forma que protege a los consumidores, al tiempo que fomenta el crecimiento de la economía y la creación de empleos" y B) el memorando complementario "previene consecuencias indeseables de las reglas para los fideicomisos financieros que podrían limitar las oportunidades económicas y las inversiones estadunidenses".

La lectura de la prensa financiera mundial fue un tanto diferente. Por ejemplo, el Financial Times (3/2/2017) hizo notar que las acciones para desmontar el aparato regulador en torno de la ley Dodd-Frank, "que incluye prohibiciones para que las instituciones financieras persigan en el mercado su propio beneficio [más que el de sus clientes], puede resultar en la mayor acción desregulatoria en seis años y provocó un salto inmediato en la cotización de las acciones de los bancos". Recuerda también que, como presidente del Consejo Económico Nacional, el antiguo funcionario de Goldman Sachs Gary Cohn, muy probablemente "propondrá cambios que propicien mayores utilidades para los bancos". Quizá actúe de concierto con el nuevo presidente de la SEC, Jay Clayton –quien también proviene de Wall Street– que podría proceder a "una hoguera de regulaciones". Recuerdo, para terminar, La hoguera de vanidades, el despiadado retrato que Tom Wolfe ofreció de Nueva York en los años 80, del que Donald Trump podría ser figurante destacado.

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La entidad, fundada en 1869, ha colocado a sus ejecutivos tanto en Gobiernos demócratas como republicanos

 

Desde lo alto del cuartel general de Goldman Sachs, la vida abajo parece una maqueta. Los coches, las obras o la gente adquieren dimensiones liliputienses y el bullicio se queda mudo, como si todo fuera la simulación algo deficiente de una ciudad. No hay un solo letrero, dentro o fuera, que indique que uno se halla ante la sede de ese famoso banco, en el número 200 de la calle Oeste, en el bajo Manhattan. El vestíbulo es enorme y austero y las salas de pisos más altos son pulcras y sin excesos, o quizá, sin más excesos que las imponentes vistas de la Estatua de la Libertad, del Empire State y de casi todo Nueva York.


Donde acaba la calma, empiezan las tripas de Goldman, en los pisos más bajos del edificio: seis plantas de trading (correduría bursátil) del tamaño de un campo de fútbol americano cada una de ellas, donde hileras de intermediarios de valores con triples pantallas dan las órdenes de comprar y vender, de mover dinero a un ritmo de maquila. A diferencia del resto del edificio, la vestimenta allí es algo más informal y la gente más joven (el 70% de la plantilla global del banco son millennials). El año que viene, aproximadamente el 10% de ellos, los que tengan el balance anual más pobre, tendrá que dejar la empresa. Y eso que allí está lo mejor de lo mejor, según le gusta presumir al banco: la tasa de aceptación de Goldman es del 3%, más baja que en Harvard.


Dicen que es el banco de inversión más poderoso del planeta, que paga los mejores sueldos de Wall Street y sufre la mayor tasa de divorcios, que las jornadas de trabajo exceden lo humano, que en la crisis financiera sacó petróleo mientras los demás se hundían, que no hay rincón de la Tierra a donde no lleguen sus tentáculos, que ningún Gobierno los ignora, que quien entra allí abraza un sacerdocio, que una vez se es goldmaniano, se es goldmaniano para siempre. Dicen que Goldman Sachs gobierna el mundo.


En casi todos los Gobiernos de EE UU, incluso desde antes de que comenzara el capitalismo moderno tras la II Guerra Mundial, ha habido un goldmaniano en las esferas más altas del poder público.


Donald Trump aludía a ello con frecuencia durante la campaña electoral estadounidense. Acusó a Hillary Clinton, la candidata demócrata, de haberse “vendido” al banco, del que habría cobrado jugosas cantidades como conferenciante. Aseguró también que Ted Cruz, el senador texano con el que rivalizó en las primarias republicanas, estaba bajo su control. En su último vídeo de campaña, al más puro estilo Ocupa Wall Street, señalaba a los culpables de empobrecimiento de los trabajadores y, aparte de Clinton u Obama, George Soros o el G20, destacaba a Lloyd Blankfein, el primer ejecutivo de la entidad financiera.


Poco antes de que Trump tomara posesión de la presidencia de EE UU, a mediados de enero, algunos manifestantes se apostaron ante la torre de Goldman Sachs con pancartas que rezaban “Gobierno Sachs”. El presidente, después de todo, había colocado en puesto clave de su equipo a una terna de goldmanianos.


Gary Cohn, número dos del grupo financiero, será el jefe del Consejo Económico de la Casa Blanca (previa indemnización del banco de 124 millones de dólares); Steven Mnuchin, un conocido inversor que había pasado 17 años en la casa, es el elegido como secretario del Tesoro (cargo equivalente al ministro de Economía), y el agitador derechista Steve Bannon, consejero de Trump y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, también fue un hombre del banco.


El gran poder en la sombra, el titán, el gran calamar vampírico, el guardián de Wall Street... Pocas entidades en el mundo tienen tantos sobrenombres —y casi siempre tenebrosos— como Goldman Sachs. No es el mayor banco (ocupa un discreto puesto trigésimo segundo en la clasificación por activos) y se disputa el liderazgo de la banca de inversión con JPMorgan, pero nadie aparece tanto en las campañas electorales de cualquier país o en los carteles de manifestaciones, de Madrid a Nueva York, pasando por Atenas o Londres. Es común ver a banqueros en puestos de política económica, pero Goldman es el gran símbolo de la influencia del poder financiero en la política en EE UU.


“Trump necesitaba convencer a los mercados de que no era un loco, que puede serlo, pero necesitaba convencerlos de que no, y la mejor forma de hacerlo es contratar a gente de Goldman”, opina William D. Cohan, que pasó 17 años en la banca de inversión y luego se convirtió en autor de varios libros sobre las entretelas de Wall Street, uno de ellos, dedicado a Goldman. “Creo que, hasta cierto punto, a Trump le gusta el hecho de que todos esos tipos de Goldman, que no hubiesen hecho negocios con él por el tipo de cliente que es, estén ahora en su Gabinete. Debe decir ‘ahora están besando mi anillo y reclinándose ante mí...’. Qué irónico es el giro de los acontecimientos”, añade.


El constructor neoyorquino también ha elegido a Jay Clayton, que fue abogado de Goldman, como presidente de la SEC (el ente supervisor de la Bolsa de Nueva York) y a Dina Powell, del área de inversión filantrópica, como asesora de la presidencia. Hay quien escribió en estos primeros días de 2017 que Goldman Sachs volvía a Washington. ¿Pero alguna vez se fue? Desde hace un siglo, Gobiernos tanto conservadores como demócratas han abrazado la fe de la institución fundada en 1869 por un judío alemán llamado Marcus Goldman que había llegado dos décadas antes a Estados Unidos y empezado como comerciante de ropa (Sachs es el apellido del yerno con el que se asoció).


Henry Goldman, el hijo del fundador, ya asesoró en la creación de la Reserva Federal en 1913, en la II Guerra Mundial Franklin Delano Roosevelt fichó al primer ejecutivo del banco, Sidney J. Weinberg, para su Consejo de Producción de Guerra. Weinberg, uno de los personajes más legendarios de Goldman, conocido como Mister Wall Street, colaboró también con los Gobiernos de Eisenhower y Lyndon B. Johnson. John C. Whitehead, socio y copresidente, sirvió como subsecretario de Estado en los ochenta con Reagan, y Robert Rubin, también copresidente, fue jefe del Tesoro de Clinton. George Bush (el hijo) fichó al goldmaniano Stephen Friedman para el Consejo Económico y a Henry Paulson para el Tesoro. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, también es de la casa.


Un acto de servicio


Tras muchas críticas, Blankfein, el patrón del banco, ha descrito el salto de la entidad a la política como un acto de servicio a la sociedad por parte de quienes antes han amasado una cantidad considerable de dinero en el banco. “La mayor parte se va a los 48 o 50 años, para entonces ya has ganado bastante”, dijo en una entrevista reciente en The New York Times, “y la expectativa es que te vuelques en la filantropía o en servir a la Administración”. “Es falsa la percepción de que van a Washington y nos ayudan. Lo contrario sí es cierto”, ha dicho Blankfein, preguntado por la posible connivencia.

Cuando se cruza la puerta giratoria en sentido inverso, en retorno a la sociedad, es más difícil de vislumbrar. Este verano en Europa causó estupor el fichaje de José Manuel Durão Barroso (presidente de la Comisión Europea entre 2004 y 2014, es decir, durante la burbuja y la crisis financiera y de deuda) como presidente no ejecutivo de su filial en Londres. Mario Monti y Romano Prodi también han cobrado de Goldman.


Después de la gran crisis financiera, aparecieron dos libros sobre el banco con un título muy similar, El banco: cómo Goldman Sachs dirige el mundo (2010), del belga Marc Roche, un veterano corresponsal financiero, y Dinero y poder. Cómo Goldman Sachs acabó gobernando el mundo (2011), el de William Cohan. Un poco antes, en 2009, la revista Rolling Stone lanzó un largo y famoso artículo —hoy convertido en una referencia de la época— en el que se refería a Goldman como: “Un gran calamar vampiro envuelto en la cara de la humanidad, metiendo inexorablemente su embudo de sangre en cualquier cosa que huela a dinero”.


Clima de opinión


Todo esto es una muestra del clima de opinión en torno a la entidad tras aquella debacle financiera con tintes de cine de suspense (de la que, de hecho, se han escrito varios thrillers). En los late night shows, era común oír chistes sobre Goldman. Por si no hubiese bastante, a Blankfein no se le ocurrió otra cosa que decir, en medio de una entrevista de 2009, cuando la sociedad estadounidense aún estaba abierta en canal por la crisis, que el banco estaba haciendo “el trabajo de Dios”.


Poco después, la SEC le multó con 550 millones de dólares por “distorsión grave”: creó y vendió un producto muy complejo (los luego famosos CDO) cuando empezaba a derrumbarse el sector inmobiliario sin contarle que uno de sus clientes (el inversor John Paulson) había participado en la selección y estructuración de estos y que, mientras se lo estaban vendiendo, Paulson estaba apostando a la baja contra esos valores. El bajo coste de esa multa se interpretó como una victoria. Y hace un año, llegó a un acuerdo extrajudicial para pagar 5.000 millones en reclamaciones por vender activos de deuda asegurando que estaban respaldados por hipotecas solventes cuando eran conscientes de que estaban a punto de caer en el impago.


En el imaginario popular, Goldman encarna el símbolo de los excesos; en el ideario menos profano, los méritos están algo más repartidos. La factura de Bank of America, por ejemplo, sumó 16.600 millones de dólares en un pacto similar, mientras que JPMorgan desembolsó 18.000 millones, además de otras penalizaciones por otros desmanes.


Para Cohan, Goldman es, aun así, “una institución única, el banco más respetado del planeta”, mientras que Marc Roche, en su libro, es implacable: relata su papel en la crisis, desgrana las conexiones políticas del grupo y detalla algunas operaciones que dieron la campanada, como el asesoramiento para el maquillaje de las cuentas públicas de Grecia. Ambos coinciden, con todo, en la intensa cultura de empresa que hay en la institución, también en la competitividad descarnada o el desprecio al estrellato individual. Roche habla de “monjes banqueros” dispuestos a salir disparados de la casilla de salida del tablero con la “sangre fría suficiente” como para ganar.


Seis años después de publicar el libro, Marc Roche cree que “el banco, en esencia, no ha cambiado, solo lo ha hecho en cuestiones cosméticas. Siguen siendo los mejores contratando personal, de los mejores en gestión de fortunas...”, y siguen, añade después, “teniendo esa red de influencia”.


En 2010 crearon un comité que revisara sus estándares y acordaron una batería de medidas para reforzar la transparencia de sus gestiones, el control de sus productos, los conflictos de intereses de sus agentes y directivos. Un empleado del banco, contratados después de este proceso, asegura que el escrutinio sí es, al menos hoy, exhaustivo.


Un lavado de imagen


El banco también muestra una cara más amable y ha dado algún paso para combatir su reputación de secretista: hay más información en su página web, se ha abierto a las redes sociales... El pasado abril, The New York Times publicó un largo artículo bajo el título ‘Un socio gay y latino pone a prueba la cultura tradicional de Goldman Sachs’. Se trataba de Martin Chávez, próximo director financiero, impulsor de un proyecto de software que da a los clientes más acceso a una información de negociación muy específica que antes solo estaba disponible para goldmanianos.


Un tercio de los empleados de Goldman en todo el mundo son ingenieros, y la tecnología, según la firma, es la división más importante del grupo. Han invertido en nuevas compañías como Symphony, una plataforma de mensajería instantánea, o ¬Kensho, otra base ingente de datos, ámbitos en los que hasta ahora dominan Bloomberg o Thomson Reuters.


A los bancos les gusta cada vez más presentarse como firmas tecnológicas, y detrás de este afán hay una búsqueda de eficiencia en los procesos. La regulación resultante de 2008 y los nuevos requerimientos de capital hacen más difícil el negocio a todo el sector y la intermediación ha ido a la baja. Los ingresos del banco son hoy un 25% inferiores a los de 2009, en parte por las dificultades de crecer y en parte por la venta de algunos negocios de volumen. Las decisiones de recorte de gastos en esa casa se toman con rapidez: este año, en apenas seis meses, el banco hizo ajustes por valor de 900 millones de dólares.


“En 2006, Goldman tenía 33.000 millones en capital ordinario, en 2016 tenían 76.000, más del doble. Si más que duplicas el volumen de capital que tienes que tener, para lograr el mismo nivel de retorno de ese capital, debes duplicar también los ingresos netos, lo que es obviamente casi imposible”, explica Christian Bolu, de Credit Suisse, que lleva seis años en el equipo que analiza el banco. “Pero en términos de ROE [retorno sobre fondos] está mejor que sus rivales”, añade.


Más beneficios


Los beneficios del año pasado engordaron un 22% respecto al anterior (hasta los 7.400 millones de dólares), mientras los ingresos se encogían un 9% (hasta los 30.600 millones de dólares). Y el beneficio por acción, que es lo que interesa sobre todo en Wall Street, se disparó hasta el 34%. Desde la noche electoral, las acciones han subido un 27% en Bolsa, gracias a la expectativa de una menor regulación con el Gobierno de Trump, entre otros factores.


Tras la caída de Lehman Brothers, fue obligado a constituirse como un grupo bancario para poder acceder a las rondas de liquidez de la Reserva Federal. El pasado octubre abrió una plataforma online de créditos para el consumo pequeño, un área aún muy reducida de negocio, bajo el nombre de Marcus (el nombre del fundador). El corazón del banco sigue siendo la intermediación de valores, la inversión.


Lloyd Blankfein no ha vuelto a decir que están haciendo el trabajo de Dios. Pero hace poco, en una entrevista en CNN, dejó entrever que no estaba a años luz de ello. “Me muero de miedo de que se cometan errores en mi organización”, dijo, “¿y sabe qué? El mundo quiere que yo esté muerto de miedo”, como si Goldman Sachs gobernara el mundo.


Recuadro

El trío republicano


Gary Cohn, número dos del grupo financiero, será el jefe del Consejo Económico de la Casa Blanca; Steven Mnuchin, un conocido inversor que había pasado 17 años en la casa, es el elegido como secretario del Tesoro, y el agitador derechista Steve Bannon, consejero de Trump y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, también fue un hombre del banco.

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