Miércoles, 22 Febrero 2017 09:07

Trump y Maduro en caída libre

 

1. Rebelión militar contra Trump

Cuando la policía política de Estados Unidos, el FBI, graba clandestinamente los telefonemas del Asesor de Seguridad Nacional y confidente del Presidente Donald Trump, el general Michael Flynn, para después publicarlos en la prensa imperial (Washington Post); cuando la máxima Agencia de Espionaje Mundial imperialista, la National Security Agency (NSA), deja de enviar sus análisis diarios sobre la situación de seguridad nacional a Trump, su Comandante en Jefe; cuando el general Tony Thomas, Jefe del Comando de Operaciones Especiales (Special Operations Command, ¡sic!) de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que tiene constitucionalmente prohibido meterse en política, dice en una conferencia militar, que "Nuestro gobierno sigue en un desorden increíble. Espero se arregle pronto, porque somos una nación en guerra -- "Our government continues to be in unbelievable turmoil. I hope they sort it out soon because we’re a nation at war"; cuando el Presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, John McCain, se pronuncia públicamente, diciendo que la renuncia de Flynn es una "indicación preocupante" de la "disfuncionalidad del actual aparato de seguridad nacional" y que es "imperativo" que Trump escoja un nuevo Asesor de Seguridad Nacional adecuado; cuando ese nuevo Asesor de Seguridad Nacional, el vicealmirante (ret.) Robert S. Harward, ex Navy SEAL (comando de la marina), rechaza la oferta de Trump, calificándola como un "sandwich de mierda", "a shit sándwich"; cuando el ex Director de la CIA y Secretario de Defensa, Leon Panetta, dice que nunca ha estado "tan nervioso sobre lo que pueda pasar...en la Casa Blanca", que no sabe si "es capaz de responder de una manera pensante" a una crisis, y que no se puede permitir que "el cambio se convierta en caos", entonces se entiende que el fálico Trump entra en pánico y se refugia en el útero electorero de sus delirios: la Florida. Ahí se dio un extenso baño de narcisimo con los correligionarios de sus delusiones y mentiras, para reparar el ego severamente dañado por los golpes del complejo militar-industrial-neocon.

 

2. Tigre de Papel

Contrariamente a lo que pretendía lograr Trump en la Florida, el evento no mostró fuerza, sino que reveló el estado calamitoso en que se encuentra. La magia de la campaña electoral es cosa del pasado y sus amenazas, promesas y bromas, ya no surten el efecto arrollador del 2016. Parecía un temible depredador hace tres meses. Ahora no es más que un payaso y, como dice la antigua frase china, un zhǐlǎohǔun, un tigre de papel. Ante los mazazos de la fracción más fuerte de la clase dominante --el complejo militar-industrial-de inteligencia y su brazo político, los neocons (neofascistas)-- empieza a entender que su infantil utopía de rehacer el sistema oligárquico a su medida, ya está siendo derrotado. Y en su desesperación distópica, para frenar su derrumbe, no se le ocurrió otra estratagema, que declarar que los medios, el NYT, NBCNews, ABC, CBS, CNN, son "los enemigos del pueblo estadounidense" – "the enemy of the American People!"

 

3. Rumbo al colapso

Si Trump alguna vez hubiera estudiado al más grande genio militar latinoamericano, Fidel Castro, o a Sun Tzu o von Clausewitz, hubiera entendido que la mejor guerra es la que no se hace. Pero, cuando se está obligado a hacerla, hay que concentrarse en un solo frente, no abrir campos de batalla por doquier. En las pocas semanas en la Oficina Oval, ya ha sido derrotado tantas veces de manera humillante, y sembrado tal caos interno y geoestratégico, que la power elite (elite hegemónica) se ha convencido de que es un bufón prescindible y disfuncional para el sistema. Y, que, a la primera ocasión hay que "congelarlo" o remplazarlo. Es evidente, que el Presidente George Bush también era un bobo e ignorante como Trump. Pero, fue tolerado, porque era un bobo útil que obedecía sumisamente a las órdenes de la oligarquía. No era más que un coolie del sistema.

 

4. Un Calibán fuera de control

Trump, en cambio, actúa como si tuviera la libertad y autonomía de ser su amo. Es un Calibán fuera de control, como los dictadorzuelos tercermundistas históricos Saddam Husseín y Manuel Noriega, o los actuales Maduro, Kim Jong-un y Duterte, y por eso no tiene futuro. Fue obligado por China a capitular sin pena ni gloria en el asunto de Taiwan; por la justicia estadounidense en su veto migratorio (Muslim ban); por Rusia en el problema de Crimea; por los demócratas, que le aplicaron la estrategia del Tea Party en el tema del Obamacare y así, de derrota en derrota. El halo de vencedor ha desaparecido y la balanza del poder se ha inclinado en su contra. O cambia su estrategia cualitativamente, o no tendrá salvación.

 

5. Maduro y Trump: almas gemelas en la burbuja

Maduro y su régimen autocrático se encuentra en la misma situación. Al igual que Trump, se hunde cada vez más en su burbuja de delusiones y mentiras, que tiene como única salida la Solución Sandinista, que hemos descrito anteriormente. Contrariamente a lo que piensan los autócratas Maduro, Cabello, Trump et al, el tiempo no trabaja en su favor. En su universo alterno, los sensores de cambio no están calibrados, no captan las variaciones del entorno y la dialéctica de la praxis ha sido sustituida por los reflejos condicionados de Pavlov; como cuando, por ejemplo, Maduro o la canciller comentan algún acontecimiento internacional, o cuando sus "gigantes económicos" ministeriales emiten sus bizarros comentarios sobre la arruinada economía nacional.

 

6. Madurismo sin Maduro

Ni siquiera la intervención directa de la camarilla del poder estadounidense, con 34 congresistas pidiendo a la Casa Blanca actuar contra el gobierno venezolano, y la subsiguiente intervención judicial política contra el Vicepresidente Tareck el Aissami, parecen despertar alguna cabeza pensante en el tragicómico equipo político del Palacio de Miraflores. La función política de esta intervención es evidente: evitar un "Madurismo sin Maduro". Tareck el Aissami era la última carta de dirigencia del futuro que le quedaba al Madurismo. Con la inhabilitación de facto de El Aissami, el Madurismo se queda sin retaguardia. En términos militares, le cortaron el acceso al hinterland --la profundidad estratégica-- en la guerra por su sobrevivencia. La última oportunidad que tiene el Madurismo es, pactar una Solución sandinista debilitada con sus adversarios y negociar el asilo político para Maduro y demás responsables del desastre en Cuba, Rusia o China. Porque, a diferencia del inepto e ignorante magnate inmobiliaria newyorkino, quien disfrutará sus riquezas ilegitimas en paz después de su remoción del cargo, a sus homólogos venezolanos no les espera otro destino que el de Noriega o Gaddafi.

 

 

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Miércoles, 22 Febrero 2017 08:54

Estados Unidos quiere envenenar el mundo

Existen diversos medios efectivos para controlar a grandes cantidades de población. Desde el “poder blando”, es decir a través de medios culturales e ideológicos hasta el uso de la fuerza desmedida, utilizando costosos despliegues militares. Dentro de esta escala existe una modalidad basada en el control de la producción y distribución alimentaria que ha afectado a millones de personas en el mundo. En efecto, un puñado de empresas en su mayoría de origen estadounidense, se han encargado del diseño de semillas genéticamente modificadas (o GMO por sus siglas en inglés) que tienen el propósito de limitar la producción de alimentos y acabar con la soberanía alimentaria en regiones como América Latina.

 

Para el gobierno de los Estados Unidos es una prioridad estratégica apoyar la investigación de empresas que trabajan con la transformación de los alimentos. La razón fundamental es que esto significa una intervención directa sobre la salud y la dieta de las poblaciones. En otras palabras, es un arma poderosa que silencia a millones de personas en el mundo sin necesidad de utilizar las armas. Como estrategia de superioridad global, las GMO son para las empresas norteamericanas un negocio redondo en la medida en que no sólo producen las semillas modificadas, sino que además venden los “antídotos” contra las plagas. Si un campesino compra las semillas de empresas como Monsanto está obligado a gastar también en los herbicidas e insecticidas de la misma corporación.


El objetivo de empresas como Monsanto, Dupont o Bayer es dirigir un ataque en contra de la cultura y las tradiciones de millones de campesinos. De hecho, para muchas comunidades la semilla es sinónimo de fertilidad, diversidad y multiplicación de la vida. Concepto que ha sido desechado por las denominadas semillas “terminator” que a causa de su modificación están diseñadas para que no tengan una reproducción futura. De este modo, el cambio en los alimentos ha generado la pérdida progresiva de la soberanía alimentaria, esto es, la autonomía de los pueblos para definir su propia política agraria sin tener que luchar en contra de empresas que buscan monopolizar la producción de los alimentos (http://www.nadasantosobremonsanto.com/soberania-alimentaria/).

 

Esta ha sido justamente una lucha constante en diversos países de América Latina. La llamada “ley Monsanto” que promueve los derechos de autor en la propagación de semillas con transformaciones genéticas, ha ocasionado en muchos casos la criminalización de los campesinos. La paradoja se basa en que la utilización de semillas patentadas de Monsanto por parte de agricultores que no declaren su uso, pueden ser castigadas, incluso con cárcel. ( http://www.jornada.unam.mx/2007/02/08/index.php?section=sociedad&article=047n1soc ). Esto sugiere a todas luces una estrategia de control sobre aquellos que se encargan de alimentar a millones de personas en el mundo. Los grupos económicos buscan restringir al máximo la diversidad y riqueza de los alimentos para que decidir sobre la salud de la población. Lo peor y más preocupante es que las empresas tienen a su favor la ley y la fuerza para cumplir con sus disposiciones.


Una de las grandes amenazas para los países de Latinoamérica es no poder definir su política alimentaria. Cada gobierno debe diseñar una estrategia para alimentar a su población de acuerdo a criterios de equidad y distribución. Sin embargo, con el advenimiento de empresas estadounidenses que buscan el control en la producción alimentaria, los términos de la seguridad y la soberanía han ido disminuyendo considerablemente. A Estados Unidos ya no le basta con el control fáctico sobre el territorio mediante la instalación de bases militares, sino que ahora ha buscado nuevas estrategias para generar presión económica y política a través de la regulación de procesos agroindustriales y la creación de una compleja legislación que protege a sus multinacionales.

 

El propósito de las grandes empresas de alimentos es mostrar la utilidad y beneficios que supuestamente las GMO pueden traer al mundo. Según los primeros estudios, estas semillas “mejoradas”, aumentaban la fertilidad y reducían ciertos gastos de producción. No obstante, en un estudio elaborado a largo plazo por científicos latinoamericanos se ha demostrado todo lo contrario. En primera medida, la calidad de la tierra ha disminuido dramáticamente, incluso perdiendo su uso y nutrientes. En segunda instancia, los científicos comprobaron que los productos de Monsanto y empresas similares traen daños irreversibles para la salud de las personas, evidenciándose incremento en casos de cáncer, malformaciones congénitas, daños genéticos, entre otros ( https://www.grain.org/bulletin_board/entries/5555-latin-american-scientists-reject-letter-from-nobel-prize-laureates-in-support-of-gmos ). Así pues, las aparentes ventajas de las semillas tratadas genéticamente no se comparan con los daños y perjuicios que le han causado a la salud humana y a la biodiversidad de los ecosistemas.


En un acto de soberanía, científicos del subcontinente latinoamericano enviaron una carta al comité del Premio Nobel que fue otorgado a investigadores por su avance en las semillas genéticamente modificadas, hecho que ha sido inadmisible para quienes consideran los grandes daños que estas empresas han traído a América Latina ( http://www.march-against-monsanto.com/prominent-latin-american-scientists-say-bill-gates-gmo-golden-rice-is-a-total-failure/ ). Pero las críticas no sólo han sido dirigidas por parte de científicos latinoamericanos, la Universidad de Virginia en Estados Unidos realizó un estudio en el que se comprueba que los herbicidas e insecticidas producidos por Monsanto han causado importantes daños ambientales, incluso en el crecimiento de plantaciones de maíz ( http://sustainablepulse.com/2016/09/18/largest-ever-gmo-crops-study-shows-massive-environmental-damage-in-us/#.WDl7FObhC01 ).


Pese a todas las denuncias realizadas en contra de las multinacionales, estas siguen empeñadas en continuar con “investigaciones” que favorezcan al capital privado. De hecho, Monsanto invierte millones de dólares al año en abogados para evitar un decrecimiento en las ventas. El negocio es redondo pues no sólo limitan la producción alimentaria, criminalizando a todos aquellos que intercambien semillas, sino que reducen el mercado para que sean unas pocas empresas las que se lleven todas las ganancias. De este modo, regiones tan ricas en biodiversidad como América Latina que, por poner un ejemplo cuentan con más de 4000 variedades de papa, han visto cómo sus campesinos tienen que iniciar movilizaciones para evitar que la diversidad sea llevada a la cárcel.


Por esa razón, bajo una lógica criminal empresas como Monsanto, Dupont, Cargill y Bayer se han apropiado del patrimonio intelectual e inmaterial de millones de generaciones de campesinos cuyo legado ha sido reducido a unas cuantas semillas modificadas genéticamente que generan graves enfermedades. Algunas ONG como Pesticide Action Network International (PAN) han denunciado constantemente los daños de los químicos usados por estas empresas. En un completo estudio realizado por la asociación, se demostró las consecuencias del uso del glifosato para erradicar plagas ( http://pan-international.org/wp-content/uploads/Glyphosate-monograph.pdf ). Esto demuestra que Monsanto está empeñado en continuar con la comercialización de sus productos a pesar que se han comprobado efectos desfavorables para la salud de las personas y para los ecosistemas de distintos países. Lo que estas empresas están haciendo es envenenar el mundo a cambio de cuantiosas sumas de dinero.


Por si fuera poco, en septiembre del presente año, se realizó un anuncio que estremeció al mundo. Las multinacionales Monsanto y Bayer han decidido fusionarse para crear un megaimperio en la producción y distribución de alimentos ( http://www.commondreams.org/news/2016/09/14/five-alarm-threat-our-food-supply-monsanto-bayer-merger-advances ). Con el pretexto de estar preocupados en torno a cómo se van a alimentar 3000 millones de personas para el año 2050, las corporaciones han puesto en común un capital que asciende a 66 billones de dólares. El objetivo de fondo es poner en marcha un plan para el dominio mundial que arrasará con la multiplicidad de especies animales y vegetales y que pondrá a millones de personas a consumir productos químicos, previamente diseñados en laboratorios.

 

Si Estados Unidos logra que la legislación de países latinoamericanos apruebe el uso de semillas GMO como lo ha hecho hasta ahora, se podría hablar de un control hegemónico sobre un recurso vital como la alimentación. Esta circunstancia superaría con creces otras formas de dominio dirigidas por el Pentágono, pues ello implicaría que Washington podría disponer a su antojo de la población mundial. En efecto, después de la cadena de fusiones y absorciones similares a de Monsanto/Bayer como es el caso de Dow/Dupont, el mercado de semillas ha quedado acaparado por unas tres megacorporaciones que tienen el monopolio mundial de agroquímicos y semillas transformadas ( http://www.commondreams.org/views/2016/06/03/six-questions-monsanto ). Detrás de estas empresas están los intereses del gobierno de los Estados Unidos por no perder la supremacía mundial. Los costos para ello serán, sin embargo, gigantescos pues la Casa Blanca está promoviendo el envenenamiento gradual del mundo.


Como en muchas ocasiones, América Latina se ha convertido en el laboratorio de Estados Unidos. Todas las políticas del gobierno del norte han tenido fuertes impactos en élites políticas condescendientes que han permitido el ingreso de leyes que atentan en contra de los derechos de los campesinos. Por esa razón, múltiples asociaciones como La Vía Campesina han iniciado una importante lucha para evitar que Monsanto y sus socios sigan destruyendo el medio ambiente ( https://viacampesina.org/es/ ). No obstante, como se ha mencionado con anterioridad, la lucha por parte de los campesinos no ha sido fácil, toda vez que las multinacionales tienen a su favor la ley, la autoridad y la represión. De hecho muchas de las manifestaciones han terminado con las fuerzas del orden a favor de multinacionales que poco o nada las benefician.


Además, muchos campesinos se han visto abocados por la falta de alternativas, a utilizar esta serie de productos nocivos. Así pues, las corporaciones crean un círculo vicioso de dependencia hacia sus insumos, pues una semilla Monsanto sólo puede germinar a partir de ciertos fertilizantes y controlados con determinados insecticidas. El acuerdo con Bayer sin duda tendrá que ver con la creación de nuevos productos que sólo podrán ser utilizados en el campo si se compran las semillas de la multinacional, pues de lo contrario se estaría violando las patentes y creando un peligro para el capital de estas empresas. La supuesta ventaja de los productos de Monsanto son su durabilidad en el tiempo, con lo cual, las personas pueden consumir un alimento en largos periodos, solucionando el problema de acceso a los mismos. Empero, ¿qué efectos secundarios podrían tener alimentos rociados con glifosato? De ahí que antes que la cantidad de alimentos, los gobiernos deberían preocuparse por no envenenar a las poblaciones con productos genéticamente modificados.

 

 

Publicado en Medio Ambiente

 


Por: tuto Flórez
@tuto201333

 

“De lo que no se puede hablar hay que callar”, este celebre aforismo del filósofo y matemático austriaco Ludwig Wittgenstein; tal vez tenga plena cabida dentro del contexto comunicativo y periodístico de un país como Colombia, donde pese a que se conceptúa desde la carta magna, la consagración de un estado social de derecho y como tal se concibe a un país cuya forma de organización política es democrática, pareciera inaudito entonces hablar de temas como la censura en el periodismo hoy en pleno siglo XXI.

Sin embargo y en contra de esta apariencia engañosa, vale la pena resaltar de forma enfática, que así como los medios pueden ser usados para desinformar, tergiversar y manipular, también pueden convertirse en instrumentos reales de denuncia, y de una participación activa y dinámica sobre problemas coyunturales y de interés público para un país. En el caso específico que aquí nos ocupa, el silencio pareciera la opción más viable y por lo demás la menos cuestionable, toda vez, que al tratar de temas delicados y sensitivos como lo es el narcotráfico, los cuales se asocian con las clases políticas dominantes, trae como resultado, un desasosiego e intranquilidad, tanto para quien informa, como para el establishment socio político colombiano.

Como quiera que sea el tema de la narco política, más que un anatema u objeto de debate académico, hoy por hoy se ha convertido en un tema accesorio al discurso popular, en el que recurrentemente, se vinculan nombres de figuras públicas del sector estatal, junto a empresas, grupos privados y desde luego los lugartenientes y criminales que desde diferentes zonas de Colombia, dirigen los imperios de la cocaína, el testaferrato, la corrupción y la violencia por nombrar aquí solo algunos de los males más representativos de este fenómeno que lastimosamente no quiere desligarse del núcleo de la sociedad colombiana. En este sentido, la máxima de Wittgenstein, obedece no tanto a un llamado a la prudencia, sino más bien al rigor, que se debe guardar sobre aquello que se ha de decir, más aun, cuando el tema es altamente sensible para un público en general. En Colombia el narcotráfico, se vincula con la institucionalización de las bandas criminales, a mediados de la década de los años 70 y posteriormente se habrá de afianzar con el asentamiento de los dos carteles de las drogas, más impecables y sangrientos de todos los tiempos; a saber: el cartel de Medellín y el cartel de Cali. Desde que inicia entonces, la lucha institucional por parte del estado Colombiano, contra las drogas ilícitas, inicia una actividad en el terreno político, en el que los narcotraficantes ya fuese indirectamente a través de candidatos o representantes colocados por el dinero de las drogas o directamente como en el caso del renombrado y mediatizado Pablo Escobar, tratarían de hacer un espacio “legitimo” a través de plazas y puesto de orden público y político como tal.

A este último respecto y como fenómeno resultante de los intentos por parte del narcotráfico para infiltrarse en la clase política, es que habría de surgir una nueva anomalía aún más lesiva para la sociedad colombiana, tal y como lo ha sido la denominada narco-política. Resulta entonces necesario,hablar de la infiltración contundente del narcotráfico en todos los niveles y esferas de la sociedad, tales como el entretenimiento, los propios medios de comunicación, el sector financiero, el deportivo, entre otros más; al argüir, que convirtió su actividad económica ilícita, en una actividad tan rentable y lucrativa, que se permeo la base económica legitima de los países, no solo de Colombia.

Se debe observar igualmente, que el dinero, lo que hace es manipular e influir de forma contundente, sobre las personas, y las decisiones que se toman, no solo políticas, sino también a nivel económico, militar y social. Así también, el narcotráfico, comenzó a permear, las altas esferas socio económicas, las cuales fungían como financistas de los grupos políticos dominantes, donde lo que se buscaba era unificar criterios, para disimular la activad ilícita y permitir a los grandes capos dela droga llevar a cabo sus actividades, sin que el estado interviniese de forma acertada y precisa.

Así pues, tal y como lo señala la socióloga mexicana Nora Pérez Rayón, el caso del narcotráfico que de hecho se “profesionalizo” y robusteció durante la década de los años 80, no es muy distinto de lo ocurrido en el contexto colombiano, al exponer que:

LOS LLAMADOS “CÁRTELES DE LA DROGA” mexicanos se han venido fortaleciendo desde la década de 1980; el narcotráfico constituye actualmente uno de los peligros más severos para la seguridad nacional, tanto del gobierno como del Estado y la sociedad mexicana. En nuestro país el problema de las drogas se ha expresado, sin menospreciar el creciente consumo interno, sobre todo por la capacidad de corrupción que genera la producción y el tráfico de estupefacientes y el peligro de desestabilización política que conlleva. (Pérez, 2006)


El anterior caso expuesto para México, encuentra plenas similitudes con lo acaecido para Colombia, desde mediados de los años 80, más aun cuando hoy en día, existe una documentada relación y vínculo entre los carteles de la droga mexicanos y quienes lideran actualmente el narcotráfico en Colombia. Siguiendo esta línea argumentativa, observa el investigador José Luis Cadena Montenegro, en el trabajo titulado: Geopolítica del narcotráfico, México y Colombia: la equivocación en el empleo de las fuerzas militares; el describir de forma enfática que:

El fenómeno del narcotráfico, aunque no es de los más nuevos actores, se ha convertido en uno de los más difíciles de combatir por parte del Estado. Su poder corruptor ha infiltrado y penetrado los estamentos oficiales y privados con dinero proveniente del macabro negocio, el cual deja ganancias astronómicas y contribuye a dañar la salud de millones de ciudadanos en diferentes partes del mundo, a la vez que afecta la cultura e incrementa la aparición de fenómenos colaterales relacionados con la pérdida de principios y valores ciudadanos.

En este contexto, México y Colombia tienen una larga tradición de socios en este criminal negocio y en los últimos años. La privilegiada situación geográfica de los dos países ha permitido el crecimiento del mismo, generando tensiones regionales y globales por el impacto violento de las actividades de los carteles que operan el tráfico clandestino y que utilizan el territorio como plataforma para actividades agrícolas, industriales y de servicios que complementan lo que podríamos denominar la industria más productiva en los nuevos tiempos. Una investigación convertida en exitoso libro, muestra esta vieja relación y presenta a los principales actores, entre los que destacan dos colombianos descendientes de familias pertenecientes a la clase política corrupta que, por décadas, ha estado incrustada en el poder. (Cadena, 2010)

Finalmente queda por agregar, que en países como Colombia la lucha frontal contra el narcotráfico, ha sido impulsada no solo desde el marco ejecutivo y legislativo, sino como medida de mitigación a un fenómeno que resulta tan lesivo para el conjunto de la sociedad colombiana, que se ha convertido en una tarea colectiva, la erradicación de un mal tan reprochable y que a su vez alimenta la narco política, como lo es, el de la corrupción.

Así por ejemplo, la corrupción en Colombia desde el punto de vista jurídico; se articuló con la creación del estatuto anticorrupción.

En efecto cuando hablamos de corrupción, estamos hablando entonces de un fenómeno multifactorial, ello en la medida en que se atiende a las múltiples aristas, en la cuales es posible encontrarnos frente a este fenómeno. Podemos entonces hablar; de manera sintética de corrupción política, corrupción administrativa publica, corrupción corporativa, por nombrar solo algunos de los tipos más comunes respecto a aquello que da cuenta de la corrupción en las diferentes esferas de la sociedad. Siguiendo esta línea argumental, resulta imperativo lograr una comprensión y entendimiento, en relación al fenómeno de la corrupción en Colombia, pero visto y abordado desde el marco jurídico y particularmente a partir del denominado estatuto anticorrupción, el cual se condensa bajo la ley 1474 del 2011 y cuyos ejes temáticos se centran en la elaboración, articulación y aplicación de un conjunto de normas orientadas a fortalecer los mecanismos de prevención, investigación y sanción de actos de corrupción y la efectividad del control de la gestión pública.

Pese a que por ejemplo el estatuto anticorrupción se aboca principalmente hacia la regulación de la gestión pública, no por ello deja de servir como precedente legal, de aquello que desde el ámbito legal y jurídico se puede efectuar, para luchar de forma eficaz, contra la narco política en Colombia.

Igualmente cabe mencionar aquí, que es un fenómeno que por su amplitud, alcance y características se convierte más que en un anatema, en un problema que compete por igual a todos los miembros de la sociedad colombiana, debido precisamente al nivel de infiltración que maneja el narcotráfico; velar por los intereses de la nación y del bien público, empieza, por un compromiso de parte de la sociedad misma y de sus diversos actores, para garantizar la democracia y tratar un problema, que pese a haberse insertado como mal indecible en la base del pueblo colombiano, debe ser combatido y erradicado, por medio de diferentes mecanismos y con lo ayuda de herramientas legitimas.

 

 

REFERENCIAS


Álvarez García, E. Andrés. (2007). La lucha contra la corrupción en Colombia como herramienta para un control social exacerbado. Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia. Recuperado de:http://www.corteidh.or.cr/tablas/r24506.pdf


Cadena Montenegro, José Luis. (2010). Geopolítica del narcotráfico, México y Colombia: la equivocación en el empleo de las fuerzas militares. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, 52(210), 45-58. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-19182010000300003


Pérez Rayón Elizundia, N; (2006). Iglesia católica, Estado y narcotráfico. Un desafío hacia el siglo XXI. Sociológica, 21() 139-173. Recuperado de:http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=305024679007

 

LEYES:


LEY 1474 del 2011. Recuperado de: http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=43292

http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_1474_2011.html

 

 

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Martes, 21 Febrero 2017 07:05

Trump: la disputa por el relato

 

Como candidato, Donald Trump derrotó por nocaut a los grandes medios de comunicación estadunidenses. Ahora se propone hacer lo mismo como presidente de Estados Unidos. En el centro del pleito se encuentra la definición de quién elabora la narrativa sobre el nuevo gobierno: si el magnate o la prensa.

Los ataques de Trump contra los medios han sido duros, a la cabeza y continuos. Sea a través de tuits o en conferencias con periodistas, el mandatario no da tregua. Un día dice que los medios se han convertido en gran parte del problema, parte del sistema corrupto, y otro afirma que el público ya no les cree. La prensa está fuera de control, el nivel de deshonestidad está fuera de control.

El presidente dispara indistintamente contra los medios electrónicos y los escritos. “Los medios con noticias falsas (los perdedores The New York Times, NBC, ABC, CBS, CNN) no son mi enemigo, son el enemigo del pueblo estadounidense”, escribió en un tuit. Ufano, asegura que muchos de los medios en Washington, junto con los de Nueva York y Los Ángeles en especial, no hablan para la gente, lo hacen para intereses especiales. La gente ya no les cree. Quizás yo tenga algo que ver en ello. No lo sé. Pero ya no les creen.

Al menos en este punto, Trump es consistente en sus convicciones. En 1981, acusaba: La prensa es mentirosa, está ahí para manipular a la gente y a eso se dedica.

Stephen K. Bannon, el hombre más influyente en el equipo presidencial, confirmó esta doctrina en una entrevista a The New York Times: Los medios de comunicación deberían estar avergonzados, sentirse humillados y mantener la boca cerrada. Deberían empezar a escuchar. Quiero que tome esta cita textual: los medios de comunicación son el partido de la oposición. Ellos no entienden este país. Todavía no entienden por qué Donald Trump es el presidente de Estados Unidos (https://goo.gl/mu4F2D).

Los golpes del presidente y su asesor contra los medios de comunicación llueven sobre mojado. Una encuesta de Gallup, difundida el 14 de septiembre de 2016, encontró que sólo 32 por ciento de los estadunidenses tienen mucha confianza en los medios de comunicación para reportar la noticia de manera completa, precisa y justa. Se trata del nivel más bajo en la historia de estos sondeos. Una caída de ocho puntos porcentuales con respecto al año pasado (https://goo.gl/e3ywhU).

Esta desconfianza hacia la prensa es aún mayor entre las personas de 18 a 49 años de edad. Sólo 26 por ciento se fían de la verosimilitud de lo que los medios informan.

La cobertura que muchos de estos medios han hecho sobre los gobiernos progresistas en América Latina muestra que no faltan razones para esta incredulidad. No pocos periódicos y cadenas televisivas se han comportado allí –tal como advierte Steve Bannon– como partidos de oposición alternos, y no han comprendido lo que sucede en la región. Su aparente objetividad está condicionada por su proclividad a favorecer la visión de los grupos empresariales afectados por las reformas y por los intereses estadunidenses en el área.

Claramente, existe una diferencia sustantiva en cómo la gente ve a los medios y cómo se ven ellos a sí mismos. Mientras éstos se asumen como un cuarto poder real, como un mensajero entre los que piensa y sienta la ciudadanía y el poder, los hombres y mujeres de a pie los consideran cada vez más como parte del establishment. Para muchos ciudadanos, no hay diferencias sustanciales entre los medios y la clase política.

Trump y su equipo se han apoyado en esta diferencia de percepción para imponer la narrativa sobre su gobierno. No importa si lo que el mandatario dice es falso o verdadero. Le valen gorro los valores clásicos del periodismo. Lo que le importa es que su relato sobre lo que él es y hace se imponga sin cortapisas. Y a sus seguidores les tiene sin cuidado si lo que dice es cierto o es mentira. Lo que quieren son palabras que les permitan reafirmar sus convicciones previas.

Durante su campaña electoral, el magnate se presentó como un no político e hizo de la comunicación directa, sin agentes mediáticos (pero contra ellos), el centro de su estrategia con los votantes. Tenía una reputación previa como empresario de éxito forjada en las páginas de tabloides y de shows de entretenimiento. Con una organización territorial eficaz, el uso de redes sociales y el dominio de las reglas del juego del mundo del espectáculo le dio la vuelta a la industria de la información y el entretenimiento. Hoy parece tenerla contra las cuerdas.

A pesar de que nunca lo tomaron con seriedad, los medios de comunicación fueron claves en el triunfo electoral de Trump. No porque hablaran bien de él, sino por la enorme cobertura gratuita que le brindaron. Lo hicieron por una razón muy sencilla: porque era negocio. Durante la campaña, CNN ganó 100 millones de dólares extras por informar y opinar ampliamente sobre Trump.

Según un informe de MediaQuant, en las elecciones primarias del Partido Republicano Trump contó con mil 898 millones de dólares en publicidad no pagada en distintas plataformas.

Sobre advertencia no hay engaño. Aunque el influyente Steve Bannon realmente no es leninista, se presentó en una entrevista con el historiador Ronald Radosh como un seguidor del revolucionario soviético. “Lenin –le dijo– quería destruir el Estado, y ese es también mi objetivo. Quiero que todo se venga abajo, destruir todo el sistema actual.” Obviamente, la prensa es parte de ese sistema.

A tuitazos, el beligerante Donald Trump avanza en la destrucción del viejo orden. Los grandes medios de comunicación tradicionales están en su mira. Ellos han reaccionado disparando ya sus más potentes descargas. Sin embargo, apenas parecen haberle hecho daño. Por lo pronto, el pleito sigue.

 

Twitter: @lhan55

 

 

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Lunes, 20 Febrero 2017 09:16

Samba, bikinis y borceguíes

 

El presidente de Brasil mantuvo consultas para mitigar el efecto de las inminentes confesiones de Odebrecht y de su ex socio Cunha.

 

Desde Brasilia

 

”Con mucha música, sudor y cerveza los invitamos a nuestro desfile para gritar juntos Fuera Temer”. Comenzó ayer el pre-carnaval de Río de Janeiro con la participación de más de cien grupos callejeros, los “blocos de rua”, como la banda que escribió el convite citado arriba.Una multitud bailó en Copacabana y en las avenidas del centro carioca a donde hubo que enviar carros hidrantes para contrarrestar el sol y los 34 grados del mediodía. Decenas de miles de personas, disfrazadas de Batman, Caperucita Roja o Donald Trump, siguieron el camión con altoparlantes (“trío eléctrico”) en lo alto del cual cantó Preta Gil, hija del celebrado Gilberto Gil, el ex ministro de cultura durante el gobierno de Lula que en sus últimos recitales europeos denunció el “golpe” contra Dilma Rousseff perpetrado con eficacia por una alianza dominada por banqueros, medios y jueces.

Esa coalición sediciosa, consentida por los militares (cada vez más actuantes), tenía como objetivo proscribir la candidatura de Lula en las elecciones de 2018, en las que se perfila como claro favorito según una encuesta del jueves último, cuya divulgación fue escamoteada por la prensa grande.

Desde antes del golpe el juez Sergio Moro asumió la tarea de perseguir a Lula a través de aprietes mal disimulados, como la detención ocurrida a las 7 horas del 4 de marzo de 2016, luego de que comandos policiales allanaron su departamento donde dieron vuelta el colchón matrimonial para humillación de su esposa Marisa Leticia, fallecida este mes a raíz de un ACV. Hubo una reacción popular inmediata contra la prisión y horas más tarde el ex presidente recuperó la libertad. “Si lo que querían era matar a la jararaca (cobra) les salió mal, la jararaca está viva” avisó Lula, dirigiéndose seguramente a Moro. Era la primera paliza propinada por el fundador del PT al publicitado juez de provincia.

La vía Moro para acabar con Lula parece haber sufrido otra derrota con esta nueva encuesta y cuando no son pocos los que responsabilizan al magistrado por la angustia que derivó en el fallecimiento de Marisa Leticia.

La consolidación de Lula es un mazazo sobre Temer, de quien también se burlaron este fin de semana los miembros del grupo carnavalesco Sovietico, que desfiló por el centro de San Pablo. Un columnista del Folha de San Pablo escribió, entre irónico y resignado, que “la jararaca Lula está viva y engordó” con el 30 % de apoyo que lo coloca 19 puntos delante de sus principales rivales, Marina Silva y el militar retirado Jair Bolsonaro, apologeta de los golpes de 1964 y 2016.

En la misma encuesta Temer continúa su descenso, con una aprobación del 10 %, y probable tendencia a la baja, si se confirman las delaciones premiadas de ex ejecutivos de Odebrecht que lo tocan de lleno.

Temer permaneció parte del fin de semana en Brasilia donde mantuvo consultas para mitigar el efecto de las inminentes confesiones de Odebrecht y otras, acaso más mortíferas, que podría realizar su ex socio, el ahora preso Eduardo Cunha, ambos del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).El más que oficialista semanario Epoca, del grupo Globo, ya no disimula las fisuras en las facciones que sustentan el cada vez más raquítico régimen post-democrático. “Pavor en Brasilia, el Planalto le teme a la delación de Cunha, un profundo conocedor del dinero recaudado por el PMDB” publicó la revista.

Paralelamente los canales de televisión de cable y aire del mismo multimedios Globo saturaban con la cobertura de los irreverentes bailes callejeros, chicas en bikini y, a pocos metros de ellas, soldados con sus borceguíes enterrados en la arena. Temer ordenó blindar el carnaval con el envío de 9 mil militares a Río de Janeiro ante la amenaza de una rebelión policial y las protestas sociales casi diarias.

Es en ese contexto que el jefe del Ejército, general Eduardo Villas Boas, declaró al diario Valor Económico, “Somos un país que está a la deriva” y más adelante manifestó su recelo hacia los “populistas”. Fue la segunda entrevista del jefe del Ejército en poco más de dos meses.

 

 

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Lunes, 20 Febrero 2017 06:05

Enemigo del pueblo

 

Donald Trump nos ha declarado –a todos los periodistas y medios de noticias– enemigos del pueblo.

Son palabras con antecedentes tenebrosos, desde Hitler hasta Stalin, de la boca de diversos dictadores y autócratas y demagogos en este y otros países.

Todo presidente y político se queja de los medios, es parte de la relación normal. De hecho, es preocupante cuando esa queja no está presente.

Trump, desde el arranque de su campaña, etiquetó a los medios como parte de una élite corrupta, y gozaba señalando a los periodistas, por órdenes de él casi siempre encerrados en una zona en sus actos, y provocar que sus admiradores se voltearan para denunciar a los medios. Esto llegó a tal extremo que algunos medios nacionales contrataron seguridad privada para proteger a sus corresponsales y enviados que cubrían la campaña del multimillonario.

Al llegar a la Casa Blanca no abandonó su estrategia de atacar a los principales medios, con excepción de Fox News y el sitio ultraderechista Breitbart (dirigido hasta recientemente por su asesor íntimo Steve Bannon), entre otros fieles a la causa Trump.

Pero el jueves pasado, después de su primer mes en la presidencia –en el cual provocó varias crisis diplomáticas con aliados, entre ellos México y Australia, despidió a la procuradora general en funciones, estuvo al borde de una crisis constitucional al insultar y desacreditar al Poder Judicial sobre su orden ejecutiva antimusulmana, fue obligado a despedir a su asesor de Seguridad Nacional y vio caer a uno de sus nominados al gabinete, entre otros reveses, además de acusar a sus propias agencias de inteligencia y más–, Trump llegó a decir que su gobierno funciona como una máquina bien afinada y que había logrado más que cualquier otro presidente en la historia en su primer mes. Subrayó que toda crítica o versión diferente de la que él aseguraba era fake news (noticia fabricada) promovida por los medios.

Fue poco después, el viernes por la noche, cuando envió uno de sus en promedio seis tuits por día de su cuenta personal, en el que proclamó que los medios de noticias son el enemigo del pueblo estadunidense.

Casi todo medio y algunos políticos respondieron con diversos índices de alarma, casi todos con referencias a regímenes represivos. Hasta figuras dentro del partido del presidente comentaron con el senador John McCain que así empiezan los dictadores.

La estrategia, y se ha dicho mucho aquí, es librar un ataque sin tregua no sólo contra la credibilidad de los medios, sino contra la credibilidad en sí. Es crear una realidad alternativa con hechos alternativos.

Por cierto, durante un mitin estilo campaña en Florida el sábado, Trump sorprendió a todos cuando hablaba de países que han permitido el ingreso de refugiados y después sufrido ataques terroristas, y declaró: uno mira lo que está ocurriendo en Alemania, uno ve lo que sucedió anoche en Suecia. Suecia, ¿quien los creería?, antes de seguir con la lista. Pues en Suecia nadie le creyó porque no sabían de qué estaba hablando. ¿Suecia?¿Atentado terrorista? ¿Qué ha estado fumando?, comentó Carl Bildt, ex primer ministro de ese país, por medio de un tuit. Trump explicó después que fue por un reportaje que vio en su canal favorito: Fox News.

Pero no es nada más la mentira repetida, sino que la segunda parte de la estrategia es acusar de enemigo a todo aquel que dispute esa mentira oficial, ya que es la del presidente y sus voceros. La estrategia no es nueva y se ha empleado de varias maneras; vale recordar lo de George W. Bush después del 11-S, cuando declaró que si uno no estaba con nosotros, estaba con el enemigo.

Tal vez el ejemplo más apropiado es el del senador Joseph McCarthy en los años 50, cuando declaró esencialmente que él encabezaba una guerra sagrada contra un enemigo que deseaba destruir al país (en ese entonces era el comunismo), y quien lo cuestionara o se oponía era sospechoso de ser el enemigo. Con eso logró imponer un régimen de temor en el país, destruyendo incontables vidas.

Y resulta que el ejemplo incluye relaciones directas. El operador de la cacería de brujas de McCarthy era la figura siniestra del abogado Roy Cohn, quien años después fue nada menos que un mentor del joven Trump en los 70.

Fue un reportero el que ayudó, con un abogado del ejército, a poner fin a McCarthy.

El presentador Edward J. Murrow, de CBS News, hizo primero un programa en el que reveló las ficciones de McCarthy el 9 de marzo de 1954, e invitó al senador a ofrecer una respuesta (www.youtube.com/watch?v=-YOIueFbG4g ). Después de la respuesta, Murrow comentó esto en su programa del 13 de abril: Él comprobó de nuevo que cualquiera que lo revele o que no comparta su repudio histérico de la decencia y la dignidad humanas y los derechos otorgados por la Constitución, debe ser un comunista o un simpatizante. (www.youtube.com/watch?v=8wMiPkaofjw ).

El abogado Joseph Welch fue el que emitió las palabras que finalmente marcaron el fin de McCarthy durante una de sus famosas audiencias, cuando, harto de sus acusaciones, respondió: hasta este momento, senador, no creo que hubiera medido verdaderamente su crueldad o imprudencia... Usted ha hecho suficiente. ¿No tiene algún sentido de decencia? Casi de inmediato, el poderoso senador fue anulado y murió solo y abandonado tres años después.

Vale señalar que por ahora, ante este ataque de Trump, los medios masivos, casi a la fuerza, han regresado a su misión real de reportar, cuestionar y enfrentar a la cúpula con hechos y revelar los engaños y las mentiras oficiales. El golpe más fuerte contra Trump hasta ahora, que hizo temblar a la Casa Blanca, fue producto de periodismo a la antigüita –eso que muchos han descartado en la era moderna como algo caduco por su lentitud y cuidado– de un equipo de reporteros y editores profesionales, en este caso los del Washington Post y el New York Times, investigando lo que los ocupantes del poder deseaban ocultar (relaciones con oficiales rusos) e informando a los ciudadanos de lo que estaba en lo oscurito.

A veces, los periodistas son lo que deben ser: enemigos de los enemigos reales de un pueblo.

 

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Uno de los temas que en la campaña no se tratan es el de la híper concentración en la economía ecuatoriana. La presencia hegemónica de grandes grupos económicos en casi todos los sectores de la economía del país no es abordado por ninguno de los candidatos, incluso el de Alianza PAIS o la candidatura del general Paco Moncayo, asociada a la izquierda no correísta.

Pero en medio de la campaña, se dio el lanzamiento de una investigación de maestría de Carlos Pástor, un politólogo y doctorando del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Andina Simón Bolívar. El libro, editado por Ediciones La Tierra, se llama Los Grupos Económicos en el Ecuador. Es la primera vez que se vuelve a abordar este tema entre la academia ecuatoriana, desde la publicación de Luis Fierro Carrión, Los grupos financieros en el Ecuador, en 1991, editado por el CEDEP. Han tenido que pasar 26 años de esta publicación, que ya es un clásico en el tema, para que un intelectual ecuatoriano aborde un hecho que ha marcado el recorrido de la economía nacional. El tema no es muy estudiado por los intelectuales ecuatorianos. Antes de Fierro, fue Guillermo Navarro quien en 1976 había publicado un estudio similar. Sin embargo, Pástor y Fierro citan trabajos como los de Pablo Ospina, Decio Machado, Mario Unda, Alberto Acosta, Pablo Dávalos y otros —todos de bases marxistas— en diversas revistas y publicaciones colectivas respecto al tema.

En el resumen de la investigación, Pástor cita al economista y militante histórico del socialismo ecuatoriano, José Moncada Sánchez, "la actividad económica del Ecuador depende de un contado número de grupos económicos, industriales, financieros, agroexportadores, comerciantes, que son los que dominan la economía nacional, los que en definitiva deciden qué debe exportarse, importarse, consumirse. Son los que en un plano más amplio, ejercen significativa influencia sobre la vida política del país".

Y es Luis Fierro, quien en la presentación del texto, señala que "en la última década de gobierno de Alianza Pis, si bien se ha utilizado la retórica como la del socialismo del siglo XXI y revolución ciudadana, en la práctica el proceso de fortalecimiento del capitalismo monopolista de Estado, y de los grupos financieros, se ha acelerado y fortalecido. Si bien durante los años de auge del precio internacional del petróleo, la participación del Estado en la economía aumentó, los grupos económicos también se han visto fortalecidos, con excepción de un par de grupos (Isaías, Noboa) y se han visto sujetos a expropiaciones y juicios. Pero otros han tenido un apogeo, destacándose entre ellos los grupos Wrigth (Corporación Favorita), Eljuri, NOBIS (Isabel Noboa), Hidalgo & Hidalgo y otros grupos vinculados al comercio interno y la construcción".

La participación de los grupos económicos identificados por el Servicio de Rentas Internas, SRI, aumenta del 48% del PIB en el 2013 al 57% en el 2015, "evidenciando un alto nivel de concentración y centralización del capital en el país (mayor al encontrado en los años 70 por Navarro y en los 80 por Fierro)".

En Los grupos económicos del Ecuador, Pástor hace un recuento histórico de la conformación de los grupos en el país, desde la década de los 70 hasta la fecha y hace una línea de tiempo de los principales grupos que concentran sus capitales en la economía ecuatoriana, de acuerdo a una publicación de la revista Forbes, del 2015.

En este informe, el grupo Noboa (Álvaro Noboa Pontón) sigue manteniendo su hegemonía en el país a pesar de los contenciosos tributarios con el Estado en el gobierno de Rafael Correa. Uno de estos derivó en la incautación —y pérdida para el grupo— de la hacienda bananera La Clementina, de 12.000 hectáreas. Sin embargo, el grupo mantiene 72 empresas activas, según el ranking del SRI del 2015. Pese a sus limitantes, el grupo controla el 4% del mercado mundial de banano y sus intereses van desde las ramas agroindustrial, agroalimentaria, mobiliaria y automotriz. De hecho, de acuerdo al ente estatal, en el mercado interno la empresa que más ha ganado del grupo Noboa es Truisfruit, en Guayas, dueña de la marca Bonita Banana.

Los otros seis grupos más poderosos del Ecuador, son, según la investigación, grupo Pichincha, grupo Eljuri, grupo NOBIS, grupo Wrigth (Supermaxi), grupo Czarninsky (Mi Comisariato) y el grupo Pronaca, en ese orden. Este último, por ejemplo, controla el 45% del mercado de pollos en el país, de acuerdo a la investigación de Pástor. Los datos agregados se refieren, además, a grupos económicos segmentados por sector, en los cuales ejercen el poder del mercado en las áreas de la construcción, el acero, la cerveza, las bebidas no alcohólicas, la distribución de medicamentos, el mercado de la salud, la producción de leche, la venta al detal (supermercados)...

Pástor, en sus conclusiones, cita algunos ejemplos de grupos que se han beneficiado de las políticas económicas y sociales y de la relación política con el gobierno de la revolución ciudadana. "Para el caso de La Favorita (grupo Wrigth o Supermaxi), solo en el 2015 sus inversiones en el extranjero llegaron a 15 millones de dólares, su diversificación es hoy tan grande que han incursionado en inversiones hidroeléctricas. Pronaca no se queda atrás, su principal rama económica sigue siendo la agropecuaria y ha crecido desde su fundación. Cada año sacan de 15 a 34 nuevos productos que compiten en el mercado, ahora incluso en bebidas gaseosas con la marca liki. Al mismo tiempo podemos ver que aparecen nuevos grupos, algunos son multinacionales como el caso de Holcim, que llegó en el 2004 y a partir del 2007 ha crecido considerablemente. En el 2011 llegó a ocupar el puesto número 13 en el ranking de las empresas más grandes del país. En el 2013 llegó al puesto seis y desde el 2014 hasta hoy se mantiene como la cuarta empresa de mayores utilidades en el país. Al tiempo que crece esta empresa, las tareas de construcción promovidas por el gobierno han sido muy grandes. Para entrar en lo que el gobierno llamó cambio de matriz productiva, esta empresa modernizó su planta de cemento en Guayaquil, con una inversión de 400 millones de dólares. Con esto ampliaron su capacidad a 10.700 toneladas de clínker (la principal materia prima de la que se obtiene el cemento) por día".

Cervecería Nacional, irónicamente ya no tan nacional. Fue comprada por el grupo transnacional Bavaria. En el 2002 la empresa es vendida y en el 2006 se fusiona con el grupo SABMiller. Fruto de la fusión con la trasnacional Ambev, controla el 98% del mercado nacional de la cerveza industrial.

 

¿Cómo empieza tu interés particular por los grupos económicos en el Ecuador?

 

Es una inquietud que la tuve desde el pregrado, sobre todo desde el debate de la Ley de Tierras y cómo estos grupos inclinaron la balanza en la elaboración de artículos a su favor. Un primer acercamiento es desde el tema rural. En la especialización de Cambio Climático, que estudié en la Andina con Carlos Larrea, intentamos hacer un estudio de los grupos económicos que estaban alrededor de la venta de agroquímicos en el país. Descubrimos que una sola empresa, que se llama Innovagro, controla la venta a escala nacional de todo lo que es agroquímicos: distribuye a Ecuaquímica, Agripac y otros. Y cuando revisas el directorio y sus capitales, están Dupont, Monsanto, Syngenta... Todos venden estos kits de semillas, de fertilizantes. Este libro es una articulación de todas estas inquietudes, e inicialmente parte de las publicaciones que se han hecho en el país sobre los grupos económicos. El clásico, como el de Guillermo Navarro —La concentración de capitales en el Ecuador— me apasionó, porque siempre había intentado la investigación de temas rurales, pero desde lo abstracto —cifras de la concentración de tierra, del agua— pero en lo concreto mi interés era saber los grupos económicos con nombres y apellidos. Luego de este libro aparece el clásico de Andrés Guerrero, Los oligarcas del cacao, y el de Patricia de La Torre, Patrones y conciertos o Jornaleros y grandes propietarios de Manuel Chiriboga, o El banano en el Ecuador de Carlos Larrea, y finalmente en el 91, el libro de Luis Fierro.

 


Es increíble que nos hayamos tardado 25 años en un nuevo libro sobre los grupos económicos.

 


El de Fierro es un clásico, pero antes hay tesis de doctorado sobre grupos económicos. Pero en el periodo noeliberal se terminan las publicaciones sobre los grupos. Una de las causas puede ser las limitaciones de las fuentes. Y eso pasa en este libro también, porque no tienes acceso a todos los directorios, a conocer la conformación de los capitales. Porque ya no es como en Patrones y conciertos, donde tenías el gran terrateniente y podías ir articulando sus relaciones con sus familias y los políticos. Ahora son corporaciones con capitales extensos, variados y diversificados. Esto se denomina como el burgués trípode, que tiene un pie en la agroexportación, uno en el comercio interno y un pie en la banca. Esto se reafirma con la tesis de José Moncada, quien ya decía en el 90 que hay un pequeña élite que decide qué se compra, qué se vende, qué se consume, cómo se maneja la balanza comercial y son ellos los que direccionan las políticas públicas del gobierno. Sabemos que el Estado es un aparato a su servicio, pero lo que sería importante volver a estudiar son los mecanismos de estos grupos económicos para direccionar la acción del Estado.

 

¿Qué ha pasado en estos diez años con los grupos económicos y el gobierno de Correa?


Casi todos han ganado como nunca. Ese es un consenso en la comunidad académica. Tienes que se ha dado un incremento significativo de los grupos concentrados en el mercado interno. Mientras que los agroexportadores, con la crisis de los commodities bajaron. Pero ahora tenemos un tratado con Europa, con el cual los grupos agroexportadores son los más beneficiados.

Un hecho determinante en la dinámica económica del Ecuador es su carácter oligopólico. Casi todos los sectores, si no todos, están dominados por una o dos empresas o grupos, pero ese no es un tema que se tope en la campaña electoral.
El estudio tiene un carácter académico. Pero me parecería importante conocer qué piensan los candidatos sobre la concentración de la riqueza en el Ecuador. Tienes una concentración de 0.80 en el índice de Gini en el acceso a la tierra. (El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad —todos tienen los mismos ingresos— y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad —una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno—.Ndlr). El Gini del agua es mucho peor, pero el índice de concentración de la riqueza es significativo. Luego de haber creado la Superitendencia de Control del Poder de Mercado, tienes un grupo como el de La Favorita que está más fuerte que nunca, el grupo El Rosado más fuerte igual, tenemos al grupo Eljuri que está fuertemente vinculado al gobierno, tenemos al Consorcio Nobis, igual. El ejemplo perfecto del burgués trípode es Nobis. Está en todo, en procesos industriales, agroexportación, comercio interno, construcción... Un capital muy diversificado. Me parece que esta concentración de capitales en los últimos diez años se ha incrementado. Si vemos el centro comercial que abrieron hace poco en Latacunga y hacemos un mapeo de las marcas que ahí se alojan, te puedes dar cuenta de los grupos económicos que están en esa provincia. Lo que tienes, cuando se abren todos estos centros comerciales, es que la concentración de todo el dinero, o la mayor parte, de la zona va a favorecer a estos grupos económicos en desmedro de las pequeñas tiendas, locales o mercados. Porque además ellos llegan con el paquete de lo moderno: escaleras eléctricas, infraestructura, su aparato de publicidad. Algo con lo cual es muy difícil competir.


Una de las promesas del 2006 de Alianza Pais fue precisamente la potenciación y crecimiento de la economía popular y solidaria. La visión era que estas centenas de miles de emprendimientos puedan competir adecuadamente en el mercado interno y externo.

 

Hay que ver el tema de modo integral. No podemos impulsar la economía popular y solidaria porque esta debiera tener un proceso previo para fortalecerse. Por ejemplo, el acceso a la tierra. Un campesino que tiene acceso a semilla, tierra y agua puede tener una producción mínima, la agricultura familiar. Y esta podría servir para el consumo de la familia y comercializar el excedente en el mercado. Pero el mercado ecuatoriano está hecho para favorecer a los grandes. No da cabida a la pequeña producción, porque esta no tiene acceso a bienes de capital y por tanto queda al margen del mercado, salvo pequeñas iniciativas que han logrado ingresar, pero es mínimo. Si vemos al programa estatal de provisión de alimentos, este debiera al menos destinar el 60% de sus compras a pequeños y medianos campesinos o productores.

Pero los principales proveedores de este programa son Nestle, Pronaca, los grandes grupos. En realidad la política pública está dirigida al fortalecimiento de estos mismos grupos. Si habría una voluntad política para fomentar la economía popular y solidaria debió darse, en estos años, la redistribución de tierra, el acceso a semillas. Tenemos una Ley de Tierras que fomenta la extranjerización de la tierra, el arrendamiento y la concentración. Hay una Ley de Semillas que está intentando imponer una semilla certificada para abrir la puerta a los transgénicos. Una Ley de Agua que direcciona el uso del agua a la producción del monocultivo. Todo está pensado en función del mercado externo y el paradigma que tienen es que si tienen una gran cantidad de tierra y agua pueden competir. Y eso significa también, en cuanto al monocultivo, el uso de poca mano de obra y gran cantidad de agroquímicos. Todas estas leyes empatan con tratado de libre comercio con la Unión Europea. Todo ha sido pensado para eso. El modelo de la economía popular y campesina queda al margen, y los que sí quedan articulados y posicionados para acumular mucha más riqueza son estos grupos económicos.

 

 

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Con el 72 por ciento de los votos escrutados, Moreno se imponía con el 38,6 por ciento frente al 28,9 por ciento de Guillermo Lasso.

 

 

Desde Quito

 

Con el 70 por ciento de los votos escrutados Lenín Moreno, el candidato de la oficialista Alianza PAIS, obtenía ayer al cierre de esta edición el 38,6% seguido por Guillermo Lasso de la alianza CREO-SUMA, quien llegaba al 28,9%. De continuar esta tendencia, se realizaría una segunda vuelta el 2 de abril, ya que Moreno necesita un 40% y una diferencia de al menos diez puntos con su inmediato perseguidor. Mas atrás quedaban Cynthia Viteri del Partido Social Cristiano con el 16% y Paco Moncayo del socialdemócrata Acuerdo Nacional por el Cambio con el 7%. La Corporación Participación Ciudadana realizó un conteo rápido que pronosticó un resultado final en el que Moreno obtendría el 38,8% y Lasso el 28,2%.

No bien se cerraron los comicios se publicaron las bocas de urna, que en su mayoría dieron como ganador a Moreno en primera vuelta. Desde el Hotel Quito el oficialismo estaba convencido de la victoria sin ballottage. Así lo expresó Moreno en un ambiente triunfal: “Hemos ganado la elección. Se debe ganar con humildad y también perder con dignidad. Esperamos esa reacción del candidato perdedor.

Sin embargo, la alegría tres horas después cambió de bando. Lasso desde el Centro de Convenciones de Guayaquil, con el 60% de los votos escrutados, afirmó que “hay segunda vuelta y el cambio va a ganar la elección”. Además, llamó a “todos los líderes políticos de la oposición para construir la gobernabilidad que necesita el país”.

Más tarde en esta noche de esperanzas contrapuestas volvió a hablar Moreno ante sus simpatizantes y manifestó que creía que alcanzarían los 40 puntos con los votos en el exterior y la gran diferencia en provincia de Manabí.

Desde el retorno de la democracia, en 1979, se realizaron 11 elecciones presidenciales. Solo en dos hubo un triunfo en primera vuelta. El protagonista fue el actual presidente, Rafael Correa, quien en 2009 y 2013 obtuvo el 52 y 57 por ciento, respectivamente. Además, nunca una misma fuerza política pudo ser reelecta, ni de manera inmediata, ni alterna.

“Ha habido un cambio social en Ecuador y a la vista están las cifras. Se han mejorado los salarios, se ha reducido la pobreza y la desigualdad, ha aumentado el acceso a la educación y se mejoró la calidad, al igual que en el área de salud”, sostuvo Jacobo García, sociólogo, politólogo y magíster en Estudios Latinoamericanos por el Instituto de Iberoamérica.

Del mismo modo se expresó el jubilado José Bencazar, quien votó a unas cuadras del centro histórico, afirmó que su voto fue para Moreno. “Durante 30 años trabajé en una empresa y nunca me registraron. Si no fuese por este gobierno no tendría seguro y estaría en la calle”, explicó.

En el centro histórico de la ciudad la gran presencia de turistas, vendedores y comercios abiertos contrastaba con el vacío que revelaban las grandes avenidas, como Río Amazonas o parques, como La Carolina y El Ejido, usualmente repletos los domingos.

Un punto de vista diferente al de Bencazar manifestó Luis Fernando, exportador de bananas de la acomodada zona de Cumbayá, al este de Quito: “Correa fue muy hostil para con la empresa privada. Hay muchos muchas trabas y nuevos impuestos, como el anticipo del impuesto a la renta que perjudican al sector empresarial. Es necesario un cambio de modelo y Lasso representa ese cambio”.

Gloria Rivas sufragó en uno de los bastiones de Alianza PAIS, el sector Michelena al sur de quito. Opinó que “Lasso propone un país donde no se incluya a la población. Administrar una empresa no es lo mismo que una nación”. Además, manifestó que ella y su esposo votaron por el oficialismo, pero reconocieron que notaron un clima electoral distinto a las dos elecciones presidenciales anteriores en las que Correa triunfó en primera vuelta.

Lisandro Sabanés, encargado de prensa del Observatorio Electoral de la Universidad Nacional de La Plata, aseguró: “En el sur de Quito notamos un respaldo para Alianza PAIS, pero muy diferente se presentó la situación en el norte donde percibimos un voto castigo para el oficialismo”. Sabanés, presente en todas las elecciones presidenciales recientes de América del Sur, agregó: “los comicios se desarrollaron con normalidad, no vimos ninguna irregularidad”.

Este voto contrario a PAIS se dio a pesar de cierta incertidumbre que genera el “cambio”. Una parte de los sectores opositores al gobierno no se sienten del todo representados por los candidatos de la oposición, pero sí anhelan el famoso, tal vez vacío, pero aglutinador “cambio”.

Las elecciones de ayer volvieron a presentar un voto fragmentado por regiones: por un lado la Costa, oeste del país; por otro la Sierra, en el centro; y, por último, el este, la zona de la Amazonía. El oficialismo en el último comicio de 2013 había logrado romper con ese histórico esquema e imponerse en las tres regiones. Sin embargo, en esta ocasión no logró seducir a las provincias del este y mostró dificultades en secciones de la Costa, aunque en la zona serrana volvió a mostrar superioridad.

 

 

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 La elección volvió a presentar un voto fragmentado por regiones. (Imagen: EFE)

 

 

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Debo confesar no solo mi tristeza sino también mi desazón al ver que después de una supuesta “década ganada” (ya van a hacer dos décadas desde la elección de Hugo Chávez en Venezuela que inaugurara una era anti–, si no post-neoliberal en las urnas y la esperanza de que sea así en la esfera público-estatal de la (geo)política latinoamericana), nuestros debates político-electorales no llegan más allá de lo más superficial y los lugares comunes de la “larga y triste noche neoliberal” que pareciera nos sigue encegueciendo en sus penumbras.

Si de lo que se trataba era de democratizar no solo el funcionamiento de las instituciones del Estado sino también de transformar las relaciones de poder que constituyen a la sociedad en la que vivimos, tanto por dentro como en los márgenes y más del Estado, parece que ganamos más ambivalencia e incertidumbre que otra cosa. La restauración conservadora que se nota dentro y fuera del correísmo, dentro y fuera de las fronteras nacionales, alrededor del continente. Quiero creer, no como dogma de fe sino como hipótesis científico-social, que esto es solo la punta del iceberg: ante la mediocridad de los temas planteados en la actual campaña electoral como una suerte de pantalla que esconde un Ecuador y una América Latina profunda, como su historia milenaria de creación (contra)cultural y de resistencia anti-colonial, existen diálogos y conversas que revelan otra concepción (geo)política sobre lo que somos y podemos ser como sujetos de nuestra propia historia.

La (geo)política no puede ser vista simplemente como el arte y/o la ciencia de dar o importar recetas para resolver problemas sociales (sean estas de cuño economicista-tecnocrático o relacionados a la acción colectiva sea en forma de instituciones, organizaciones o movilizaciones sociales) ni de buscar una inserción más adecuado o no-dependiente en el mercado global. Lo político surge del dichoso poder constituyente, que en sociedades como las nuestras ha sido más invocado que realmente vivido en un proceso geopolítico de largo aliento en Nuestra América digno de ser llamado revolucionario por haber transformado las lógicas detrás del sistema de clasificación capitalista y las formas de identificación que este genera, tanto a nivel local como nacional y global. Poder constituyente que no es más que la invocación del poder originario como raíz que dio lugar a los poderes constituidos; es a la vez una invitación a hacer memoria colectiva para entender de donde surgen los problemas sociales que enfrentamos y –a través de este proceso- volvernos capaces de forjar otro tipo de organizaciones e instituciones constituidas de forma que fomenten –no ofusquen- la participación protagónica y no la representación mentirosa.

En las últimas dos décadas en el Ecuador tuvimos dos asambleas constituyentes que produjeron dos constituciones (1998 y 2008) que sin duda – a pesar de la hegemonía neoliberal que marcó el cambio de siglo en el continente y el mundo- fueron el resultado y también catalizaron enriquecedores procesos de creatividad (geo)política-cultural; espacios donde convergieron las resistencias anti-neoliberales como las del movimiento indígena que, a su vez, deben ser entendidas en el contexto histórico más amplio de lo que el sociólogo peruano Aníbal Quijano ha llamado la colonialidad del poder. En otras palabras, la continuación del poder estructurante[1] de las lógicas violentas de la acumulación por desposesión que fundó el colonialismo europeo en el siglo XVI, y que continúan caracterizando a los distintos tipos de dependencia estructural que ha generado la modernidad capitalista, continúa limitando tanto la capacidad del Estado para trans-formarse en el espacio real de la participación popular y la apropiación/defensa de lo público así como el potencial transformador de las movimientos y organizaciones sociales.

El potencial transformador y anti-colonial de los conceptos que surgieron de estos procesos constituyentes, entendidos no simplemente como las asambleas oficiales sino en los procesos organizativos que comenzaron a demandar la creación de estos espacios, está claro cuando tomamos con seriedad los desafíos de la plurinacionalidad y la interculturalidad para replantear el problema de la auto-determinación de los pueblos o las formas de desarrollo endógeno (como el Sumak Kawsay o el Suma Qamaña), poder popular y comunal necesarios para forjar democracias revolucionarias. La existencia todavía latente de este potencial revolucionario está tanto en las genealogías históricas que estos conceptos nos invitan a investigar cuanto en los horizontes (geo)políticos que plantean más allá de la modernidad capitalista y el sentido común que ha generado en la gran mayoría de nosotros.

En sociedades tan desiguales como las que han resultado del (neo) colonialismo moderno, la democracia no puede ser meramente democrática sino que debe aspirar a ser revolucionaria, en el sentido descolonizador de la palabra. La democracia lo puede ser a medida en que se base en la participación protagónica no meramente de los ciudadanos (entendidos como conjunto abstracto de individuos) sino de aquellos sujetos subalternizados por la historia moderna. Por “subalterno” no me refiero a una característica esencial sino al hecho social y la condición histórica de haber sido empujadxs hacia los márgenes de la estatalidad y la “ciudadanía” excluyente que ha caracterizado al desarrollo del capitalismo moderno y el sistema de estados-nación que lo conforma. Aquellxs reducidos a posiciones estructurales subalternas en la lógica de la clasificación capitalista dominante (que produce “clases en si”[2]) guardan en su alteridad el potencial revolucionario de volverse “clases para si”[3] al constituirse en sujeto histórico capaz de transformar el orden normal de las cosas; en otras palabras de subvertir la lógica clasificatoria dominante empleando formas de identificación que subvierten el status quo a medida en que su existencia no permite la total estabilidad de sistemas (geo)políticos basados en la desigualdad extrema.

Es por eso que molesta que estos conceptos –con dignas excepciones- se evaporen tan rápido del debate de lxs políticxs que aspiran a representar a una sociedad tan diversa (en el sentido barroco [B. Echeverría] y abigarrado [R. Zavaleta Mercado] de la palabra) y tan rica en historia rebelde que fue la que dio vida a los proyectos (geo)políticos que estos conceptos sugieren. Y molesta mucho más que en este contexto aparezcan los falsos sabios y profetas que quieren con moralismos utilitaristas sugerir que los que hemos decidido protestar (sea con nuestro voto y ojalá también con otras formas y estrategias de mayor alcance) no estamos siendo ni conscientes ni útiles al “cambio” que nos prometen. Resultaría tierno –sino fuera tan perverso- que la oposición a la auto-proclamada “Revolución Ciudadana” diga que “ya viene el cambio positivo” con fuerza inesperada para que, a renglón seguido y tratando de inspirar la vergüenza católico-cristiana que muchos llevamos dentro, nos digan después que ni se nos ocurra votar nulo o blanco pues así gana más fácil el sucesor del partido de Correa, que por cierto, estaría bajando estrepitosamente en las encuestas, dicen. Suspiro. Cuando el juego democrático se reduce a enseñarnos matemáticas, ni las cuentas electorales nos terminan por salir bien.

El voto útil sería aquel que va por aquel(la) que tenga más chances de llegar a una segunda vuelta con el candidato oficialista. Los que lo dicen asumen que lo “útil” para el país es acabar con este gobierno y confunde sus utilidades con el interés general. Por otro lado el voto consciente sería aquel de un/a votante que dispone de información y ha formado su preferencia en relación a su consciencia sobre lo individualmente cree que es lo que el país necesita. Sin embargo, no admite que en este proceso a algunxs la consciencia nos llame a votar nulo o blanco. Ahí nos damos cuenta de que los que así presentan nuestras opciones solo tienen consciencia de una democracia limitada al ritual del voto como tal: hablan de libertad y, aun cuando no se refieran meramente a la libertad de defender sus intereses mezquinos, la piensan en el sentido abstracto, del que recibe una dádiva divina o responsabilidad cívica y no llaman nunca la atención a la necesidad de la organización de sujetos (geo)políticos capaces de sostener transformaciones estructurales de largo aliento antes que debates políticos sin imaginación.

Al oír que por un lado se celebran puentes, carreteras e hidroeléctricas mientras por el otro se ofrece de todo un poco aunque no se sepa bien cómo mismo, después de acabar con todos los impuestos habidos y por haber, van a financiar sus descabelladas propuestas, solo puedo pensar en el revolucionario afrocaribeño Frantz Fanon, quien, después de haber conseguido la Independencia de Angola, a partir de la lucha armada en la que este participó como combatiente y cómo psiquiatra que fue de profesión, argumentaba:

Si la construcción de un puente no ha de enriquecer la conciencia de los que trabajan allí́, vale más que no se construya el puente, que los ciudadanos sigan atravesando el río a nado o en barcazas. El puente no debe caer en paracaídas, no debe ser impuesto por un deus ex machina al panorama social, sino que debe surgir por el contrario de los músculos y del cerebro de los ciudadanos” (Los Condenados de la Tierra, 1959).

Pues solo así se hacen ciudadanos. Parece que ni los unos ni los otros han entendido ni entenderán esta básica lección sobre construir naciones democráticas que funcionen como escuelas. Escuelas donde se forjen no solo ciudadanos sino hombres y mujeres nuevas, con cuerpos y mentes descolonizadas, capaces de superar la competencia y la explotación como regla estructurante de sus relaciones sociales.

No se trata de simplemente de mejorar la vida a los ciudadanos, ni darles derecho de ciudadanía a lxs que nunca los han tenido (aunque esto haya sido históricamente importante sin duda). Ni el cemento ni ninguna otra cosa son ni pueden ser en si mismos revolucionarios, a menos que fomenten el surgimiento de la conciencia (geo)política de que no se puede esperar que otrxs nos resuelvan nuestros problemas ni mucho menos que solxs y fragmentariamente podamos hacerlo algún día. Hoy más que nunca, vótese por quien se vote, se requiere más que votos, útiles o conscientes, votos (y otras herramientas) que sean conscientizadores de la necesidad de organizarnos para ejercer poder popular a contracorriente de los que instrumentalizan a la democracia para defender sus intereses y privilegios. En otras palabras, no se puede democratizar sin descolonizar y, a la vez, no se puede descolonizar sin despatriarcalizar la (geo)política moderna. En estos tres campos interconectados no se le puede sacar el cuerpo al conflicto social y a la batalla de ideas.

Por estas razones (y otras cuantas más) votaré nulo en la papeleta presidencial (¿no es otra forma acaso de combatir el dichoso hiperpresidencialismo entendido no solo como problema institucional sino relacionado a la cultura política dominante?) y en el resto de papeletas trataré de escoger estratégicamente lxs que puedan ser aliados en la lucha cuesta arriba por despatriarcalizar y descolonizar, en otras palabras re-inventar y trans-formar lo público, para así sentarnos de nuevo en una gran asamblea que pueda constantemente (re)definir no solo qué ha sido y qué es realmente sino también lo que puede ser la democracia.

La necesaria multiplicación de espacios donde la creatividad (geo)política y (contra)cultural de la gente común pueda volver a florecer a través de la participación protagónica que teorice encarnadamente las posibilidades de concebir la democracia ya no desde los políticos realmente existentes sino desde la (geo)política cotidiana que forjan lxs que luchan y resisten a las injusticias del capitalismo global y su colonialidad heternormativa.

 

Referencias bibliográficas:

Bourdieu, Pierre (1977). Outline of a Theory of Practice. Cambridge University Press.

Wright, Eric Olin. (2015). Understanding Class. Verso.

[1] Con “poder estructurante” hago referencia a la noción de Pierre Bourdieu de “estructura estructurante estructurada” que utiliza para teorizar la noción de habitus (1977) . Si queremos cambiar estructuras sociales tenemos que entenderlas en su complejidad histórica, que implica una permanencia autoritaria/autorizante, en tanto las estructuras sociales están, por definición, estructuradas, y las posibilidades políticas que emergen del saber que las estructuras también son estructurantes, o sea requieren constantemente de (re)producir formas de actuar y pensar normalizadas, propias del sentido común imperante.

[2] La concepción marxista de “clase-en-si” refiere a un entendimiento de clase social como lugar social o posición estructural, objetivamente definida por la relación compartida de los miembros de una clase social con el modo y los medios de producción. Sin embargo puede entenderse también en relación a lo que Max Weber definió como “situación de clase” (ver Wright, 2015, p. 34).

[3] A diferencia de “clase-en-si”, la concepción marxista de “clase-para-si” implica la distinción analítica entre clase como actor socio-político y clase como lugar o posición estructural. Es importante no caer en la tentación teleológica de pensar que es un proceso natural la trans-formación de una clase-en-si en una clase-para-si, ya que esto oscurece la utilidad de analítica de esta distinción. Importancia que está en entender la relación entre clasificación e identificación como dinámicas sociales para entender la relación entre estructuras históricas y el potencial subalterno, siempre latente pero nunca inevitable, de convertirse en un actor/agente (geo)político capaz de destruir y reemplazar estructuras colonial-capitalista.

 

*Docente de la Escuela de Sociología de la Universidad Central del Ecuador

 

Publicado en Política

 

Hace un lustro las instituciones pilares de la transición en España, la monarquía, el parlamento, la justicia y los partidos políticos tradicionales fueron puestos en la piqueta. Crecían la indignación, las protestas, las mareas de la dignidad, se arrastraba desencanto e indignación. La ciudadanía, al menos parte no desdeñable, salía a las calles y gritaba: No nos representan. Lo más visible de una sociedad civil organizada y militante se aprestaba a decir no. Fue un no rotundo a los andares y maneras de enfrentar la crisis, cuyos resultados se visibilizaban en la pérdida de derechos, la privatización de la sanidad, la educación, el agua y los servicios municipales. La subida del IVA, la congelación salarial, la quita de prestaciones sociales y leyes represivas completan el escenario. Entre los efectos, aumento de pobreza, desigualdad y, por encima de todo, pérdida de legitimidad de un orden político desgastado. Los gobiernos de Rodríguez Zapatero y el primero de Rajoy aumentaron la indignación. Crecieron los desahucios mientras los bancos eran rescatados y las grandes fortunas gozaban de amnistía fiscal. Por otro lado, los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, se confabulaban para hacerlo peor. Ninguno quiso asumir sus responsabilidades en la crisis. Se limitaron a negarla o bien a señalar que no se podía hacer nada. Obedecían las órdenes de la troika.

En esta dinámica la izquierda política, representada básicamente por Izquierda Unida, sufría una quiebra y la corrupción horadaba su fuerza. Algunos de sus dirigentes convirtieron la organización en reinos de taifas y parte de su militancia abandonó por desgaste, repercutiendo en el imaginario colectivo de sus votantes. Cuanto más izquierda organizada se necesitaba, más divisiones se producían. Por último, los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, sufrían el embate del neoliberalismo. La derecha y la patronal impusieron un discurso político declarándolos trastos viejos, prescindibles, llenos de burócratas dependientes de subvenciones y nada representativos. Los escándalos los salpicaban.

En esta realidad, la nítida frontera entre derecha e izquierda se desvanecía. La mejor demostración fue el 15M. Indignación pura. Tal como vino, se fue. Nadie se puede apropiar del 15M o arrogarse su espíritu. Hubo muchos 15M. Pero abrió un espacio, los partidos hegemónicos entraron en crisis. Nació en España el grito que lo identifica: Sí se puede.

En el corto plazo la oportunidad política de condensar las emociones, articular un proyecto ilusionante y convergente se muestra viable. A finales de 2013, Izquierda Anticapitalista realiza esta lectura. Podemos es la resultante. El trabajo se acumula. Para salir a la palestra, qué mejor que las elecciones al parlamento europeo del 25 de mayo de 2014. En breve tiempo se trazan las líneas maestras. El candidato propuesto debe ser conocido en los medios de comunicación, contar con un mínimo de aceptación social, sobrepasar los límites de un candidato adscrito a su organización. Eran necesarios 300 mil votos e Izquierda Anticapitalista sólo había logrado 20 mil en las elecciones anteriores. Pablo Iglesias emerge como la persona idónea. Reúne todos los requisitos. Tan es así que la papeleta de voto, por vez primera, lleva la foto del candidato para hacerlo reconocible, dado que Podemos es una invención sin historia. El éxito de la operación supera las expectativas. No sólo se obtienen los votos para elegir a Pablo Iglesias. Otros cuatro candidatos logran escaño. La ilusión se desborda. Podemos adquiere carta de ciudadanía.

Sus dirigentes cobran notoriedad pública, comienza la vorágine organizativa. La primera Asamblea Ciudadana se celebró en octubre de 2014. Vista Alegre 1. Sí se puede. La síntesis, asaltar los cielos. Son, dirán, un método para tomar el poder y sacar al PP del gobierno. El primer triunfo: anular a Izquierda Unida y pasar a ser los únicos representantes de la izquierda. Así los ve la sociedad civil. Crecimiento exponencial, círculos, consejo ciudadano, implantación en todo el territorio. Copan los medios de comunicación. Son novedad. Al año siguiente, elecciones municipales y autonómicas. Otro salto. Alcaldes y diputados autonómicos, entras y son institución. Recomponen estrategia. Firman pactos con el PSOE, abandonan el discurso anticasta. En 2015, otro triunfo: las elecciones generales de 2015 los sitúan como tercera fuerza política. Pero la historia se tuerce. A partir de ese instante, impidiendo la investidura para presidente de gobierno de Pedro Sánchez, candidato del PSOE, pactado con Ciudadanos, para desbancar al PP. Podemos opta por decir no e ir a nuevas elecciones. El sorpasso fue la propuesta. Adelantar al PSOE por la Izquierda, su enemigo directo, ganar más votos y llegar a la Moncloa. Así, Podemos se presenta al electorado como la alternativa al PP. Los resultados le dieron la espalda. A pesar de la convergencia con Izquierda Unida, se pierden un millón de votos. La apuesta de Podemos fracasa. La caja de Pandora se abre.

Su segunda Asamblea Ciudadana, Vista Alegre 2, recién concluida, se realiza en otro escenario. Purgas internas, desafección (sólo votó un tercio de sus militantes), renuncias de dirigentes, egos enfrentados, soberbia, debates personalistas, acusaciones de manipulación, etcétera. El frágil equilibro, mantenido cuando la meta estaba cerca, se hace trizas. Los medios de comunicación se ceban y la derecha se frota las manos. Se resaltan chascarrillos. El gran debate es sustituido por la inmediatez de controlar la organización y el poder interno. No hay programa, sólo grandes trazos. El discurso llamando a la unidad y pidiendo humildad es poca cosa para una ciudadanía que se ilusionó, junto con los sectores populares y la izquierda social, con un partido político que se proclamaba el instrumento para asaltar el cielo. La esperanza depositada por millones de ciudadanos en Podemos como alternativa de izquierdas se desvanece en el aire. El PP lo sabe, el PSOE se alegra.

 

 

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